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A la caza de defraudadores en la autopista

El ministro portugués de Finanzas cancela abruptamente una operación en la que inspectores daban el alto a conductores con vehículos de lujo para revisar si tenían cuentas pendientes con el fisco

Puesto de control de deudas a la salida de la autopista en Valongo.
Puesto de control de deudas a la salida de la autopista en Valongo.

Mayo era antes el mes de María, y ahora es el mes del Erario Público. Portugal puso en marcha hace unos días la Operación Acción sobre Ruedas, en la que varios inspectores de Hacienda daban el alto a los conductores para revisar su situación fiscal. 

El lugar elegido para cazar morosos de impuestos era una rotonda a la salida de la autopista A-42, cerca de Oporto, donde 20 inspectores y 10 agentes se apostaron para comprobar si los conductores estaban al día con Hacienda. Los policías se encargaban de la seguridad del tráfico y los inspectores, sentados con sus ordenadores bajo una carpa, cruzaban las matrículas con los datos fiscales del conductor. Si no debían nada, seguían adelante; si debían, se las daba la opción de pagar en el momento o dejar las llaves del coche, al gusto.

Pero cuando la operación llevaba varios días en marcha, el ministro de Finanzas, Mário Centeno, ante el escándalo provocado, decidió cancelarla abruptamente: “No fue una decisión feliz”, explicó. Aunque asegura que la Dirección Central no tenía conocimiento de estas acciones, en un comunicado ha recordado: “Todos los agentes del Estado que toman decisiones tienen que hacer cumplir el marco legal y ponderar la proporción de las medidas frente a su objetivo final”.

Después de varias jornadas de “me pagas o te quito el coche”, resulta que el chiringuito montado por la Autoridad Tributaria en las rotondas paró a 4.500 automóviles y solo encontró 93 deudores, según el diario Correio da Manha, es decir el 2%, una cifra ridícula frente a las que maneja Hacienda por impagos de diferente índole. Además, las deudas se referían en la mayoría de los casos al impuesto de circulación o a peajes.

Pese a la sorpresa del ministro por una acción que comenzó el 12 de mayo en su propio Departamento, también se había ejecutado una similar en el año 2012. Entonces, la operación —para no levantar sospechas— se llamó Stop, y trataba de confiscar automóviles que estaban embargados por procesos fiscales.

Aparte de intentar matar mosquitos a cañonazos, que es de lo que se queja el ministro de Finanzas, el presidente del Colegio de Abogados, Guilherme Figueiredo, ha montado en cólera: “Repugna la idea de tratar a un ciudadano, eventualmente deudor de impuestos, como si de un vulgar criminal se tratase, recurriendo indiscriminadamente a los policías. La deuda fiscal es un asunto para ser tratado por los Servicios de Finanzas y en los tribunales. Su cobro no puede ser realizado bajo amenaza, por la fuerza, despojando a sus ciudadanos de sus bienes”.

Y continuaba su protesta: “Es particularmente repugnante el método empleado, pues la alternativa que le quedaría al ciudadano, no pagando o no pudiendo pagar una eventual deuda fiscal, sería quedar sometido a la vejación de quedar sin coche en plena vía pública”.

El ministro de Finanzas no ha revelado cuánto dinero se ha recaudado en la operación y qué pasó con esos 93 conductores que debían algo a Hacienda, si pagaron o si entregaron sus coches; pero sí ha revelado que, desde el inicio de año, ha vendido 436 coches embargados por deudas fiscales y aún tiene 282 más en el almacén. El pasado año vendió por las mismas circunstancias 1.124 vehículos.

Hacienda llega donde más les duele a los contribuyentes portugueses, a su coche. Desde que en 2011 firmó un protocolo con la Policía y la Guardia Nacional ha conseguido embargar físicamente los automóviles de dueños con deudas fiscales, un procedimiento muy efectivo de pago.

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