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Estados desunidos frente a desunión europea

Un análisis de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista CTXT

Trump y Putin, el 4 de marzo en una carroza de carnaval en Düsseldorf.
Trump y Putin, el 4 de marzo en una carroza de carnaval en Düsseldorf. AFP

En 2020 los estadounidenses votarán a su próximo presidente, cuatro años después de la victoria de Donald Trump, sin que el establishment del Partido Demócrata haya digerido la derrota ni analizado sus causas a fondo. Pero los aspirantes a la Casa Blanca calientan ya motores –la senadora Elizabeth Warren, según informaba The New York Times, prometió por ejemplo aprobar una nueva ley antitrust contra las grandes compañías tecnológicas como Amazon, Google, Apple o Facebook— y los puntos de sutura ceden y la cicatriz se reabre. David Rosen se asoma a la herida desde Counterpunch con un artículo sobre uno de los aspectos más debatidos de las elecciones presidenciales de 2016: el apoyo de la clase trabajadora blanca a Trump.

El autor cita un estudio de dos economistas de la Universidad de Princeton, Anne Case y Angus Deaton, sobre los índices de mortalidad en lo que técnicamente se denomina “estadounidenses blancos no-hispanos”, en los que se registran desde hace años de manera constante “aumentos por sobredosis, suicidios y enfermedades hepáticas relacionadas con el consumo de alcohol”. El deterioro de las condiciones de vida y la desaparición de “las estructuras tradicionales de apoyo social y económico”, sin que hayan sido sustituidas por otras nuevas, conducen a este sector de la población a lo que Rosen califica de “muertes por desesperación”. El autor recuerda un estudio publicado poco después de las elecciones por Shannon Monnat, quien estableció una correlación entre los resultados obtenidos por el candidato republicano y los distritos más afectados por la crisis y el desempleo, sin que sea este evidentemente el único factor causal.

Un adicto en una calle del Bronx en Nueva York. ampliar foto
Un adicto en una calle del Bronx en Nueva York. AFP

Rosen lamenta que “el concepto de ‘muertes por desesperación’ no haya entrado en el debate político entre los candidatos anunciados, ya sea Trump o los demócratas, pero las cuestiones relacionadas con estas posiblemente tendrán un papel clave”, en particular a la hora de poder “dirigirse a la base de Trump, erosionar sus apoyos y, seguramente, poner fin a sus esfuerzos para ser reelegido en 2020.” 70.000 personas fueron víctimas de la epidemia de opiáceos en EEUU en 2017, último año del que se disponen cifras. Según los asesores de la propia Casa Blanca, esta epidemia causa pérdidas económicas por valor de 500.000 millones de dólares anuales. Medios como Vox consideran que las medidas adoptadas por la Administración de Trump son insuficientes e incluso contraproducentes, como la decisión de reducir los fondos de algunos programas específicos de Medicare y Mediaid.

Armas: más madera

Mientras un EEUU dividido ha comenzado la cuenta atrás para las presidenciales, Trump puede añadir algo a su larga lista de cosas de las que presumir. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) el porcentaje de EEUU en el total de exportaciones de armas pasó del 30% al 36% en el periodo 2014-2018, un 75% de diferencia con respecto a Rusia. Por comparación, en el período 2009-2013 EE UU vio sus exportaciones de armas crecer un 29%, con una diferencia del 12% respecto a Rusia. Más de la mitad del armamento estadounidense exportado en el período 2014-2018, un 52%, terminó en Oriente Medio. Las exportaciones de armamento de Rusia declinaron un 17% debido a la reducción de las importaciones de India y Venezuela. En cambio, Francia incrementó sus exportaciones de armas un 43% y Alemania un 13%. Considerada como bloque, a la Unión Europea le corresponde un 27% del total de las exportaciones de armas entre 2014 y 2018. De acuerdo con el estudio de SIPRI, los cinco mayores exportadores de armas son EE UU, Rusia, Francia, Alemania y China; estos cinco países exportaron el 75% entre los años 2014 y 2018.

Civiles yemeníes en el lugar de un bombardeo de la coalición liderada por Arabia Saudí, en Saná. ampliar foto
Civiles yemeníes en el lugar de un bombardeo de la coalición liderada por Arabia Saudí, en Saná. AFP

“Trump está enamorado de la fuerza militar estadounidense y le excita su uso violento, pero se muestra incómodo con la maraña entre la política doméstica y exterior”, explica el historiador David Immerwahr en una entrevista con Jacobin. Para Immerwahr, “los acuerdos, las bases militares, los territorios de ultramar… todo ello parece incomodarle”, lo que ha llevado al presidente estadounidense a una “política interesante” y contradictoria. ¿Y después de Trump? “Puedo imaginarme una política exterior antimperialista consciente que busque hacer retraer el imperio estadounidense, menos por el miedo a lo extranjero, que parece dominar los instintos de Trump, que por un deseo de Estados Unidos de acercarse al mundo más como un país entre otros que como una fuerza dominante, hegemónica”, responde.

Macron no convence

La respuesta de la presidenta de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer, de marcar distancias con respecto al presidente francés y su proyecto europeo ha sido recibida con críticas por el resto de partidos alemanes, según recoge el diario Die Zeit. El giro a la derecha de Kramp-Karrenbauer que le afean sus contrincantes puede leerse también en clave interna: cerrar el paso a Alternativa para Alemania (AfD), un partido que tiene el campo abonado para crecer si, como sostiene el digital Telepolis, Alemania se encuentra ya en recesión. En su artículo, Ralf Streck señala los pronósticos recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en Europa (OCDE) que reducen el crecimiento de la economía alemana a un 0,7% —la mitad que en 2018— y los propios datos oficiales que apuntan a un enfriamiento de la “locomotora europea” difícil de maquillar. Alemania ya no puede correr más para huir de la sombra de la crisis: “Durante la crisis”, escribe Streck, “se apostó sobre todo por el incremento de las exportaciones en vez de reforzar el mercado interno”, debilitado por “las políticas de austeridad” y el “dumping salarial”. Todo ello mientras en el horizonte se forman inquietantes nubarrones que amenazan con descargar en un momento u otro sobre un tejido social y económico ya castigado por la anterior recesión.

Emmanuel Macron, este jueves en una cumbre ambiental en Nairobi. ampliar foto
Emmanuel Macron, este jueves en una cumbre ambiental en Nairobi. AFP

En la vecina Austria, a su canciller, Sebastian Kurz, tampoco le ha convencido el artículo de Emmanuel Macron. En una entrevista a Deutschlandfunk recogida por el Kurier, Kurz consideró “positivo” que se abriese el debate sobre la Unión Europea, pero tachó el proyecto de Macron de “utópico” y “muy alejado de la realidad”. “Como país neutral y que no forma parte de la OTAN vemos críticamente también los planes para ampliar la cláusula de asistencia mutua de la Unión Europea o un incremento de los presupuestos de defensa al objetivo de la OTAN del 2%”, añadió. En su propio país, el artículo ha sido recibido con críticas. Según France24, el presidente de Los Republicanos, Laurent Waquiez, a quien la propuesta del presidente francés le pareció esquemática, Macron propone “profundizar una Europa que no funciona”. “Sorprende que todos estos fabulosos eslóganes se hayan repetido continuamente todos estos años: reconstruir la zona Schengen, crear una Europa social… Palabras que terminan no significando nada en esta era de escepticismo”, apostilló Waquiez. Más contundente, el izquierdista Jean-Luc Mélenchon dijo que el presidente francés deja caer un torrente de “clichés” salpicado de “paranoia rusófoba” y reclama salir de los tratados “que convierten la ayuda mutua y la solidaridad en imposibles” y un cambio de lenguaje para la defensa del bien común.

Desde las páginas de The Guardian, el economista griego Yanis Varoufakis acusa a Macron de presentar una agenda marcada por la “falta de credibilidad”. “Confiando la renovación europea a burócratas que no están fiscalizados por nadie, el programa de Macron solamente agravará el descontento que ha dado pie a la ultraderecha a la que dice oponerse”, critica el exministro de Finanzas griego. “Las elecciones al Parlamento Europeo de mayo son presentadas como un duelo entre dos campos: los eurófilos liberales contra los euroescépticos iliberales: Emmanuel Macron contra Matteo Salvini, los ‘falsos profetas’ contra los ‘patriotas europeos’”, describe Varoufakis, que juzga este relato como “engañoso”. Para el economista, “las figuras del establishment como Macron han perdido su credibilidad incluso entre los centristas” y “para conseguir votantes, descansan en la amenaza que representan nacionalistas como Salvini”. De igual modo, “hombres fuertes como el viceprimer ministro italiano necesitan desesperadamente un desafortunado establishment europeo para presentarse como rebeldes merecedores de ese título.” El autor de El minotauro global termina su artículo llamando a apoyar el movimiento que fundó en 2016, Democracy In Europe Movement (DiEM25), que concurrirá como lista transnacional por primera vez a las elecciones europeas de este mayo.

Macron se ha creído Napoleón ("On s'engage et puis on voit!" [uno entra en combate y luego ya veremos]) y nadie le ha seguido.

Europa sin mapa

Preocupaciones desde luego no faltan estos días en Europea y ensombrecen fastos que otrora habrían sido celebrados por todo lo alto, como el 20º aniversario de la entrada en la OTAN de la República Checa, Polonia, Eslovaquia y Hungría. El diario junge Welt recuerda la polémica que acompañó entonces la expansión oriental de la OTAN, contra la que advirtieron incluso el presidente de la Federación Rusa, Borís Yeltsin, para quien la medida corría el riesgo de desencadenar “un sentimiento de aislamiento de la sociedad rusa”, o su ministro de Defensa, Pavel Grachev, quien dijo en 1995 que la ampliación de la OTAN podría empujar a Rusia a formar un bloque propio con otros países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y, quizá, con China. De aquellos barros, estos lodos.

Un tren de mercancías procedente de Yiwu llega en diciembre de 2014 a Madrid. ampliar foto
Un tren de mercancías procedente de Yiwu llega en diciembre de 2014 a Madrid.

Hoy, las capitales europeas ya no miran solamente a Washington o Moscú, sino también a Pekín. La que más, Roma, que esta semana firmó un controvertido memorando de entendimiento con China, sobre el que ha habido, en palabras del ministro de Economia, Giovanni Tria, recogidas por la agencia ANSA, “una gran confusión”, creándose “una tormenta en un vaso de agua”. “¿La Ruta de la Seda con China? No tenemos prejuicios, pero sí mucha prudencia”, afirmó el ministro del Interior, Matteo Salvini. Los intentos del Gobierno italiano por matizar la situación no han servido de mucho en Bruselas. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani –que esta semana se descolgó con unas afirmaciones sobre Mussolini (“hizo cosas positivas […] si tenemos que ser honestos, construyó calles, puentes, edificios, instalaciones deportivas”)– advirtió que Europa no puede estar “bajo el control de la industria e incluso de la inteligencia china”. “Debemos defender nuestra libertad, no podemos convertirnos en súbditos”, agregó Tajani.

El exembajador italiano en Pekín, Alberto Bradani, cree que detrás de la respuesta de Bruselas se esconden intereses de determinados países. “Los países de Europa septentrional, Alemania y sus satélites en particular, que hoy se oponen a la firma [del memorando], quizá porque tengan que prestar este servicio por presiones estadounidenses, hacen negocios con China en todos los campos y de todos los modos posibles, con y sin el paraguas del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda”, protestó Bradanini en el South China Morning Post. El exembajador italiano considera el interés en el proyecto chino “lógico y normal”. “Europa ya no es un activo para Italia, sino una carga, un factor de daño estructural a su economía y el bienestar de sus ciudadanos”, sentenció. Ahora Malta podría seguir el camino de Italia. En una entrevista a la televisión estadounidense CNBC el ministro de Finanzas maltés, Edward Scicluna, llamó a sacudirse de encima “ciertos prejuicios” y a no tomar determinadas decisiones “porque alguien te presiona”. “Somos soberanos, tenemos nuestros propios intereses y deberíamos tenerlos en cuenta”, aclaró Scicluna. Parece que, como en aquella canción de Bob Dylan que versionó Rage Against The Machine, algunos se están cansando de trabajar en la granja de Maggie fregando los suelos a cambio de un penique mientras te preguntan con una sonrisa si te lo estás pasando bien y te sancionan si cierras mal la puerta. Pero quién sabe, igual Macron se marca otro manifiesto y lo arregla.

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