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Macron alerta sobre el terrorismo autóctono tras el peor ataque de su presidencia

“Desde hace unos meses tenemos una amenaza llamada endógena”, ha dicho el presidente francés tras el peor atentado desde que llegó al Elíseo en mayo de 2017

Macron en la sede del Ministerio del Interior francés este viernes.

El presidente francés, Emmanuel Macron, alertó el jueves sobre la amenaza para Francia de un terrorismo que ya no procede de países lejanos sino del propio territorio francés, y que ha tenido en el atentado de Carcasona y Trèbes, en el sur el país, su último ejemplo. “Desde hace unos meses tenemos una amenaza llamada endógena”, dijo Macron en una de las dos declaraciones públicas sobre el peor atentado desde que llegó al Elíseo en mayo de 2017. “Muchos individuos que se han radicalizado solos, con perfiles psicológicos variados, alguno con patologías”.

El atentado, perpetrado por Radouane Lakdim, un hombre de origen marroquí con antecedentes de pequeña delincuencia y reivindicado por el Estado Islámico, dejó cuatro muertos —incluido el terrorista— y 16 heridos, según los datos que ofreció el propio presidente en la sede del Ministerio del Interior. Es el peor de un mandato presidencial que, hasta ahora, ha evitado los grandes atentados como los que sacudieron Francia en los años del presidente François Hollande. El anterior ocurrió el 2 de octubre cuando un hombre mató con un cuchillo a dos mujeres en la estación de tren de Marsella.

Nada comparable, sin embargo, a los ataques de 2015 —el atentado en enero contra el semanario Charlie Hebdo y contra el supermercado kosher Hyper Cacher; y los múltiples atentados en París y alrededores en noviembre del mismo año— o el de Niza en julio de 2016. Centenares de franceses murieron en estos ataques de grandes dimensiones, muy distintos, en la forma y la organización, de los ocurridos en el último año, atentados perpetrados por hombres que actuaban por su cuenta, algunos sin un perfil ideológico muy definido ni una organización detrás.

Macron no dudó en usar la expresión "terrorismo islámico" —vetada por ejemplo en la Casa Blanca de Barack Obama— para referirse al atentado. En una primera comparecencia en Bruselas antes de regresar a París, definió esta "nueva amenaza, que sigue siendo elevada" de la siguiente manera: “Puede tener vínculos con Daesh [otra denominación para el Estado Islámico] u otras fuerzas exteriores en relación con el terrorismo islamista. Pero, y soy prudente porque la investigación comienza ya no estamos en una situación como hace dos o tres años ante ofensivas realizada desde la zona iraquí-siria contra nuestro territorio, y construidas en la zona iraquí-siria”.

El patrón del ataque en Carcasona y Trèbes es parecido al de otros ataque recientes. Jean-Charles Brisard, presidente del laboratorio de ideas Centro de análisis sobre el terrorismo (CAT), señala en Le Figaro algunas de estos rasgos comunes: un individuo que actúa solo, conocido como pequeño delincuente pero no como yihadista y que se fija como objetivo del ataque las fuerzas del orden, cuyos miembros son víctimas del 67% de la violencia terrorista en Francia.

El perfil del delicuente reconvertido en yihadista es frecuente en Francia, como explica el periodista David Thomson en su libro Les revenants (un juego de palabras entre los que regresan y los fantasmas). "Algo que favorece aún más la dinámica de yihadización de la delincuencia es que logran poner de acuerdo con el islam un modo de vida delictivo o criminal desde el punto de vista republicano", escribe Thomson. "La predisposicion a la radicalización religiosa es así, por naturaleza, más fuerte que la media en los ambientes del pequeño bandisitmo, pero también en prisión".

Las prisiones son uno de los objetivos del plan que el Gobierno francés ha puesto en marcha para frenar la radicalización de ciudadanos y residentes en este país. Más de mil presos están bajo vigilancia por radicalización. El otro frente del plan son las escuelas. Al mismo tiempo, Francia se prepara para el retorno de franceses que a partir de 2012 partieron hacia Siria e Irak para combatir con el Estado Islámico. En febrero habían regresado 323, de los que 68 eran menores.

La relativa calma de la presidencia de Macron en el frente antiterrorista, como mínimo en contraste con su predecesor, no ha impedido el mantenimiento, hasta el pasado noviembre, del discutido estado de excepción decretado tras los atentados de noviembre de 2015, ni su substitución por una ley antiterrorista que mantiene algunas de las principales medidas del estado de excepción. También ha mantenido, con pequeñas modificaciones, la llamada Operación Centinela, el despliegue de 10.000 militares por el territorio francés.

Macron, que llegó al poder con 39 años sin experiencia en el ámbito de la seguridad, quiso dejar claro que en política antiterrorista mantendría la política de mano dura. El jueves, reaccionó a los ataques de Carcasona y Trèbes con un mensaje solemne a la nación.

"Quiero decir a la nación entera mi determinación absoluta y la del primer ministro y el Gobierno para llevar a cabo esta lucha", dijo. "Invito a cada uno de nuestros conciudadanos a ser conscientes de la amenaza terrorista, pero también de la fuerza y la resistencia que nuestro pueblo ha demostrado cada vez que ha sido atacado".

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