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“Nuestros hijos son prisioneros de guerra”

Los familiares de los marinos apresados por Rusia en el mar de Azov temen por sus hijos. La mayoría de los 23 ucranios capturados han sido trasladados a Moscú

Olga Oprysko, madre de uno de los marineros ucranios cautivos por Moscú, el 29 de noviembre de 2018.
Olga Oprysko, madre de uno de los marineros ucranios cautivos por Moscú, el 29 de noviembre de 2018. AFP

Viktor Soroka define a su hijo Vasil como un “auténtico patriota”. Por eso, afirma, se alistó en la marina. “Para él lo más importante es la familia y Ucrania”, recalca. Hace una semana que la familia de Soroka no conoce la suerte del marino, ni de los otros 24 tripulantes de la flotilla ucrania, tiroteada abordada y apresada el domingo pasado por guardacostas rusos en el mar de Azov. Solo saben que es uno de los tres heridos. Desconocen dónde está y su estado de salud. “Solo tenemos algunos datos que ha contado la prensa rusa, que dice que uno de los hombres fue herido en una pierna”, señala.

Rusia ha condenado a los marinos a dos meses de prisión preventiva por “entrar ilegalmente” en aguas que considera suyas, mientras que Ucrania afirma que la flotilla estaba en aguas internacionales. El incidente, que Rusia considera una provocación y tras el que cerró durante unas horas el estrecho de Kerch mediante una barrera formada por carguero y buques de guerra —un gesto inédito desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991— ha elevado la tensión entre ambos países.

Ucrania ha declarado la ley marcial en 10 regiones del país, las fronterizas con Rusia y con la zona bajo influencia de Moscú de Moldavia, y ha restringido la entrada al país a los varones rusos en edad de combatir (entre 16 y 60 años) salvo excepciones “humanitarias”. Moscú afirma que, además de una larga lista de armas en las tres embarcaciones ucranias, localizaron una lista de navegación. “Significa que los marineros ucranios eran plenamente conscientes de los procedimientos de paso del estrecho [de Kerch]”, ha declarado el Servicio de Seguridad Federal ruso (FSB).

El suceso en el mar de Azov —que ambos países deben compartir en virtud de un acuerdo de 2003, pero que ahora se disputan por la anexión por parte de Rusia de la península de Crimea en 2014— ha colocado de nuevo el conflicto entre Kiev y Moscú en el tablero geopolítico mundial, con los marinos retenidos como uno de sus elementos. El jueves, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anuló a través de un mensaje en su cuenta de Twitter la reunión que iba a mantener con el presidente ruso, Vladímir Putin, en el marco de la cumbre del G20 que se celebra estos días en Buenos Aires (Argentina), esgrimiendo precisamente el caso de los marineros retenidos junto a sus embarcaciones.

Vasil Soroka en una foto difundida en sus redes sociales.
Vasil Soroka en una foto difundida en sus redes sociales.

“Nuestros hijos son prisioneros de guerra. Eso tiene que quedar claro. Lo que ha sucedido es una agresión pirata de Rusia contra Ucrania”, afirma Soroka, de 50 años, antiguo concejal del distrito de Odessa y ahora miembro del partido nacionalista Libertad, y a quien los familiares de los marinos retenidos ha designado como una suerte de portavoz. Las familias, que tampoco han recibido muchos detalles por parte de las autoridades ucranias, están aterrorizadas por sus hijos pero también tienen miedo de hablar públicamente. La agencia de noticias rusa TASS ha informado de que los 21 detenidos (los que no están heridos) han sido trasladados a la prisión moscovita de Lefortovo e internados en lo que han llamado celdas de cuarentena, cada uno en una separada. Al parecer, los tres heridos están ingresados en el hospital de la prisión Matrosskaya Tishina, también en Moscú.

Héroes

Para muchos ucranios, los 24 marineros se han convertido en unos héroes. Las noticias que dan cuenta de que uno de ellos, el comandante del Yany Kapu, Oleh Melnichuk, se negó atender en idioma ruso en el juicio celebrado en su contra en Crimea, y pidió un traductor al ucranio, han sido largamente celebradas. “Así es un oficial ucranio. Un verdadero cosaco”, le ha descrito en Facebook el diputado Andriy Illenko.

Vasil Soroka, de 27 años, casado y con un chiquillo que este viernes cumplía dos, llevaba en la marina desde 2015. Estudió Derecho, pero cambió de rumbo después de que Rusia se anexionase Crimea, en 2014. “Vivía en la región de Odessa en esa época. “Lo vivió mal, así que prácticamente no tuvo opción que alistarse. Quién más sino él puede defender su país”, dice su padre, que está convencido de que si la comunidad internacional “no presiona”, sus hijos seguirán retenidos. Eugenia, esposa del padre de Andriy Eider, de 18 años, el más joven de los marinos apresados, también está aterrada por el chico, que, como Vasil, está herido. Lamenta por teléfono que llevaba apenas cuatro meses enrolado en el Berdiansk; la embarcación más afectada de las tres que componen la flotilla capturada por Rusia.

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