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Charles Michel: “Europa no puede resignarse a ser el daño colateral de una guerra fría entre EE UU y China”

El ex primer ministro belga sustituye a Donald Tusk en la presidencia del Consejo Europeo, a la que llega como “el hombre de Macron”

El nuevo presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en marzo pasado.
El nuevo presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en marzo pasado. Getty Images

Con 43 años y ya todo un lustro en el currículum como primer ministro de Bélgica, Charles Michel sustituirá el domingo a Donald Tusk en la presidencia del Consejo Europeo, un cargo que parecía reservado a políticos casi al final de su carrera. Michel rompe ese molde. Y es también el primer alumno de las becas Erasmus que llega a lo más alto de una institución comunitaria. “Cada generación tiene su propia sensibilidad”, reconoce, aunque atribuye más importancia “a la personalidad y el estilo de cada uno” y a su “propia experiencia, también como alcalde”. Miembro del grupo liberal, llega a la presidencia del Consejo aupado por el presidente francés, Emmanuel Macron. Pero no parece dispuesto a dejarse hipotecar por París. En la primera entrevista con medios internacionales, concedida a EL PAÍS y otros seis diarios europeos, revela que la canciller alemana, Angela Merkel, fue la primera que le sondeó sobre sus aspiraciones comunitarias. Michel empieza a independizarse de Macron en la política europea igual que logró en su día desprenderse de la etiqueta de “hijo de Louis Michel”, el antiguo comisario europeo y ministro belga de Exteriores.

Pregunta. Empezó en política siendo conocido como “el hijo de...”.

Respuesta. El hijo de mi madre, quiere decir (sonríe).

P. Logró quitarse esa etiqueta. Ahora llega al edificio Europa (sede del Consejo Europeo) con la etiqueta de “el hombre de Macron”. ¿Le gusta esa referencia?

R. Conozco a Emmanuel Macron como conozco a los 27 líderes.

P. Pero tiene mucha más relación con el presidente francés.

R. Sí. Veo una buena relación con Macron. Bélgica es vecina de Francia y es natural. Y sobre Europa compartimos muchos puntos de vista. Pero Macron no fue el primer líder del Consejo Europeo que se me acercó y me preguntó si estaría interesado en desempeñar un papel en Europa… Fue Angela Merkel quien me lo planteó varios meses antes de la cumbre de los altos cargos. De todos modos, todo el mundo sabe que para este puesto hace falta el apoyo de los 27 colegas y mi nombramiento se aprobó por unanimidad.

P. Llega usted a la presidencia en un momento delicado, con varios Gobiernos en funciones y con Merkel en su último mandato. ¿La renovación en marcha puede ser un buen estímulo o una fuente de bloqueos?

R. Siempre he expresado mi admiración por Merkel, por su trayectoria, su visión y por su compromiso. Pero es importante trabajar con todos los líderes. Francia y Alemania son muy importantes para el futuro de Europa, pero no bastan. Necesitamos a todos los países a bordo.

P. En unos días presidirá su primera cumbre europea [12 y 13 de diciembre], con un choque frontal en ciernes sobre los próximos presupuestos de la UE. Alemania y los países contribuyentes se niegan a que los recursos superen el 1% del PIB.

Ni burócrata en jefe ni a tiempo parcial

Los líderes actuales de la UE le han recortado un perfil al cargo que Charles Michel estrena este domingo que no satisface para nada al ex primer ministro belga. El predecesor de Michel en la presidencia del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha definido el puesto como "burócrata en jefe" de la UE. Y el presidente saliente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, aseguró que la presidencia del Consejo era poco más que un trabajo a tiempo parcial. 

"Tengo un gran respeto por Juncker y por Tusk, que han jugado un papel muy importante", templa Michel durante su entrevista con EL PAÍS y otros medios europeos. "Pero no estoy de acuerdo en que sea un trabajo a tiempo parcial. Todo lo contrario. Y el Consejo Europeo no es una institución burocrática. Veo una gran voluntad política entre los líderes europeos para tomar decisiones".

Michel también se distancia del estilo de sus predecesores, tanto del impetuoso Tusk (2014-2019) como del precavido Herman van Rompuy (2009-2014). "In medio stat virtus", defiende en latín su vía intermedia. "Tengo mi propio estilo. Eso significa que a veces será necesario expresar mi opinión para lograr cierta claridad y en esos casos, no lo dudaré. Pero no será cada semana. La prioridad será tejer confianza y garantizar al máximo la unidad. Creo que soy un buen jugador en equipo aunque eso no excluya levantar la voz de vez en cuando".

R. Este marco presupuestario va a ser el más difícil en décadas, por el agujero presupuestario que deja el Brexit, que provocará que algunos países paguen más y otros reciban menos. Conozco la posición de quienes no quieren pasar del 1%, pero también la posición de los amigos de la cohesión. Los líderes tendrán que moverse de sus posiciones iniciales porque si no, no se podrá alcanzar un acuerdo.

P. ¿Eso quiere decir que no será el 1%, sino algo más?

R. No es mi intención complicar la negociación en la primera entrevista que concedo. Quiero ser transparente y explicar las dificultades. Cada país deberá dar pasos, varios pasos, para que se pueda llegar a un acuerdo.

P. Su primera cumbre también estará marcada por la división de los Estados sobre los objetivos de reducción de emisiones. Polonia, entre otros, impidió el acuerdo en junio.

R. La propuesta sobre la mesa es alcanzar la neutralidad en carbono en 2050, pero es cierto que no todos los países la comparten todavía. Tienen dudas sobre la financiación que llegará a través del llamado Fondo de Transición ecológica y del futuro marco presupuestario de la UE. Son argumentos razonables y debemos escucharlos. Al mismo tiempo, es muy importante enviar señales claras sobre la dirección que vamos a seguir, porque es lo que demandan el sector privado o los investigadores. Está claro que si no fijamos objetivos ambiciosos no conseguiremos nada. Espero que se alcance un acuerdo sobre el objetivo de 2050. Creo que Europa puede desempeñar un papel muy importante en el desafío del cambio climático y desarrollar una suerte de proyecto de poner al hombre en la Luna. Un proyecto ambicioso que permita a Europa ser líder mundial en tecnologías verdes, en innovación verde, y que muestre a las nuevas generaciones que la UE es una necesidad crucial para su futuro.

P. ¿Cuál debe ser la visión de Europa sobre China y Estados Unidos?

R. El año que viene propondré al Consejo Europeo un debate sobre la estrategia exterior. A medio y largo plazo, hay riesgo de una nueva guerra fría entre EE UU y China. Y Europa no puede resignarse a ser el daño colateral de esa futura guerra fría. No creo que nuestro destino sea convertirnos en un socio menor en el mundo. En comercio, debemos desarrollar nuestra estrategia en el marco de la OMC, para lograr una verdadera igualdad de competencia. En el clima, debemos utilizar nuestros compromisos como palanca para construir una economía más fuerte. Y en seguridad debemos desarrollar las capacidades para poder promover y defender nuestros intereses. Debemos actuar con más confianza, con más contundencia. Sin agresividad, pero siendo más asertivos en la promoción de nuestros valores e intereses.

P. ¿No se aferra la UE a un orden multilateral que se hunde? La UE rota por el Brexit, la OTAN en muerte cerebral, según Macron. La OMC a punto de quedar inutilizada. ¿No sería mejor cambiar el rumbo y adaptarse a la nueva realidad?

R. No soy tan pesimista. La prensa da la impresión de que solo estamos centrados en el Brexit, pero no es así. Y la OTAN es una institución fuerte y muy importante. La cuestión es identificar una estrategia común para el futuro y que los líderes discutan en el ámbito de la OTAN dos o tres prioridades para los próximos 15 años.

P. Insiste en la necesidad de recuperar la confianza entre los socios. ¿Es que se ha roto?

R. Mi impresión es que la confianza en el seno del Consejo ha mejorado en los últimos dos años, en comparación con la etapa anterior. Pero es posible mejorarla aún más, con un debate más abierto y transparente. El momento más difícil en los últimos años fue el debate migratorio. No había espacio para un diálogo con fundamento. El diálogo se reducía a frases cortas y argumentos básicos. Fue muy difícil hace tres años.

P. Uno de los puentes rotos es el de la ampliación, tras el veto de Macron a la apertura de negociaciones con Albania y Macedonia del Norte. ¿Cómo lo va a reconstruir?

R. El último Consejo Europeo [donde se produjo el veto] fue muy intenso, pero también muy interesante porque se trató de un debate auténticamente estratégico y con la mente muy abierta. Somos conscientes de las influencias externas que hay en los Balcanes y que la estabilidad de esa región es muy importante para Europa. Pero no se trataba solo de decidir cuándo o cómo se abren las negociaciones. Era mucho más que eso porque muchos países consideran que el proceso de ampliación tiene fallos y que debe modernizarse y mejorarse para incluir, por ejemplo, un principio de reversibilidad.

P. O sea, que apoya la tesis de Francia.

R. Es mucho más que una idea francesa. Creo que muchos países la comparten. Yo escuché muy atentamente porque el instinto me decía que tal vez no hubiera acuerdo y que sería mi responsabilidad buscarlo más adelante. Por eso pedí que no se tomara una decisión definitiva. Necesitamos más tiempo para decidir no solo sobre Albania y Macedonia del Norte, sino para una decisión mayor que requiere un debate político estratégico. Lo abordaremos en los próximos meses y veremos si en mayo de 2020 es posible tener más claridad y adoptar decisiones.

P. El anterior presidente, Donald Tusk, consideraba prioritario que las reformas en migración y política de asilo se pusieran en marcha por unanimidad. ¿Está dispuesto a lanzarlas por mayoría cualificada, como permite el Tratado?

R. Mi primera prioridad es garantizar la unidad. Y la migración es un tema muy sensible, de modo que es muy importante mantener un diálogo con todos los países. No creo que acorralar a algunos países vaya a servir para llegar a un acuerdo.

Cataluña: “El Gobierno de España es nuestro interlocutor”

Charles Michel fue el primer presidente de Gobierno de la UE que reaccionó el 1 de octubre de 2017 ante las imágenes del referéndum ilegal en Cataluña. Su tuit de condena a la violencia y su "llamada al diálogo político" le colocó en una incómoda posición con el Gobierno español, agravada después por la negativa de la justicia belga a conceder la extradición de Carles Puigdemont. 

Michel prefiere dar esa etapa por cerrada. "Me gustaría evitar interpretaciones equivocadas y malentendidos. Siempre he dicho que nuestro interlocutor es el Gobierno español, de eso no hay duda (...) Mi reacción se basó en aquellas circunstancias que no son las mismas que hoy". Michel asegura también que mantiene una estrecha y fructífera relación con Josep Borrell, uno de los puntales del Gobierno contra el independentismo catalán y que el 1 de diciembre se estrenará como Alto Representante de Política Exterior de la UE.

Michel y Borrell compartirán el liderazgo de la agenda internacional de la UE. "Mi relación es excelente", asegura el presidente del Consejo. "Ya he hablado con él muchas veces y hay plena sintonía. Comenzamos los dos al mismo tiempo y trabajaremos estrechamente para desarrollar nuestra estrategia".

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