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Claves de la operación que puede redibujar de nuevo el mapa de la guerra siria

La invasión turca persigue alejar de su frontera a las milicias kurdas y crear un espacio en Siria para dos millones de refugiados

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Kurdos sirios, en una manifestación tras el anuncio de la ofensiva, el pasado lunes en Ras al-Ain (Siria). AFP

El Ejército turco lanzó el 9 de octubre una ofensiva contra las milicias kurdas en el norte de Siria. Ankara considera "terroristas" a las Unidades de Protección Popular (YPG) —aliadas de Estados Unidos— por sus vínculos con el proscrito Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la guerrilla kurda activa en Turquía. La operación amenaza con redibujar otra vez el mapa del conflicto sirio, con un nuevo equilibrio de fuerzas que puede perjudicar a la milicia kurda que ha luchado contra el Estado Islámico (ISIS, en inglés) del lado de Estados Unidos y ampliar el control de Turquía en la frontera.

Estas son las preguntas y respuestas clave sobre la ofensiva y sus posibles implicaciones.

¿Qué busca Turquía con la ofensiva?

Ankara tiene dos objetivos principales en el noreste de Siria: alejar de su frontera a la milicia YPG, que considera una amenaza a su seguridad, y crear un espacio dentro de Siria en el que pueda asentar al menos a un millón de refugiados sirios que actualmente se encuentran en Turquía.

Ankara ha estado presionando a Estados Unidos para establecer una "zona de seguridad" que penetre poco más de 30 kilómetros en el territorio sirio y ha amenazado repetidamente con lanzar una acción militar unilateral si Washington le seguía parando los pies. El pasado domingo, Estados Unidos dio vía libre a la operación al ordenar la retirada de la zona fronteriza a los militares que tenía desplegados.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha apuntado recientemente a una penetración en Siria más allá de la "zona segura", hasta las localidades de Raqa y Deir al-Zor, a fin de que más refugiados puedan regresar a Siria.

¿Cuál es la reacción de Occidente al plan de Turquía?

No ha habido un apoyo público de los aliados occidentales de Ankara para el plan de asentar a un millón de sirios -Turquía acoge a 3,6 millones de refugiados en su territorio-, en el noreste de Siria. Un alto cargo del Departamento de Estado de EE UU ha descrito el plan turco como “probablemente la idea más loca" que ha escuchado.

Las principales preocupaciones de Occidente son que una afluencia de sirios árabes suníes en el noreste del país, mayoritariamente kurdo, cambie la demografía de la zona. El coordinador regional de Naciones Unidas para la crisis en Siria ha dicho que todas las partes involucradas deben evitar el desplazamiento de civiles si Turquía lanza un ataque.

¿Apoyan Rusia e Irán el ataque turco?

Rusia e Irán, las otras dos grandes potencias extranjeras en Siria, mantienen un fuerte respaldo al presidente sirio, Bachar el Asad, a diferencia de Turquía y Estados Unidos, que han hecho un llamamiento al mandatario para que abandone el poder y han apoyado a los rebeldes que luchan para derrocarlo.

Moscú ha dicho que Ankara tiene el derecho de defenderse, pero el portavoz del Kremlin Dimitri Peskov ha señalado que la integridad del territorio sirio debe ser preservada y que todas las fuerzas militares extranjeras “con presencia ilegal” deben irse del país. El vicepresidente del comité parlamentario de Asuntos Exteriores, Vladimir Dzhabarov, ha indicado que Rusia no se involucrará en el conflicto tras el lanzamiento de la operación, según aparece citado por la agencia RIA.

¿Quiénes son las milicias kurdas?

Las YPG fueron creadas un año después del estallido de la guerra siria en 2011 y tras la retirada de las fuerzas progubernamentales del norte del país. Se trata del brazo armado del aparato político kurdo —de inspiración marxista— que en el último lustro ha establecido una Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (NES, por sus siglas en inglés). Desde 2014 las YPG se han convertido en el principal aliado en tierra de la coalición internacional liderada por Estados Unidos —de la que España es miembro— en la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS). En 2015 miles de combatientes árabes y asirios se sumaron a la lucha bajo el liderazgo kurdo en las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). El representante de exteriores del NES, Abdulkarim Omar, asegura que en sus filas luchan más de 70.000 combatientes. Un 20% son mujeres.

En apoyo de los kurdos, que controlan en el norte entre un 20% y un 25% del territorio sirio —incluidas localidades árabes como Raqa, la antigua capital del ISIS—, han llegado también desde suelo turco efectivos del PKK, grupo armado que Ankara tacha de terrorista y cuya actividad es la base sobre la que argumenta la inminente operación. La amenaza de una ofensiva turca da por terminado el llamado "mecanismo de seguridad" puesto en marcha con la mediación de las tropas estadounidenses por el que los milicianos kurdos comenzaron a detonar los túneles defensivos cavados en posiciones fronterizas con Turquía, así como la retirada de sus hombres de una franja de seguridad de cinco kilómetros.

¿Cuántos civiles están en peligro?

En el norte y este de Siria viven cerca de seis millones de civiles —la mitad de ellos kurdos—, de los cuales más de un millón y medio necesitan asistencia humanitaria y 650.000 han sido desplazados por los combates, según advierte la ONG Save The Children. Cientos de personas se han manifestado este lunes en la frontera norte turco-siria contra la anunciada ofensiva. Una nueva incursión provocaría previsiblemente otra huida masiva. Ya hay 6,2 millones de desplazados internos en el país y 5,6 millones de refugiados acogidos en los países vecinos y en Europa. Más de 11.000 soldados muertos y 24.000 heridos es el balance que hacen las YPG de los últimos cinco años de enfrentamientos en esta zona. En toda Siria, el balance supera los 370.000 muertos —un tercio civiles— en los ocho años y medio de guerra, según el recuento que hace el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. De lograr ocupar la totalidad del norte de Siria, Ankara aspira a reubicar a dos de los tres millones y medio de refugiados sirios que alberga en su país, en un intento de arabizar con población afín el sur de su frontera que quedaría bajo el dominio de descontroladas milicias insurrectas locales aliadas.

¿Podrían escapar miles de radicales del ISIS?

En caso de ofensiva, las fuerzas kurdas han advertido de que tendrán que movilizar a todos sus efectivos y reducir el número de milicianos que custodian a los yihadistas detenidos en prisiones y campos. Allí han ido a parar más de 12.000 combatientes radicales internacionales —de ellos al menos 4.000 occidentales, entre los que hay un español— y 80.000 yihadistas mujeres y sus hijos —al menos 12.000 internacionales, entre las cuales hay tres mujeres y 17 menores españoles— que se hacinan en cinco campos al norte y noreste del país. Según informaciones provenientes del bando kurdo, decenas de presos han escapado ya de las cárceles ante la ofensiva turca.

La mayoría de los radicales internacionales se entregaron o fueron capturados durante los combates de Baguz, en la frontera con Irak y último reducto del califato del ISIS, que se derrumbó allí el pasado 23 de marzo. El campo de Al Hol es el más masificado y se ha convertido en un minicalifato femenino donde las radicales han creado sus propias cortes de justicia islámica, donde condenan y castigan hasta con la muerte a aquellas mujeres que desobedecen sus leyes. Al menos 400 de los menores cautivos han muerto en lo que va de año por enfermedades respiratorias, el cólera o la malnutrición.

¿Se abre otro frente entre Damasco y Ankara?

Nuestra alianza con EE UU es táctica y no estratégica”, aseveran los líderes militares kurdos. Motivo por el que sus representantes políticos han mantenido desde el inicio del conflicto una puerta de negociación abierta con Damasco y su valedor ruso e, incluso, puntualmente colaborado en algunas ofensivas con las tropas regulares sirias. Las negociaciones encallaron tras la derrota del califato el pasado mes de marzo, cuando Damasco rechazó las demandas de autonomía que los kurdos ponían como condición para volver bajo el ala gubernamental.

Tras hacerse efectiva la retirada de las tropas norteamericanas, el Gobierno de Damasco —respaldado por Rusia— aceptó la propuesta de los kurdos para una nueva alianza y ha enviado a sus fuerzas hacia el norte del país, del que salió en 2012, segundo año de conflicto.

¿Cuál es la diferencia con lo sucedido en 2018 en Afrin?

En marzo de 2018 las tropas turcas ocuparon el cantón kurdo de Afrin con el apoyo del medio centenar de facciones locales, que suman 30.000 milicianos. Los mismos que Turquía ha anunciado que lucharán de nuevo contra los kurdos. Temiendo un baño de sangre ante la superioridad área de Turquía, las milicias kurdo-sirias se replegaron de la localidad de Manbij y dejaron la vía libre para la entrada de las tropas sirias. De hacerse con el territorio actualmente bajo control kurdo, El Asad controlaría más del 80% del territorio nacional. Es más, recuperaría la explotación de los yacimientos de crudo más importantes del país, que permanecen activos al este del Éufrates. Si los ingresos del crudo son cruciales para la reconstrucción que planifica Damasco, una ofensiva en el norte del país corre el riesgo de arrastrar a Siria a una peligrosa guerra con Turquía, con quien ya se enfrenta en Idlib, última provincia insurrecta, donde habitan cerca de tres millones de civiles, la mitad de ellos previamente desplazados de otras regiones. Y ello conforme Damasco parece ganar la guerra y los frentes de combate silenciarse.

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