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La India, la mayor democracia del mundo, lidera los cortes en Internet

El 67% de las suspensiones suceden en el país asiático según un informe de Access Now, que no incluye en la lista a China o Corea del Norte por falta de datos fiables

Estudiantes de Cachemira intentan acceder a Internet el 26 de noviembre en Srinagar.
Estudiantes de Cachemira intentan acceder a Internet el 26 de noviembre en Srinagar. AFP

En una decisión sin precedentes, el Gobierno de la India cortó el pasado jueves toda comunicación móvil, incluidos mensajes, llamadas e Internet, en diversas áreas de Nueva Delhi y otras ciudades del país con el objetivo de contrarrestar las multitudinarias protestas callejeras contra la polémica ley de ciudadanía. Aunque es la primera vez que ocurre en la capital, esta medida, comúnmente usada por regímenes autoritarios para cercenar el acceso a la información en redes, no es inusual en la India. La democracia más poblada del planeta pasa por ser el país que más cortes de Internet registra, con elevados costes para su economía y servicios.

Según el grupo de defensa de Internet Access Now, el 67% de las suspensiones de Internet en el mundo ocurren en la India. Desde 2012, el país asiático ha interrumpido 373 veces el acceso a la Red, según los datos del Centro para el Derecho y la Libertad de Software (SLFC), que supervisa esta actividad desde Nueva Delhi. Aunque regímenes autoritarios con mayores restricciones en el uso de Internet, como China o Corea del Norte, no destacan en la lista global por falta de datos fiables y transparencia, la cantidad y continuidad de los cortes en la India superan con preocupante margen el de sus seguidores: 19 cortes en Pakistán, y 8 en Irak y Siria, según Access Now.

Como otros países, las autoridades indias justifican la iniciativa como un resorte para restablecer la ley y el orden ante las crecientes protestas de finales de 2019. Así lo hizo la semana pasada en siete Estados indios, en respuesta a marchas —en ocasiones, violentas— contra una ley considerada discriminatoria, ya que permite conceder permisos a inmigrantes irregulares de países vecinos siempre que no profesen el islam. Pero esta no es la única razón para el corte de suministro en la India. Desde 2012, Cachemira sufre repetidas desconexiones y esta semana batió el récord con el apagón más largo en una democracia, 137 días. Esta región —única de mayoría musulmana en la India y disputada con Pakistán— vive aislada desde hace cuatro meses, cuando el Gobierno retiró su autonomía especial y dividió el Estado en dos territorios regidos por Delhi.

“Estas acciones son inherentemente antidemocráticas”, explica Raman Jit Singh Chima, director de Políticas Asiáticas en Access Now, “las autoridades deben restaurar las conexiones en todas las partes afectadas y tomar medidas para asegurar la protección de la libertad de expresión, el acceso a la información y otros derechos garantizados por la Constitución de India”. Porque la restricción de Internet por motivos políticos repercute en la actividad democrática india, pero también tiene un coste para su economía. Según un informe del Consejo Indio para la Investigación en Relaciones Económicas Internacionales (ICRIER), las 16.315 horas de desconexión entre 2012 y 2017 generaron pérdidas por valor de 3.040 millones de dólares.

Las restricciones del uso de Internet arrastran consecuentes limitaciones de recursos en economías cada vez más digitalizadas, como sucedió en los sistemas de salud y educación de Cachemira durante las primeras semanas de desconexión. De la misma forma, los sistemas de comunicación de hospitales de Irán sufrieron cortes a raíz de las protestas masivas del pasado noviembre en protesta por la subida del precio de la gasolina, que el Gobierno iraní usó para justificar la implantación de lo que se ha denominado halal net: un proyecto piloto de una Intranet que funcione mientras el acceso a la red de redes permanece cerrado para los ciudadanos.

También Rusia idea un plan para la "soberanía de Internet", que permita cortar el acceso a la Red sin costes o crear un muro digital permanente, como en China. Mientras, el descontento popular sigue siendo la coartada perfecta para restringir periódicamente Internet en Irak, Venezuela o Etiopía. Este último país vive interrupciones tan frecuentes que algunos cifran las pérdidas económicas en 4,5 millones de dólares diarios.

Además de silenciar a la disidencia, la desconexión también sirve para que los Gobiernos traten de paliar el impacto de la difusión instantánea de contenidos digitales; un reto en un mundo interconectado. Hace unos meses, Sri Lanka bloqueó todas las redes sociales por los vídeos y mensajes de odio contra los musulmanes que generaron disturbios mortales por todo el país. De la misma forma, la India apenas pudo responder ante una oleada de linchamientos por rumores de secuestros de niños difundidos por WhatsApp.

 

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