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Los ‘chalecos amarillos’ mantienen su desafío al Gobierno de Macron

Al menos 50.000 personas se manifiestan en una nueva jornada de protestas en Francia con varios incidentes. Macron denuncia una "violencia extrema"

El objetivo de los chalecos amarillos era claro: demostrar que pueden mantener el pulso con un Gobierno que sienten que sigue sin “entender” lo que le reclaman. La estrategia tampoco cambió: salir a las calles un sábado más, el octavo, para demostrar su fuerza. Pero el desafío era mayor en esta primera cita de 2019: tras la drástica caída de manifestantes en las últimas convocatorias, una participación contundente era clave para justificar la presión ante un Ejecutivo que ha vuelto a endurecer su tono y califica a los que insisten en continuar las protestas de “agitadores”. Miles de personas, visiblemente más que hace una semana, respondieron al llamamiento en una jornada en la que volvieron a registrarse choques violentos con la policía en varias ciudades, incluido un París mucho más movilizado que siete días atrás.

Un chaleco amarillo sobre una barricada en el centro de París. En vídeo, resumen de la jornada de protestas de este sábado.

Según el Ministerio del Interior, 50.000 personas salieron a protestar este sábado en toda Francia, muchas más que hace una semana. Las imágenes tanto en París como en otras ciudades donde se celebraron protestas —como Burdeos, Nantes o Toulouse— evidenciaban una mayor presencia que siete días atrás. Solo en París marcharon 3.500 personas, una participación también muy superior a la de la semana pasada y que llega a la de mediados de diciembre.

En cualquier caso, siguen siendo cifras muy lejanas a los más de 100.000 manifestantes que protestaban a comienzos de diciembre o de los 282.000 de la primera convocatoria, el 17 de noviembre. La gran cuestión es si la nueva oleada de manifestantes bastará para mantener el pulso con el Gobierno. Según el ministro del Interior, Christophe Castaner, no. "50.000, eso es un poco más de una persona por municipio de Francia. Esa es la realidad de los chalecos amarillos hoy. Se ve bien que ese movimiento no es representativo de Francia", declaró.

París fue una vez más el epicentro de unas protestas en las que se vivieron varios momentos de tensión con el millar de agentes desplegados, 3.600 en todo el país. La policía no dudó en volver a lanzar gas lacrimógeno para reprimir a grupúsculos violentos y a los chalecos amarillos que trataban de llegar hasta la Asamblea Nacional, fuertemente protegida. Al ver cortado su camino, algunos chalecos amarillos se trasladaron hasta el vecino bulevar de Saint Germain, donde intentaron detener el tráfico —no había en París una consigna generalizada de cierre de museos ni comercios, y apenas se limitó el transporte público— con barricadas incendiarias retiradas rápidamente por los agentes. Con la caída de la noche también regresaron a los Campos Elíseos, centro habitual de sus protestas y donde volvieron a vivirse momentos de tensión, con choques policiales y vehículos volcados o incendiados. Al menos 20 personas fueron detenidas, según la Prefectura de Policía de París.

El portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, que el viernes había calificado de "agitadores" a los manifestantes,tuvo que ser evacuado después de que varios chalecos amarillos lograran entrar en sus oficinas. “Hay una minoría que llama siempre a la insurrección y a derrocar al Gobierno. Creo que la mayoría quiere la calma y el diálogo, los que han entrado no se han comportado como ciudadanos”, lamentó. El ataque provocó una dura reacción del presidente Macron. "Una vez más, una violencia extrema vino a atacar la República - a sus guardianes, a sus representantes, a sus símbolos. Quienes cometen estos actos olvidan el corazón de nuestro pacto cívico. Se hará justicia. Todos deben serenarse para que pueda producirse el debate y el diálogo", escribió el presidente en Twitter.

Pese a los incidentes, y al contrario que en movilizaciones anteriores, las dos concentraciones principales previstas en la capital habían sido debidamente declaradas y autorizadas por las autoridades: una primera desde la avenida de los Campos Elíseos y que acabó confluyendo con otra que, partiendo de la plaza del Ayuntamiento, atravesó el río Sena en un intento de llegar hasta la Asamblea Nacional.

Para Nelly, una parada y madre de cinco niños del departamento de Loiret, al sur de París, era el cuarto sábado que acude a la llamada de los chalecos amarillos. Y seguirá haciéndolo, aseguró, todas las veces que sea necesario. “Esto acabará cuando (el presidente) nos dé lo que queremos. Esto no se va a calmar”, advirtió.

En las últimas semanas, Emmanuel Macron ha hecho varias concesiones. Además de anular la tasa a los carburantes previstas para este enero, aprobó varias medidas para aumentar el poder adquisitivo ciudadano por un valor estimado en 10.000 millones de euros. Entre otros, se decretó un aumento del salario mínimo en cien euros —mediante el aumento de la llamada prima a la ocupación— y la exención de impuestos y cargas fiscales a las horas suplementarias. El Gobierno también se ha mostrado abierto a discutir otra de las demandas que en las últimas semanas tomaron fuerza entre los chalecos amarillos: los referendos de iniciativa ciudadana (RIC) en los que, como indica su nombre, la iniciativa para estas consultas parte de los ciudadanos y no de los parlamentarios, y que requieren además un menor número de firmas para lanzarlos. Macron quiere que estos temas sean discutidos en el “debate nacional” que anunció el 31 de diciembre y que comenzará a mediados de enero, organizado por los alcaldes de toda Francia.

Pero ninguna de estas medidas o propuestas son suficientes para los chalecos amarillos que insisten en mantener el pulso con el Gobierno.

“Tenemos cosas que decir y esto no ha acabado. Continuaremos hasta que (Macron) proponga algo más constructivo”, dijo a los periodistas durante la marcha Priscillia Ludosky, una de las iniciadoras de la protesta que rechaza el debate nacional de Macron y que había llamado a una fuerte movilización este sábado para forzar al Gobierno a dialogar según sus condiciones.

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