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Los demócratas apoyan la represalia pero piden una estrategia clara en Siria

Demócratas y republicanos cerraron filas en torno al presidente en el ataque de hace un año. Esta vez, tampoco se cuestiona la ofensiva, pero se pide el paso previo al Congreso

ataque Siria
Donald Trump, este miércoles en la Casa Blanca. EFE

Las formas de Donald Trump repelen a los demócratas y a los suyos, los republicanos, incluso a los más halcones. Pero en Washington no hay, en general, oposición a una operación de represalia contra el régimen de Bachar el Asad, al que la comunidad internacional acusa de haber atacado de nuevo con armas químicas a la población civil. Republicanos y demócratas coincidieron en la necesidad de responder a las acciones del régimen sirio, aunque los últimos recalcaron que Trump debe ofrecer una estrategia clara y una reacción limitada que evite una escalada bélica mayor.

Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado, afirmó esta noche que una "precisa y limitada acción para castigar y disuadir a Assad de hacer esto de nuevo es apropiada", si bien añadió que "la Administración tiene que tener cuidado de no llevarnos a una guerra mayor con Siria". Nancy Pelosi, su homóloga en la Cámara de Representantes, también concedió que la ofensiva del régimen contra la población civil requiere una respuesta "fuerte, inteligente y calculada".

Aun así, advirtió de que, de todos modos, "una noche de bombardeos no reemplaza una estrategia clara y completa sobre Siria". Además, recalcó que el presidente debía pedir autorización al Congreso. Para otros, como Tim Kaine, excandidato a la vicepresidencia con Hillary Clinton, este fue motivo para tildar de "ilegal" el ataque.

El de la autorización de las cámaras el mismo pero que le pusieron hace un año, que no haya habido paso previo por la Cámara. No lo hubo hace un año ni ahora, pero esta vez Washington ha actuado de forma coordinada con países aliados como Francia y Reino Unido, algo que también echaron de menos en 2017. Pese a esta alianza final, el proceso desde que se produce el presunto ataque químico hasta la respuesta de EE UU ha resultado mucho más caótico.

El miércoles, al filo de las siete de la mañana, Trump publicó un mensaje en su cuenta de Twitter lleno de gasolina y frivolidad: “Rusia promete derribar todos y cada uno de los misiles contra Siria. Prepárate, Rusia, porque lo que vendrán serán [misiles] bonitos, nuevos e inteligentes. ¡No deberíais ser socios de un animal que mata con gas a su gente y lo disfruta!”.

No hay forma de encajar el talante incendiario de Trump —a veces rayano en el matonismo— en la vida política de Washington. Al final, según la información disponible de madrugada, había triunfado la opción de un bombardeo muy limitado a instalaciones muy específicas. Los líderes republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado, Paul Ryan y Mitch McConnell, respectivamente, celebraron el ataque sin ambages. Pero para muchos republicanos, incluidos pesos pesados como el senador John McCain, excandidato presidencial y héroe de guerra, la errática política exterior de Trump preocupa.

Porque hace apenas una semana Trump anunciaba su deseo de abandonar Siria cuanto antes -“Quiero salir. Quiero traer a nuestras tropas de vuelta”, dijo- , pero sus asesores le advertían de que un repliegue brusco y prematuro podría reactivar al Estado Islámico y permitir una mayor influencia de Irán. EE UU quiere evitar la repetición del fracaso de Irak. El Trump de hace 10 días ya no es el de esta semana. Y el Trump del lunes tampoco es el del viernes, cuando pasó de casi anunciar por su cuenta el bombardeo a aguardar a la respuesta coordinada con Francia y Reino Unido

El republicano Bob Corker, senador por Tennessee, ya defendió este miércoles la necesidad de “bombardeos quirúrgicos” contra el régimen sirio, pero lamentó el modo en el que el presidente de Estados Unidos está gestionando el preludio de la respuesta. “Ahora estamos anunciando lo que vamos a hacer y eso desgraciadamente nos pone en una situación en la que posiblemente se crea un conflicto mayor”, lamentó el senador, que preside el Comité de Relaciones Exteriores.

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