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Adiós, amigo

Kofi Annan fue un hombre bueno. Que hizo muchas cosas por nosotros, los ciudadanos globales

kofi annan
Kofi Annan, en Ginebra, en 2006. EFE

Su persona irradiaba dignidad. Su porte, su voz, su mirada. Acababa de ser nombrado responsable de las operaciones de paz de la ONU. Le recibí en Sarajevo con enorme alegría. Nos conocíamos de antes y estaba seguro de que difícilmente hubiera encontrado un colaborador mejor. Los Balcanes era una de las operaciones más importantes de la comunidad internacional y la colaboración con las Naciones Unidas era fundamental. Trabajando juntos se cimentó una amistad que se mantendría para siempre. Poco después, el 1 de Enero 1997, Kofi Annan fue elegido secretario general de la ONU.

El inicio de su mandato no le fue fácil. Le correspondió suceder a Butros Ghali quien, polémicamente, fue vetado por Estados Unidos para su segundo mandato. Inmediatamente se hizo con las riendas de una organización que conocía bien, llegando a ser uno de los más valiosos secretarios generales que la organización ha tenido. Durante su mandato, la ONU fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz en 2001.

Ser secretario general de la ONU no es tarea fácil. Se espera de él lo que no puede dar; la Asamblea General y el Consejo de Seguridad se encargan de que muchas de sus aspiraciones no vean nunca la luz. No obstante, quiso que su primera iniciativa llevara por título Renovación de las Naciones Unidas, con el aliento suficiente para que continúe su desarrollo hoy. Y un año más tarde presentó al Consejo de Seguridad su gran informe sobre Las causas de los conflictos y la promoción de la paz duradera y el desarrollo sostenible en África.

No debemos olvidar que eran tiempos de grandes conflictos en África y Europa en que algunos llegaron incluso a ser calificados como genocidios. La cuestión de la intervención humanitaria presionaba con urgencia a la comunidad internacional. De las muchas reflexiones que aquellos días lideraba Kofi Annan, surgió el concepto de responsabilidad de proteger como obligación de los Estados y las organizaciones internacionales de intervenir cuando un Estado, por falta de capacidad o de voluntad, deja de proteger a sus propios ciudadanos. Fue un concepto rompedor, puede que incompleto, pero a finales del siglo XX se hizo un buen uso de él permitiendo el encauzamiento de algunos conflictos graves. Siempre me sentí muy solidario con Kofi Annan en esta materia que abrió las puertas para que más adelante se introdujera la idea de seguridad humana como guía para una política de pacificación.

Pero no solo el conflicto era una preocupación para el secretario general. El salto que dio la organización aprobando los Objetivos del Milenio al inicio del siglo fue extraordinario. Se pusieron sobre el tapete desde la ONU los grandes problemas globales que hoy sabemos que no tendrán solución si no es en un marco global. Abrir esos temas desde Nueva York fue una hazaña. Que no tiene marcha atrás. Ciertamente los lideres de aquellos momentos creían en la multilateralidad. Y para decir toda la verdad tuvo Kofi un buen valedor en la persona del entonces presidente Bill Clinton.

No todo fueron éxitos en el mandato de Annan. El que yo viví más pegado a él fue la intervención en Irak que dividió al Consejo de Seguridad, a la Union Europea, y a muchos países. Todos sus esfuerzos fueron insuficientes para frenar lo que nadie duda hoy que fue un gran error.

Después de cumplir su mandato siguió haciendo a través de la fundación que lleva su nombre, más o menos, lo que siempre hizo pero sin las responsabilidades de un cargo público. Seguí trabajando junto a él y esperaba verle pronto en la próxima reunión de la Comisión Internacional sobre la Droga de la que los dos formábamos parte.

Kofi Annan fue un hombre bueno. Que hizo muchas cosas por nosotros, los ciudadanos globales. Y que muchas más hubiera hecho si cuando era secretario general de la ONU hubiera encontrado el apoyo y reconocimiento que muerto él está recibiendo su nombre.

Descanse en paz, quien siempre como natural de Ghana llegó a ser uno de los ciudadanos globales de su época.

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