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Xi inicia su segundo mandato con un poderoso aliado como vicepresidente

Wang Qishan, exresponsable de la lucha contra la corrupción, es el nuevo 'número dos' de China

Wang Qishan y Xi Jinping, este sábado en Pekín.

Quien quiso pudo pensar que el cielo señalaba a su manera la nueva era de Xi Jinping. Nevaba por primera vez en Pekín tras un largo invierno de sequía. En la tierra, los diputados de la Asamblea Nacional Popular aprobaban por unanimidad renovar el mandato del presidente, con 2.970 síes. Ni un solo voto en contra, ni un solo voto en blanco. Los legisladores también acataron los deseos de Xi al nombrar como vicepresidente al gran aliado político del presidente, Wang Qishan. Wang, que tendrá a su cargo la delicada labor de las relaciones con Estados Unidos y la lucha contra la corrupción, recibió un solo voto en contra. Al anunciar los resultados, la salva de aplausos sonó con acento norcoreano.

En el inmenso auditorio del Gran Palacio del Pueblo, Wang, que dirigió la comisión contra la corrupción en el Partido Comunista durante el primer mandato de Xi, se inclinó dos veces ante los diputados y estrechó la mano del presidente cuando se anunció el resultado de la votación. Wang sustituye como número dos a Liu Yuanchao, un hombre que no ha dejado huella en el cargo.

La sesión de nombramiento de los cargos concluyó con una ceremonia de jura de la Constitución, una novedad en el procedimiento. En la práctica, equivale a jurar lealtad al Partido y a Xi, cuyo liderazgo e ideología respectivamente han quedado inscritos en la Carta Magna tras la reforma de la semana pasada.

Hasta ahora, el cargo de vicepresidente en China era poco más que simbólico, o se utilizaba como puesto de transición para que los futuros presidentes se fueran preparando para el mando. Esta vez, no. El nombramiento de Wang, de 69 años y que en teoría se había retirado de la política activa en octubre tras la inauguración del 19 Congreso del Partido, representa una ruptura del gobierno de Xi Jinping con las convenciones políticas que imperaban hasta ahora. Otra más, tras lograr que la semana pasada la Asamblea eliminara los límites temporales a su mandato.

“Xi Jinping es ahora un superpresidente. Y Wang Qishan será un súper vicepresidente”, opina el comentarista político independiente Wu Qiang.

Como muchos otros analistas, Wu da por seguro que el papel de Wang no se limitará a las meras funciones de representación. Como hasta ahora, la gran “eminencia gris” del sistema seguirá ejerciendo de consejero político y de puente entre Xi y los grupos de interés de las grandes familias del régimen.

Pero también verá ampliadas sus funciones. Es de prever que, de algún modo, continúe al frente de la campaña contra la corrupción que ha caracterizado la primera legislatura de Xi y castigado a 1,5 millones de funcionarios del Partido Comunista. En este segundo mandato, la campaña va a institucionalizarse tras la creación de una nueva Comisión Nacional de Supervisión, que contará con amplios poderes.

Hábil diplomático y con amplios contactos internacionales gracias a su papel como vicepriministro en la era de Hu Jintao, cuando dirigió las conversaciones comerciales con Washington, retomará las riendas de la relación con Estados Unidos en un momento especialmente delicado. La Administración del presidente Donald Trump amenaza con imponer fuertes aranceles contra China, y desatar con ello una guerra comercial entre las dos principales economías del mundo que puede extender sus consecuencias al resto del mundo.

Historiador de carrera, los lazos de Wang con Xi Jinping se retrotraen a la época de la Revolución Cultural, cuando ambos eran jóvenes enviados al campo a reeducarse y acabaron viviendo en aldeas relativamente cercanas.

Tras la muerte de Mao, Wang se convirtió en un experto en reforma agraria, algo que le llevó al campo económico. Cada vez más especializado en esa área, fue escalando puestos como responsable de la política económica de la Administración, donde pronto adquirió fama de hombre resolutivo. Su capacidad de solucionar problemas —estuvo al frente del equipo encargado de la respuesta china a la crisis financiera de 2008— le ganó incluso el apodo de “El Bombero”.

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