Premios y barbacoas para promover el voto en la consulta impulsada por Putin

Preocupado por la abstención, el Kremlin trata de fomentar la participación en la votación sobre los cambios en la Constitución

Una mujer pasa por un cartel sobre la reforma constitucional en San Petersburgo, el 10 de junio.
Una mujer pasa por un cartel sobre la reforma constitucional en San Petersburgo, el 10 de junio.OLGA MALTSEVA / AFP

El Kremlin quiere que el 1 de julio sea una fiesta. Preocupado por la abstención en la votación sobre la reforma constitucional, que incluye una enmienda que permitiría a Vladímir Putin perpetuarse en el poder, las autoridades rusas están poniendo en marcha toda su maquinaria para movilizar el voto y animar a la participación. Mientras la mayoría del país sale del confinamiento y las autoridades tratan de convencer a la ciudadanía de que la batalla contra el coronavirus se está ganando, un buen número de regiones está anunciando regalos, entradas a espectáculos o jugosos vales de descuento a repartir o sortear entre quienes participen en la consulta.

En Moscú, una de las regiones que más preocupa, se repartirán en los centros de votación dos millones de vales de descuento para tiendas, restaurantes y supermercados; en algunos casos de entre 1.000 y 5.000 rublos (entre 13 y 64 euros). Una forma, alegó Alexei Nemeryuk, jefe del departamento de Comercio de la capital, de apoyar a las empresas golpeadas por el duro confinamiento. En Krasnoyarsk, una región de Siberia de unos 2,8 millones de habitantes todavía en autoaislamiento, se ha puesto en marcha un sorteo de coches, móviles e incluso de un apartamento que, según los organizadores, está financiado por empresarios locales. Lo mismo que en tres regiones de los Urales: Tyumen, Sverdlovsk y el distrito autónomo de Janty-Mansi. En la isla de Sajalín (unos 670.000 habitantes), en el lejano oriente ruso, como se ha hecho en algunas elecciones, se regalarán fundas para documentos, bolígrafos, lápices USB y semillas.

Además, las autoridades federales han pedido a las regionales que creen un ambiente festivo el día de la votación — organización de ferias, barbacoas o salas de juegos para niños— para fomentar la participación. Una fórmula que ya se ha utilizado en otras votaciones.

La oposición ya ha criticado las iniciativas como una forma de “comprar los votos”. “Usan métodos artificiales para promover la votación, porque la participación es más importante que el resultado”, opina Andréi Buzin, del movimiento Golos. Según los últimos sondeos de VTsIOM, la encuestadora estatal, alrededor del 65% de los rusos se muestran dispuestos a ir a las urnas. Un porcentaje que baja en otros sondeos hasta el 41%. Al no ser un referéndum, sino una “votación” no hay observadores internacionales independientes. Tampoco hay un umbral mínimo de participación en la consulta, que además no es vinculante. Sin embargo, una participación por debajo del 65% registrado en las presidenciales de hace dos años, en las que Putin arrasó, dejaría tocado al Kremlin y restaría mucha fuerza a la gran reforma constitucional, que algunos ven como un plebiscito sobre el líder ruso.

Este viernes, en su segunda intervención pública desde que se decretó el confinamiento a finales de marzo, Putin ha apelado a los “valores centrales rusos” para votar por la reforma Constitucional. “Tenemos un código histórico común, fundamentos morales, respeto por los padres y la familia, amor por nuestra tierra”, ha dicho Putin una ceremonia en Moscú para conmemorar el Día de Rusia. El mandatario ha dicho que está convencido de que “la mayoría absoluta” de los rusos apoyan esa postura. En esta consulta varias regiones han habilitado voto por Internet o una forma de recoger la papeleta en casa. Además, las urnas estarán abiertas desde una semana antes.

Mientras, la oposición ya de por sí muy desunida y fragmentada, tampoco en esto se ha puesto de acuerdo. Aunque la mayoría, como Yabloko o Parnas, llaman a la abstención. También Alexéi Navalni —una de las voces más sonoras en Occidente—, que no reconoce como legítima la votación.

“El presidente quiere delegar la responsabilidad por estas enmiendas en los ciudadanos. No les importa cómo votarán, por eso permiten la votación previa, en la calle, en casa, a distancia. Necesitan crear una ilusión del debate y de la votación”, dice por teléfono Nikolái Rybakov, líder de Yabloko. “Pero el propio procedimiento es ilegal. No lo reconocemos. Participar en este proceso sería reconocerlo. Participamos en las elecciones porque las reconocemos como un proceso legal, aunque haya infracciones y fraude. Lo que pasa ahora viola la constitución y no se puede participar en ello”, añade.

Andrei Pivovárov, coordinador de la organización Rusia Abierta, se opone a la reforma constitucional pero no está de acuerdo con la abstención. “Es importante mostrar cuánta gente está en contra”, señala Pivovárov. “Muchos están descontentos con la gestión de Putin, incluso personas que votaron por él, y es importante que cuando vayan a las urnas el 1 de julio sepan que no están solos”, comenta el responsable de Rusia Abierta, que también es coordinador de la ‘campaña del no’, que se mueve fundamentalmente en Internet y que, entre otras cosas, pide que quien vaya a votar lo haga con un ‘no’ escrito en su mascarilla. Ir protegido con guantes y mascarilla será obligatorio para acceder a los recintos electorales.

Con los actos multitudinarios prohibidos por el coronavirus --entre ellos, las protestas-- la oposición se encuentra con otro impedimento: que al no ser un referéndum no se puede hacer campaña por el ’sí' o por el ‘no’ —pese a que se respalda o se rechaza la totalidad de las enmiendas— sino solo para informar. Aun así, hasta que se denunció hace unos días, las autoridades estaban haciendo campaña abiertamente por el ‘sí’.

Los gobernantes están centrando sus campañas informativas en enmiendas sociales, como la que estipula que el salario mínimo no puede ser inferior al establecido como mínimo vital, en “conservar la cultura y la lengua rusa”, o la que habla del patriotismo. Campañas sin mención a un punto nuclear: el que permitirá a Putin volver a presentarse a las elecciones en 2024 —cuando termina su segundo mandato consecutivo— y con el que podría perpetuarse en el poder; una enmienda que pone su contador presidencial a cero para sortear la norma de que solo se puede estar dos periodos seguidos en la presidencia. Putin suma ya dos décadas en el poder entre sus cuatro periodos presidenciales y uno como primer ministro entre medias, para poder sortear en ese momento el veto.

Mientras, otros medios de la órbita del Kremlin están tratando de movilizar al electorado más conservador con campañas como la que pone el acento en el veto a las uniones entre personas del mismo sexo, que precisará la Constitución. Un anuncio homófobo producido y financiado por medios vinculado a Yevgeni Prigozin, un empresario conocido como el chef de Putin por su cercanía al presidente ruso y señalado también en las investigaciones como el responsable de las fábricas de trolls que interfirieron en la campaña de las elecciones presidenciales de EE UU en 2016, ha causado indignación. La publicidad, que no se emite por televisión, se volvió viral pero consiguió un efecto contrario, provocando miles de memes y vídeos críticos y en defensa de los derechos LGTBI+.

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