Argelia

Buteflika, en Argelia y a salvo de la justicia un año después

El expresidente vive junto a su hermana, rodeado de médicos, a salvo de la justicia y la pandemia, en el primer aniversario de su dimisión forzada

El expresidente argelino, Abdelazis Bouteflika, durante su mandato, en abril de 2014.
El expresidente argelino, Abdelazis Bouteflika, durante su mandato, en abril de 2014.

Abdelaziz Buteflika, el expresidente argelino de 83 años, permanece recluido en su residencia de Zéralda, en el oeste de Argel, donde se instaló en 2013 tras sufrir un infarto cerebral. Este mes se cumple un año desde que la cúpula del Ejército lo obligase a dimitir mediante una carta en la que pidió perdón a su pueblo. Farid Alliat, corresponsal en Argelia del semanario Jeune Afrique, quien ha publicado este año la biografía Bouteflika, l’histoire secrète, cuenta que desde el 2 de abril de 2019, cuando la calle empujó al Ejército a deshacerse del presidente, Buteflika continúa “clavado en su silla de ruedas, aquejado de una afasia casi total”.

“No ha dejado esta residencia, que dispone de un equipamiento médico moderno”, añade Alliat. “Vive con su hermana Zhor, que le sirve de intendente desde hace 20 años. Dispone también de un equipo de médicos especializados que lo vigila 24 horas al día. Recibe muy pocas visitas, al margen de su hermano Nacer. Sin embargo, está al corriente de todo lo que pasa en el país”.

Y lo que pasa en el país es que Said Buteflika, su hermano pequeño, el más influyente, del que se decía que era el presidente en la sombra, ingresó en la cárcel un mes después de su dimisión y ha sido condenado a 15 años de cárcel por “atentar contra la autoridad del Ejército” y por “tramar un complot contra la autoridad del Estado”.

Una suerte similar han corrido los principales colaboradores de Buteflika, quien gobernó de forma ininterrumpida durante 20 años desde 1999. Empresarios como los hermanos Kuninef, que financiaron varias de sus campañas electorales, políticos como dos de sus primeros ministros Ahmed Ouyahia, de 67 años, y Abdelmalek Sellal, de 71, fueron condenados por corrupción a penas de 15 y 12 años. Sin embargo, Buteflika no ha sido llamado por los tribunales ni siquiera como testigo, a pesar de que los dos antiguos primeros ministros han reclamado su comparecencia.

El biógrafo Farid Alliat señala: “Yo no sé si el poder actual está en disposición de dar curso a la demanda popular para que sea juzgado Buteflika. Además, su juicio dependería de su estado de salud. Por lo que yo sé, él sufre todavía una afasia casi irreversible. Es decir, no podría responder a las preguntas de un juez. Pero su comparecencia tendría un gran valor simbólico”.

Por su parte, el escritor y periodista Lazhari Labter, militante del Hirak —el movimiento ciudadano de protestas que impulsó la dimisión de Buteflika y sigue reclamando una regeneración del sistema—, señala desde Argel: “Juzgar a Buteflika sería juzgar el sistema político desde la independencia del país y, sobre todo, sus veinte años de reinado. Por tanto, sería juzgar a todos los dirigentes y responsables que han sido cómplices conscientes o han estado en desacuerdo con él pero se callaron por miedo o cobardía. Además, en la cultura musulmana, basada en el perdón, la compasión y el respeto a los muertos no se juzga un muerto-viviente. Pero dicho esto, ciertas voces reclaman a justo título un juicio simbólico”.

Además del encarcelamiento de muchos miembros del clan Buteflika, en el país han acontecido muchas cosas en un año. El hombre que obligó a dimitir a Buteflika, el entonces jefe del Estado Mayor, el general Ahmed Gaid Salah, falleció en diciembre a causa de un paro cardíaco a sus 79 años. Le sucedió como jefe interino del Ejército el general Said Chengriha, de 75 años. Chengriha ha optado por un perfil más discreto que el de Gaid Salah. Le cede el protagonismo al sucesor de Buteflika, el presidente Abdelmayid Tebún, quien salió elegido en diciembre en unas elecciones presidenciales muy cuestionadas, y con las tasa más alta de abstención en la historia del país.

“Para mí”, explica Farid Alliat, “el principal cambio en este año es que el régimen de Buteflika ha sido desmantelado. La revolución del 22 de febrero que logró echar a Buteflika ha terminado también con el régimen de las presidencias para toda la vida”.

Lazhari Labter opina que las transformaciones del país han sido profundas, tanto en las personas como en las instituciones. “La Argelia que ha probado la libertad ya no volverá atrás. En cuanto al poder, han hecho algunas concesiones al Hirak con el único objetivo de salvar al sistema”.

El presidente Tebún elogió en sus primeros discursos al Hirak, pero el encarcelamiento de destacados miembros del movimiento continuó. Y las protestas también continuaron hasta que los propios activistas decidieron suspenderlas a causa de la pandemia del conoravirus. Tebún decretó el 1 de abril una gracia presidencial que afecta a 5.000 presos para combatir el virus en las cárceles. Pero entre los indultados no se encuentran dos de las principales figuras del Hirak: el activista Karim Tabú y el periodista Khaled Drareni.

“La gran asignatura pendiente del Hirak”, concluye Lazhari Labter, “es la ruptura radical con el sistema. Eso volverá a ponerse sobre el tapete cuando termine la situación sanitaria impuesta por la pandemia”.

Argelia se situaba este viernes como el país de África con mayor número de muertos a causa de la pandemia. Sus 402 fallecidos superaban a los 287 de Egipto y a los 155 de Marruecos. De momento, Buteflika, parece tan a salvo del coronavirus como de los jueces.

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