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Los comicios han legitimado a varios grupos extremistas en Pakistán

La Comisión Electoral aceptó la participación de candidatos vinculados con el terrorismo

Miembros de los servicios de seguridad paquistaníes inspeccionan el lugar de un atentado en Quetta (Pakistán) el 25 de julio de 2018.
Miembros de los servicios de seguridad paquistaníes inspeccionan el lugar de un atentado en Quetta (Pakistán) el 25 de julio de 2018. EFE

Al menos 1.500 de los 11.673 candidatos que concurrían a las elecciones de este miércoles en Pakistán pertenecen a partidos extremistas religiosos. Los activistas de derechos humanos han criticado que algunos de los grupos que han sido aceptados son nuevos nombres para organizaciones que ya estaban prohibidas por sus vínculos con el terrorismo. Más grave aún, algunos de los partidos principales no han tenido empacho en cortejarles durante la campaña pensando en aprovechar sus votos ante un escrutinio que se presenta especialmente reñido.

El caso más llamativo es el del Movimiento Allah-o-Akbar que, según todos los indicios, es otro nombre para la Liga Musulmana Milli, un grupo prohibido en Pakistán debido a su asociación con Hafiz Saeed. Este clérigo se encuentra en la lista de terroristas de la ONU por su vinculación con los atentados de Bombay de 2008. EE UU ofrece 10 millones de dólares (8,5 millones de euros) a quien ayude a capturarlo. Allah-o-Akbar ha hecho campaña con la imagen de Saeed.

La Comisión Electoral del país asiático ha permitido que se presenten tres candidatos de ese grupo (Muhammad Ashraf, Zafar Iqbal y Ehsan Ranjha) que aparecen en una lista de la ONU de presuntos terroristas. El partido apoya la controvertida de ley de blasfemia, que ampara el asesinato de cualquiera a quien se acuse de insultar al islam o a su profeta.

Los asociados con Ahl-e-Sunna Wal Jamaat están prohibidos por ser el ala política de Lashkar-e-Jhangvi, un grupo aliado con Al Qaeda y el Estado Islámico, (ISIS en sus siglas inglesas) y responsable del asesinato de centenares de chiíes. Antes se llamó Sipah-e-Sahaba, una escisión del protalibán Jamiat-e-Ulema Islam.

“Los grupos extremistas nunca han obtenido resultados significativos en unas elecciones”, asegura Firaz Ahmed, especialista en partidos religiosos del diario Dawn. Sin embargo, otros analistas estiman que con su participación en el proceso electoral ganan legitimidad pública y crean espacio para su narrativa extremista gracias a los guiños tanto del Movimiento por la Justicia como de la Liga Musulmana de Pakistán.