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La situación de un poeta uigur preso enfrenta a China y Turquía

En un duro comunicado, Ankara ha instado a Pekín a cerrar los “campos de concentración” en Xinjiang

Un hombre identificado como Abdurehim Heyit, en un vídeo difundido por la emisora en turco de China Radio Internacional.
Un hombre identificado como Abdurehim Heyit, en un vídeo difundido por la emisora en turco de China Radio Internacional. REUTERS

“Hoy es 10 de febrero de 2019. Me están investigando por posible violación de las leyes nacionales. Nadie me ha coaccionado. Estoy bien de salud”. El hombre que habla en el vídeo, ante una pared gris y meciéndose ligeramente, se ha identificado como Abdurehim Heyit, uno de los grandes poetas y músicos contemporáneos de la cultura uigur en la región fronteriza china de Xinjiang. En paradero desconocido desde 2017, sus seguidores denunciaban que era uno más de los musulmanes que China ha encerrado en prisiones y campos de reeducación en esa región para combatir el extremismo. Ahora su sino ha sido el desencadenante de un fuerte roce diplomático entre China y Turquía.

En los últimos meses, mientras han crecido las denuncias en Occidente contra el trato a los uigur y otras minorías de religión musulmana en Xinjiang -según los cálculos de algunos académicos y defensores de los derechos humanos, hasta un millón de personas pueden estar privadas de libertad-, los Gobiernos de los países musulmanes habían guardado un silencio casi unánime. Pero este fin de semana, Turquía -un país con el que los uigur mantienen vínculos étnicos y lingüísticos- rompió ese silencio con un durísimo comunicado.

“La reintroducción de los campos de concentración en el siglo XXI y la política de asimilación sistemática de las autoridades chinas contra los turcos uigures es una gran vergüenza para la humanidad”, declaraba el sábado el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores en Ankara, Hami Aksoy. La comunidad internacional y la ONU, pedía, deben “poner fin a la tragedia humana que se desarrolla en Xinjiang”.

Hasta ahora, Turquía no se había manifestado en unos términos tan tajantes. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, había acusado a China de “genocidio” en 2009, tras unos sangrientos enfrentamientos entre los uigur y los han -la mayoría étnica en China- en Xinjiang. Pero desde entonces, Ankara se había mostrado mucho más cauta: a medida que se deterioraban los lazos entre el Gobierno de Erdogan y Estados Unidos, Turquía ha ido estrechando sus relaciones con Pekín. Recientemente ha recibido un crédito de los bancos institucionales chinos por valor de 3.600 millones de dólares para los sectores de la energía y el transporte.

Pero la celebración de elecciones locales el próximo mes puede haber contribuido a cambiar la actitud del Gobierno de Erdogan.

Con su comunicado, Aksoy respondía a una pregunta sobre el paradero de Heyit, una de las figuras más respetadas de la cultura uigur. En las 48 horas previas los rumores sobre la muerte en uno de los campos del apodado Rey del Duttar -por su maestría en este instrumento similar a un laúd- se habían vuelto muy intensos. El portavoz dio la muerte por confirmada, algo que aportó aún más impacto a sus declaraciones.

El domingo, la página web de un medio estatal chino -la emisora en turco de China Radio Internacional- difundió el vídeo de 26 segundos en el que el hombre que dice ser Heyit aparece vivo. Pálido, delgado, pero vivo.

Tras la publicación del vídeo, China ha arremetido contra Ankara. “Hemos transmitido a Turquía nuestras protestas oficiales”, subrayaba la portavoz de Exteriores en Pekín, Hua Chunying. “Esperamos que las personas relevantes del lado turco sepan distinguir entre lo verdadero y lo falso”. El vídeo “no solamente le muestra vivo, sino en excelente estado de salud”, insistió.

“Turquía es un país multiétnico, que encara también la amenaza del terrorismo”, continuó la portavoz. “Debería poder comprender y apoyar, más que cualquier otro país, los esfuerzos de otros Gobiernos para combatir el terrorismo y mantener su seguridad y su estabilidad”.

China asegura que lo que describe como “centros de formación profesional” en Xinjiang tienen como objeto proporcionar una educación suficiente a los miembros de las minorías para que puedan ganarse la vida y alejarse de actitudes extremistas. En esos centros, afirma, se enseña mandarín, nociones básicas de las leyes chinas y los rudimentos de varios oficios.

Pekín, que hasta el año pasado negó la existencia de esos campos, alega que en el pasado Xinjiang se había convertido en terreno de operaciones de grupos independentistas islámicos. Pero que desde que los campos están en funcionamiento la región se ha visto libre de violencia.

La difusión del vídeo no ha acallado las críticas contra Pekín. Los grupos de exiliados uigur y organizaciones de defensa de los derechos humanos han puesto de manifiesto que el documento muestra todas las características de una confesión forzosa, desde las palabras que utiliza el preso hasta su lenguaje corporal.

“Este vídeo da la sensación de una confesión forzosa televisada china, usada típicamente contra gente que tiene voz propia: se les hace desaparecer y son forzados por torturadores de la policía a autoinculparse en televisión y fingir que todo está bien”, ha comentado en un tuit el profesor de Antropología de la Universidad de Cornell Magnus Fiskesjö, autor de un ensayo sobre estas confesiones.

Un virtuoso del 'duttar'

M. V. L

Nacido en 1964 en Kashgar, una de las ciudades emblemáticas de la ruta de la seda, Heyit estudió música en Pekín, y desde muy joven formó parte de compañías musicales estatales para difundir el folklore de su etnia ayudado de su duttar -un laúd de dos cuerdas y cuello largo-, del que está considerado un virtuoso.

Según sus seguidores, está condenado a ocho años de prisión por cantar una tonada tradicional, Padres, con la que el artista quería honrar a las generaciones pasadas, pero en la que se menciona la expresión “mártires de la guerra”, que las autoridades chinas han interpretado como extremista. Pero de momento China no ha confirmado el lugar exacto, la situación legal precisa del virtuoso ni qué cargo se le atribuye.

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