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Tsipras culpa a Bruselas del ascenso de la extrema derecha

El líder griego exige respuestas efectivas frente a la crisis económica y migratoria

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, este martes en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo.rn Ampliar foto
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, este martes en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. AFP

El primer ministro griego, el izquierdista Alexis Tsipras, ha culpado este martes a las políticas dictadas desde Bruselas del ascenso de la extrema derecha y los movimientos xenófobos en Europa. El líder griego, que comparecía en el Parlamento Europeo solo tres semanas después de que su país haya puesto fin a ocho años de rescate y de intervención por parte de la troika (CE, BCE y FMI), ha alertado del riesgo de que la UE sufra “una crisis existencial” si no modifica su estrategia para afrontar crisis como la financiera o la migratoria.

“El fracaso de la UE en dar una respuesta democrática y efectiva a los desafíos actuales abocará de manera ineluctable al triunfo del nacionalismo y reavivará la rivalidad nacionalista”, señaló Tsipras durante su intervención en el pleno del Parlamento en Estrasburgo.

El primer ministro griego, que llevó al poder en 2015 al movimiento de izquierdas Syriza tras el colapso de las dos familias políticas tradicionales (socialistas y populares), auguró “un continente fragmentado, sin cohesión, sin papel en la escena internacional y sin futuro” .

Pocas horas después de los negros presagios de Tsipras el mismo hemiciclo vivía una tormentosa sesión que revelaba la frágil situación del club y de uno de sus principales puntales en 60 años de historia, el Partido Popular Europeo. Uno de los principales miembros de ese grupo, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, comparecía para defenderse de las acusaciones de poner de poner en riesgo gravemente los valores fundamentales de la UE, una acusación que coloca al PPE ante el delicado dilema de suspender o expulsar al partido de Orbán (Fidesz).

Tsipras cree que las políticas de austeridad impulsadas desde Bruselas y el descontrol migratorio vivido durante 2015 han alimentado la deriva autocrática y xenófoba de grupos como el de Orbán. Una corriente que gana adeptos por momentos, desde Suecia (donde la extrema derecha se convirtió en las elecciones generales del pasado domingo en la tercera fuerza más votada) hasta Italia, Austria, Polonia o Finlandia, donde fuerzas extremas ya forman parte de los respectivos gobiernos.

Las palabras de Tsipras recibieron la réplica, entre otros, de Esteban González Pons, vicepresidente primero del PPE en el Parlamento europeo. “La extrema derecha es tan peligrosa como la extrema izquierda”, señaló el español al primer ministro griego, único líder europeo procedente del ala más a la izquierda del actual arco parlamentario europeo.

Pons acusó a Tsipras de cometer “errores” tras su llegada al poder en 2015 que agravaron la situación económica, colocaron al país al borde de la expulsión de la zona euro y desembocaron en un tercer rescate. “Ahora tiene dos opciones”, señaló el eurodiputado del PP español. "Continuar por el camino de las reformas, que ha devuelto a Grecia a la senda de la prosperidad y el bienestar, o dejar que el populismo y el radicalismo se impongan de nuevo en su Gobierno".

El diagnóstico de Pons contrasta con la creciente estima de Bruselas hacia el primer ministro griego, valorado como un puntal de estabilidad en uno de los países más frágiles de la UE. Tsipras ha pasado de ser la bestia negra de las instituciones y foros comunitarios, en particular el Eurogrupo (ministros de Economía de la zona euro) a ser descrito como un “estadista” que ha logrado mantener a su país en la zona euro, ha planteado soluciones para resolver viejos conflictos regionales como el que mantenía Atenas con Macedonia y ha logrado navegar en una zona geoestratégica muy delicada y marcada por intereses de gigantes como Turquía o Rusia.

En las cumbres europeas, Tsipras asiste ahora regularmente a las reuniones de los líderes socialistas. Y en la más reciente, en junio, no dudó en alinearse con las tesis aperturistas de Angela Merkel en materias como la política migratoria, que enfrentan a la canciller alemana con miembros de su propia familia política como el ahora denostado Orbán.

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