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Chechenia condena a un prominente activista de derechos humanos a cuatro años en una colonia penal

El director local de la organización Memorial, de 61 años y durante años en la lista negra de Kadírov, estaba acusado de posesión de drogas

Titiyev, jefe de Memorial en Chechenia, durante la lectura del veredicto en un tribunal de Shali este lunes.
Titiyev, jefe de Memorial en Chechenia, durante la lectura del veredicto en un tribunal de Shali este lunes. AFP

Chechenia se acerca a un punto más oscuro. Uno en el que no haya defensores de los derechos humanos para reportar los abusos del Ejecutivo de Ramzán Kadírov, aliado de Putin. Un tribunal de esta república rusa ha condenado este lunes por posesión de drogas a Oiub Titíev, director de Memorial en Chechenia, una organización que documenta casos de torturas y otras vulneraciones de derechos humanos, en un caso que Titíev, sus abogados y organizaciones de derechos civiles perciben como fabricado en venganza por el trabajo del activista. Titíev, de 61 años, cumplirá una condena de cuatro años en una colonia penal y tendrá que pagar una multa del equivalente a unos 1.400 euros.

La sentencia contra el histórico activista, que llevaba un tiempo denunciando el acoso de las autoridades chechenas como otros muchos compañeros, puede suponer el inicio de una nueva purga de activistas y de cualquier tipo de disidencia. En agosto, Kadírov, molesto por las denuncias de las ONG sobre la represión contra gais y lesbianas en Chechenia y la reacción de la comunidad internacional ante lo que han definido como "purgas", ya anunció que quienes velan por el fin de la impunidad y los abusos no eran bienvenidos en su república. "Declaro oficialmente a los activistas de derechos humanos: después de que finalice el juicio, Chechenia será un territorio prohibido para ellos, como lo es para terroristas y extremistas", dijo en un discurso ante la policía local emitido por televisión.

Titíev, que había estado documentando casos de detenciones secretas e ilegales de chechenos por las fuerzas de seguridad, fue detenido en enero de 2018 por la policía, que afirmó que había hallado 206 gramos de cannabis en su coche en un control de tráfico en el que le pidieron que mostrase sus documentos. Ya entonces, el activista, conocido por no beber y practicar deporte diariamente y que se sabía muy vigilado por las autoridades de Kadírov, afirmó que le habían colocado las drogas.

"Fabricaron el caso penal durante cinco meses y la sentencia durante ocho", afirmó Titíev a la prensa presente en el juicio, tras conocer el veredicto y después de haber permanecido durante más de nueve horas de pie, apoyado en los barrotes blancos de la celda de la sala, durante la lectura del fallo judicial.

Sus abogados y sus compañeros reclaman que la sentencia es "ilegal" pero también se han mostrado aliviados porque sea "relativamente moderada" por el hecho de que pueda cumplirla en una colonia penal, ha dicho uno de los responsables de Memorial, Oleg Orlov, según la agencia rusa Interfax. Las autoridades chechenas se apresuraron en negar cualquier implicación en la sentencia. "No hubo interferencia directa o indirecta en el proceso judicial por parte de las autoridades de Chechenia", dijo el portavoz jefe, Alvi Karimov. "Al contrario, se impuso a la corte una presión a gran escala sin precedentes de los diplomáticos occidentales y de varias organizaciones occidentales", afirmó a Interfax.

Defender los derechos humanos o ser periodista independiente en la república mayoritariamente musulmana de Chechenia es una labor de alto riesgo. Como otras, la ONG Memorial llevaba años denunciando el acoso de los hombres de Kadírov. En 2009, el cadáver de Natalia Estemírova, la jefa de la delegación de Memorial en Grozni, que había sido secuestrada en Chechenia, fue hallado en territorio de la vecina República de Ingusetia con seis balazos.

Mientras se suceden los testimonios que dan cuenta de nuevos ataques contra la comunidad LGTBI en Chechenia, los partidarios de Kadírov sostienen que el excéntrico gobernante es el principal responsable de la calma y la estabilidad en la región extremadamente caliente durante años, tras las dos guerras entre Moscú y los separatistas, tras la caída de la URSS.

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