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OBITUARIO

Fallece Arseni Roginski, disidente soviético y fundador de la ONG rusa Memorial

La comunidad de intelectuales que analiza el estalinismo y advierte de sus trampas y residuos en la actualidad ha sufrido una dura pérdida con la desaparición del historiador

Arseni Roginski en un acto en Moscú el pasado 13 de diciembre.
Arseni Roginski en un acto en Moscú el pasado 13 de diciembre. AFP

La comunidad de intelectuales que analiza el estalinismo y advierte de sus trampas y residuos en la actualidad ha sufrido una dura pérdida con la desaparición del historiador Arseni Roginski, fallecido el lunes a los 71 años de edad en Israel, donde desde hace varios meses seguía un tratamiento oncológico. Roginski estaba al frente de la junta directiva de Memorial, entidad que fundó con otros correligionarios en 1988-89. Por su capacidad para identificar problemas y objetivos, era sin duda la figura central de esta institución dedicada a la preservación de la memoria histórica y defensa de derechos humanos.

Roginski había nacido en el norte de Rusia (Velsk, en la provincia de Arjángelsk) adonde su padre, ingeniero en Leningrado, había sido “desterrado a perpetuidad” tras ser represaliado y condenado a una pena de cárcel en 1938. 

Roginski estudió Historia y Filología con el maestro Iuri Lotman en la universidad de Tartu (en la república soviética de Estonia), donde estableció contactos con otros intelectuales críticos de la URSS. De 1968 a 1981, trabajó en una biblioteca pública de Leningrado y dio clases de lengua y literatura rusa en una escuela nocturna. De 1975 a 1981, organizó la edición clandestina de textos históricos en la publicación Pamiat

Despedido del trabajo por exigencia del KGB, sufrió dos registros domiciliarios, fue detenido en 1981 y condenado a cuatro años de cárcel, tras ser declarado culpable de falsificar documentos y de difundirlos en publicaciones antisoviéticas. Liberado en 1985, fue totalmente rehabilitado en 1992. En el marco de Memorial, fundó el centro de información y divulgación científica, que posee una importante colección de documentos históricos, entre ellos memorias y testimonios de los represaliados del Gulag. Roginski fue también el autor de la idea “el retorno de los nombres”, un impresionante y cada vez más masivo evento anual en el que los ciudadanos se turnan a lo largo de toda una jornada en la plaza de la Lubianka de Moscú para leer frente a un micrófono los nombres de represaliados del estalinismo.

En 2008, en un coloquio internacional en Moscú, Roginski constataba la fragmentación de la memoria histórica rusa, donde la justificación y enaltecimiento de Stalin coexisten con el reconocimiento de crímenes. El historiador consideraba que esta concepción no responde a una voluntad de idealizar a Stalin, sino que es un efecto colateral de otro problema no resuelto, a saber “la afirmación de que el poder del Estado tiene siempre razón y que el poder está por encima de todos los juicios morales o jurídicos”. Los intereses del Estado en Rusia, señalaba, “están por encima de los intereses de la persona y de la sociedad, por encima de la moral y del derecho”.

Roginski se ha convertido en una “gran figura de la historia moderna de su país” por “su acción personal, su lucha contra el régimen totalitario en los tiempos soviéticos y su contribución diaria al desarrollo de una sociedad civil robusta en la Rusia moderna y libre”, manifestó el secretario del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland.