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Imran Khan se proclama ganador de las elecciones en Pakistán

Con el 49% de votos escrutados, su partido encabeza el recuento. El retraso en anunciar el resultado alienta las denuncias de fraude

Elecciones en Pakistan
Khan, en una comparecencia este jueves. REUTERS

Imran Khan, el líder del partido más votado en las elecciones del pasado miércoles en Pakistán, se ha proclamado ganador sin esperar al anuncio oficial del resultado. “Tuvimos éxito y recibimos un mandato [para gobernar]”, ha declarado este jueves en un mensaje televisado. Aunque las proyecciones apuntan a que el Movimiento por la Justicia (PTI) encabeza los resultados (120 escaños frente a los 61 de su rival, con la mitad de los votos escrutados), aún queda lejos de la mayoría, lo que le obligaría establecer una coalición con independientes u otros grupos.

“Dios me ha dado una oportunidad de cumplir mi sueño”, ha asegurado Khan, leyenda del críquet paquistaní y antiguo playboy, en un discurso salpicado de referencias religiosas. El líder del PTI ha prometido cumplir sus promesas electorales de preocuparse por los más débiles y ha recordado que su modelo es “el estado de bienestar establecido en Medina en tiempos del profeta”, según él, el primero del mundo. Entre los sectores de su atención prioritaria ha mencionado los agricultores (“que no ganan lo suficiente para alimentar a sus hijos”), los jóvenes, las mujeres, los emigrantes y las minorías.

“Voy a gobernar Pakistán de una forma nueva”, ha resumido antes de prometer dedicar el dinero disponible al desarrollo humano. También ha reconocido que eso exige mantener buenas relaciones con los países vecinos. “Estoy dispuesto a mejorar las relaciones con India. Si ellos dan un paso [en ese sentido], nosotros daremos dos”, ha dicho sin elaborar. Nadie duda de que la enemistad con Nueva Delhi, que ha motivado cuatro guerras, subyace a muchos de los problemas paquistaníes (alto gasto militar, apoyo a grupos terroristas, etc.). Sin embargo, ese es un dosier, que como la defensa y la política exterior, en general, controla el Ejército, verdadero poder en la sombra.

Khan ha hecho un llamamiento a la unidad de todos los paquistaníes, tendido la mano a sus rivales políticos (“no habrá venganzas”) y subrayado que las pasadas elecciones “han sido las más libres y limpias de la historia”. Sin embargo, al terminar su comparecencia y a punto de cumplirse 24 horas del cierre de los colegios electorales, la Comisión Electoral seguía sin comunicar los resultados finales de los comicios, una situación que veteranos periodistas paquistaníes calificaban de inusitada.

El retraso, atribuido a “un fallo técnico”, no ha hecho sino aumentar las sospechas de manipulación, tras una campaña enturbiada por las acusaciones de una interferencia inusitada del Ejército, verdadero detentor del poder desde la fundación de Pakistán en 1947, en favor del PTI. Ya desde la noche del miércoles, la hasta ahora gobernante Liga Musulmana de Pakistán (PML) había dicho la víspera que no iba a reconocer los resultados debido a las irregularidades "obvias y generalizadas".

“No hay conspiración, ni presiones para que se retrasen los resultados. La demora se debe a que se ha caído el sistema de transmisión de los datos”, salió al paso de madrugada el secretario de la Comisión Electoral, Babar Yaqoob, ante la prensa.

El responsable ha sido incapaz de adelantar cuándo se haría el anuncio. Con el 49 % de los votos escrutados, el PTI obtiene 120 escaños, el PML 61 y, el tercer gran partido nacional, el Partido Popular de Pakistán (PPP), 40, según los últimos datos compilados por el diario Dawn (la web de la Comisión Electoral solo ofrece de momento información segregada por circunscripciones). Los analistas advierten de que las cifras pueden resultar engañosas en un país con 106 millones de potenciales votantes desigualmente divididos entre sus cuatro provincias autónomas y la capital federal, Islamabad. Los primeros resultados que suelen llegar a la Comisión son los de las provincias menos pobladas como Baluchistán (unos cinco millones de electores) o Khyber-Pakhtunkhwa (17 millones), frente a los 55 millones de Punjab, región clave y feudo tradicional del PML, donde se libra la principal batalla electoral.

Aunque el tirón popular del PTI es innegable, resulta muy difícil evaluar su respaldo global. Durante la visita de esta corresponsal a media docena de colegios electorales en Islamabad, Rawalpindi y un distrito rural de Khyber-Pakhtunkhwa, no se detectó irregularidades notables, aunque era evidente que los simpatizantes del PTI exhibían abiertamente símbolos del partido incluso dentro de ellos y, en un caso, una activista de ese partido había dirigido el voto de un grupo de mujeres iletradas. Pero estas prácticas son también habituales en otras zonas del país donde otros grupos pueden tener mayor peso.

El recuento de los votos se inició el propio miércoles nada más cerrarse los colegios electorales, en esos mismos centros. Los presidentes de mesa debían comunicar los resultados al responsable de su colegio quien, a través de una aplicación de móvil preparada al efecto, debía comunicar los resultados a la Comisión Electoral antes de las dos de la madrugada. Mientras, los votos físicos, protegidos por el Ejército, se trasladaban a esa sede para su consolidación tras un nuevo recuento. Si coinciden, se dan por definitivos. Si hay discrepancias, se revisan.

Desde antes de que el proceso quedara interrumpido, representantes de seis partidos en varios colegios denunciaron que habían sido expulsados del recuento y que los encargados del mismo se habían negado a facilitarles los resultados, según aseguró el conocido periodista Hamid Mir en la cadena Geo.

La pataleta del PML, cuyo líder, Nawaz Sharif, fue encarcelado una semana antes de las elecciones, va más allá del enfado del perdedor. De sus protestas se han hecho eco diversas organizaciones de la sociedad civil y numerosos periodistas. Talat Hussain, presentador de uno de los magazines estrella de Geo, confió a EL PAÍS que, tras censurarle varios reportajes, los responsables de la cadena habían decidido dejar de emitir en directo su programa, Naya Pakistán. La medida sigue al bloqueo de la emisora durante varias semanas el pasado abril. Su temor, como el de otros analistas, es que el descontento produzca un estallido de violencia.

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