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El incierto destino de los ‘cachorros’ y las esposas del ISIS

Unas 50 mujeres de yihadistas con nacionalidad extranjera han sido recluidas en campos de desplazados al norte de Siria junto a sus hijos menores a la espera de ser repatriadas o juzgadas.

Dos mujeres sirias caminan por la ciudad de Raqa el 16 de enero de 2018.
Dos mujeres sirias caminan por la ciudad de Raqa el 16 de enero de 2018. AFP

Las denominadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), un compendio de milicias kurdas y árabes respaldado por Estados Unidos, han capturado a miles de yihadistas del ISIS. Pero también tienen cautivas a unas 50 mujeres extranjeras esposas de combatientes del grupo extremista con sus hijos menores. Estas se encuentran recluidas en el campo de refugiados de Ein Issa, controlado por los kurdos y donde se agolpan más de 8.000 civiles desplazados que huyeron de los combates en Raqa, que fue la capital Siria del ISIS hasta que cayó en octubre pasado. “No tenemos recursos para construir un campo específico para estas mujeres y sus hijos, pero ante las quejas de los desplazados, esta semana se les ha separado del resto con verjas”, cuenta al teléfono Mustafa Bali, portavoz de las milicias FDS.

Las esposas de los yihadistas del ISIS, y en particular sus niños pequeños, representan el mayor desafío legal y moral para sus países de origen. El centro de análisis The Soufan Group eleva a más de 5.000 las mujeres y críos tanto de Occidente como del resto del mundo que vivieron en el califato. Al menos 2.000 menores de entre nueve y 15 años han sido entrenados y bautizados como los cachorros del ISIS, la mayoría extranjeros. De entre las 320 francesas que viajaron a Siria e Irak para sumarse a la yihad, sobresale el caso de Emilie König, de 33 años. Hace un lustro, esta antigua camarera dejó a dos hijos menores en Francia y viajó a Siria. Según los servicios de inteligencia franceses, la joven se convirtió en una pieza clave en el adoctrinamiento y reclutamiento de nuevos peones para la llamada guerra santa, siendo una de las dos únicas europeas inscrita en la lista de los terroristas más buscados por el Departamento de Estado norteamericano.

La segunda es la británica Sally Jones, una excantante punk más conocida ahora como la viuda blanca y alto cargo de las jansa (la rama femenina de la policía religiosa del ISIS), que falleció en un ataque con drones de la coalición en Siria el año pasado. Su hijo Yoyo, de 12 años, sobrevivió a su progenitora a juzgar por los vídeos difundidos tras el anuncio de la muerte de Jones. Las imágenes en las que el adolescente asesina, pistola en mano, sonriente y determinado, a un prisionero ante las cámaras del ISIS dieron la vuelta al mundo. A su lado, otros chavales mataban a otros reos.

El director del Comité de la Cruz Roja para Oriente Próximo, Patrick Hamilton, ha expresado su preocupación por cómo se extiende en el discurso público la conveniencia de “aniquilar a los enemigos que aún permanecían en pie”. En un informe reciente, la organización Human Rights Watch (HRW) ha criticado el trato hacia unas 1.400 mujeres y niños extranjeros vinculados al ISIS prisioneros del Ejército iraquí, así como de 200 varones extranjeros apresados en la toma de Mosul y hoy en paradero desconocido.

El mes pasado, la francesa König pidió clemencia y perdón desde la misma celda siria desde la que solicitó ser repatriada. Las autoridades francesas respondieron que las milicias kurdo-sirias FDS tienen instituciones adecuadas para juzgarla.

“El retorno de mujeres y niños de yihadistas ((que están)) en Siria e Irak será estudiado caso por caso”, dijo posteriormente el presidente francés, Emmanuel Macron. Los franceses constituyen, con 1.910 combatientes, el grupo más numeroso entre los 6.000 yihadistas europeos contabilizados por el centro de análisis Soufan Group. Igualmente cuenta con el número más elevado de menores (460) y mujeres (320).

En cuanto a España, se calcula que 21 mujeres han viajado a Siria e Irak para sumarse a la yihad en los seis años desde que empezó la guerra en Siria. Es el caso de Habiba, de origen magrebí y madre de cuatro. El portavoz de las milicias FDS asegura que es una de las 50 extranjeras recluidas en el campamento de desplazados de Ein Issa. “La apresaron cuando intentaban huir de Raqa camuflados entre un grupo de ((civiles ajenos al ISIS) desplazados”, asegura el periodista sirio Cemal Bali en una conversación telefónica desde el norte del país. “Su marido murió en los combates y su hijo mayor se sumó al ISIS, así que dice haber quemado sus pasaportes españoles antes de huir”, añade tras un encuentro con Habiba.

Mientras König sigue prisionera en Siria, y la muerte de la viuda blanca ha evitado los espinosos dilemas legales y morales al Gobierno británico, el Ejecutivo iraquí anunció la semana pasada la primera condena a muerte de una yihadista europea, una alemana de origen magrebí. El que las autoridades europeas dejen en manos de entidades no reconocidas como Estados, como las milicias de las FDS, o de países como Irak, donde está en vigor la pena de muerte, ha desatado las críticas de organizaciones defensoras de los derechos humanos.

Al menos 92 condenados por jueces del Kurdistán iraquí o del resto de Irak han sido ejecutados desde 2014 reza otro informe de HRW. Agnès S. Callamard, miembro del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, defendió la necesidad de juicios transparentes para los yihadistas recordando que: “Lo hicimos después de la Segunda Guerra Mundial ((en referencia a los juicios de los prisioneros nazis en Núremberg)). No teníamos otra opción entonces, no tenemos otra ahora”.

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