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Un misterio 64 años oculto bajo la nieve

Una exhaustiva investigación concluye que un cadáver hallado en 2005 corresponde a un esquiador desaparecido en la década de los cincuenta en la región italiana de Aosta

Imagen del esquiador francés Henri Le Masne, desaparecido en Italia en 1954.
Imagen del esquiador francés Henri Le Masne, desaparecido en Italia en 1954. EFE

Durante 64 años, la familia Le Masne se preguntó qué habría sido de uno de los suyos. Para celebrar su 35º cumpleaños, el 26 de marzo de 1954, Henri le Masne se fue de vacaciones solo, a la región italiana de Aosta, cerca de la frontera con Suiza. Nunca más se supo de él. Ahora, la policía italiana ha podido confirmar que los restos humanos hallados en 2005 junto al monte Cervino, a 3.100 metros de altitud, son los de Henri. Una identificación posible gracias a un auténtico trabajo detectivesco y a la movilización de las redes sociales, que en menos de un mes lograron que la noticia del misterioso esquiador llegara hasta los oídos de la familia.

Los investigadores contaban con varias pistas, pero no suficientes para identificar al “esquiador desconocido”, como lo llamaban. Una moneda de cinco liras hallada en la ropa del fallecido permitió determinar que la muerte no se produjo antes de 1946. Luego estaba el equipo encontrado junto a los restos humanos, que apuntaba a que la víctima, un hombre en la treintena, tenía una situación económica holgada y no era italiano, sino probablemente francés.

Para empezar, los esquís eran unos Rossignol Olympique número de serie 7200-210. Se trata, como señaló la policía italiana en un comunicado que lanzó por las redes sociales a finales de junio en italiano y en francés, de unos esquíes de alta gama que revelaban por una parte que su usuario era un esquiador experimentado y, sobre todo, que tenía suficiente poder adquisitivo para permitirse un material tan caro. El bastón de metal hallado a su lado confirmaba esa hipótesis, puesto que, señalaba la policía, era un “lujo en la época”, en la que muchos usaban los bastones más económicos de bambú.

Los esquís de Henri LeMasne, unos Rossignol Olympique.
Los esquís de Henri LeMasne, unos Rossignol Olympique.

Además estaba el reloj, un Omega de un modelo “destinado a las colonias francesas de Túnez, Argelia y Marruecos”, según lograron averiguar los investigadores por el número de referencia.
Cuando Emma Nassem escuchó en la radio la historia de la policía italiana que pedía ayuda para identificar a un misterioso esquiador fallecido en los años cincuenta, pensó en su tío Henri, desaparecido en esa época en la misma zona, y alertó a la familia. El padre de Emma, Roger le Masne, de 94 años, escribió inmediatamente a la policía italiana manifestándole su sospecha de que podría tratarse de su hermano mayor. Según explicó, Henri era un hombre “soltero y un personaje bastante independiente. Trabajaba en el Ministerio de Finanzas de París”. Él mismo viajó tras la desaparición de su hermano hasta el hotel de montaña donde había reservado una habitación para 15 días. Allí le dijeron que Henri había salido a esquiar el 26 de marzo de 1954 y nunca regresó.
La policía italiana le pidió fotografías. Roger le Masne les envió rápidamente la primera prueba que convenció a los investigadores: “Les mandé una foto donde aparece con sus gafas y la policía reconoció las lentes que habían sido encontradas” junto a los restos, explicó el anciano a la emisora France Inter. Unas pruebas de ADN realizadas con una muestra de saliva de Roger confirmaron la identidad. El cuerpo que permaneció medio siglo enterrado bajo la nieve y que se tardó 13 años en identificar desde el hallazgo de sus restos era el de Henri Joseph Leonce le Masne.

Ahora, su familia espera que las autoridades italianas les devuelvan los restos de Henri para enterrarlo con los suyos. “Vamos a poder organizar un funeral familiar católico, como lo hemos hecho siempre en nuestra familia, pero que es algo que no podíamos hacer mientras no se encontrara el cuerpo”, explicó Roger en la radio. Las autoridades italianas les han advertido de que el proceso podría durar aún unos meses, pero eso es algo que ya no le preocupa. “Después de 64 años, dos meses más no importan”.

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