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El cineasta ucranio preso en Rusia Oleg Sentsov suspende su huelga de hambre

El director se opuso en 2014 a la anexión de la península de Crimea y fue condenado a 20 años de cárcel acusado de terrorismo

Oleg Sentsov es examinado en un hospital de Labintangui, en una imagen difundida por Rusia el 29 de septiembre.
Oleg Sentsov es examinado en un hospital de Labintangui, en una imagen difundida por Rusia el 29 de septiembre. AFP

El director de cine ucranio Oleg Sentsov, internado en un penal del círculo polar ártico ruso, ha decidido interrumpir la huelga de hambre que mantenía desde el pasado mayo, según informó este viernes el Servicio de Prisiones de Rusia. La noticia fue acogida con precaución hasta que la confirmó por la tarde el abogado del cineasta, Dmitri Dinzé, quien visitaba a su cliente en el riguroso penal de Labintangui.

Sentsov interrumpirá la huelga este sábado, según dijo Dinzé al canal de televisión Nastoiashche Vremia. En un mensaje difundido por el abogado, el cineasta afirma que “en vista de mi crítico estado de salud y también de los cambios patológicos que han comenzado en los órganos internos, se ha planeado alimentarme por la fuerza en el futuro inmediato”. “Mi opinión al respecto ya no se tiene en cuenta, como si ya no estuviera en situación de valorar adecuadamente mi estado de salud y los peligros que lo amenazan”, proseguía Sentsov.

En las “condiciones dadas me veo obligado a interrumpir mi huelga de hambre a partir de mañana seis de octubre”, concluía el preso. Sentsov resumió el tiempo vivido desde que se declaró en huelga de hambre para exigir la liberación de “todos los presos políticos ucranios” encarcelados en Rusia, una cifra que calculó en 64 personas. “145 días de lucha, 20 kilos de peso menos, más un organismo dañado y un objetivo no conseguido”, fue su amargo balance.

“Eligió la vida”, dijo Valeri Maximenko, subdirector del Servicio de Prisiones de Rusia, refiriéndose a Sentsov, a la emisora El Eco de Moscú. Maximenko afirmó que el preso firmó un documento asegurando que “está de acuerdo en interrumpir la huelga”, a la que calificó de “no productiva”. Oriundo de Simferópol, en Crimea, Sentsov se opuso en 2014 a la anexión de la península por Rusia y fue condenado a 20 años de cárcel por un tribunal ruso, que en 2015 lo declaró culpable de cometer un acto terrorista (conato de incendio de un local de una organización rusa en Simferópol) y de planear otro (la voladura de la estatua de Lenin en la misma ciudad). A favor de la liberación de Sentsov se han manifestado numerosos cineastas y personajes del mundo de la cultura, tanto rusos como extranjeros. Una de las posibilidades barajadas, y de momento fallidas, era su intercambio por alguno de los ciudadanos de Rusia encarcelados en Ucrania.

Las autoridades rusas consideran a Sentsov como “ciudadano ruso”, al margen de su voluntad y en virtud de las normas sobre ciudadanía adoptadas para Crimea tras la anexión del territorio ucranio. Además del Consejo de Europa, la madre de Sentsov había solicitado al presidente Vladímir Putin el indulto de su hijo. No obstante, Putin se mostró inconmovible y los portavoces del Kremlin han insistido en que el indulto se concede solo a petición del interesado. Este punto de vista no se ve confirmado por la ley rusa, que da poder al jefe del Estado para indultar a su albedrío.

Sentsov no consiguió la liberación de los presos ucranios, pero su decisión de interrumpir la huelga abre nuevos caminos, pues la pugna entre las autoridades rusas y el cineasta había desembocado en un callejón sin salida. El Estado ruso hubiera podido alimentar al cineasta por la fuerza manteniéndolo con vida en un estado muy precario o bien dejarlo morir. En cualquiera de los dos casos el escenario hubiera sido un remoto lugar apartado de las redes mediáticas y con una repercusión pública posiblemente más limitada, por ejemplo, que durante el campeonato Mundial de fútbol, celebrado el pasado verano en Moscú. En diversas ocasiones, el presidente Putin ha querido demostrar que, a la hora de decidir, no cede a las presiones exteriores. No obstante, ni él ni las autoridades de su país se hubieran librado (en caso de muerte del cineasta) de repulsas y condenas a añadir a las que ya se les hace en círculos políticos occidentales. En la lógica de no ceder a la presión exterior pero sentirse magnánimo ─a resultas de una decisión considerada o percibida como propia─ habría lugar ahora para un indulto.

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