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China proclama la era de Xi Jinping y lo equipara con Mao

El Congreso del PCCh aprueba por unanimidad la inclusión del denominado 'pensamiento Xi' en la Constitución del partido

El presidente chino Xi Jinping este martes. REUTERS-QUALITY

El presidente Xi Jinping lo ha conseguido. Ya es, oficialmente, el hombre con más poder de China en décadas. Su nombre, y su filosofía, han quedado inscritos en la Constitución del Partido Comunista, al mismo nivel que el mismísimo Mao Zedong (fallecido en 1976).

El secretario general del Partido, presidente de la Comisión Central Militar y jefe de Estado encabezó este martes la clausura del 19º Congreso del Partido Comunista en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín.

El oficialmente denominado Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era pasará a estudiarse en las escuelas y formar parte de las “guías de acción” que debe seguir todo buen comunista chino. O todo aquel que quiera llegar a algo en la nueva gran potencia.

Un 'pensamiento' que se resume en “el gran sueño chino de rejuvenecimiento de la nación”: la vuelta de China al papel de líder mundial, sea en el terreno económico, político o militar.

Hasta ahora, únicamente los dos grandes líderes de la República Popular de China, Mao Zedong y Deng Xiaoping, fallecido en 1997, habían recibido el honor de que su nombre figurara en el documento. Pero solo Mao lo disfrutó en vida. Y solo Mao veía reconocida su filosofía como 'pensamiento'; las ideas de Deng únicamente eran catalogadas como “teoría”. Ahora, Xi ha igualado al Gran Timonel. Muy lejos quedan sus dos predecesores vivos, Jiang Zemin y Hu Jintao: aunque los dos lograron incluir sendos preceptos suyos, sus nombres no se mencionan.

El orden del día de este martes para los 2.300 delegados, nombrar un nuevo Comité Central para el partido que, en China, es más importante que el propio Estado; también, aprobar los trabajos de la Comisión Central para la Inspección de la Disciplina, el órgano encargado de la lucha contra la corrupción.

Y aprobar las enmiendas constitucionales. Además de su propio nombre, Xi ha conseguido que se incluyan en el documento base del partido su campaña contra la corrupción y su Nueva Ruta de la Seda, el plan de conexión de China con Europa y África a través de redes de infraestructuras.

“¿Hay alguna objeción?”, preguntó Xi Jinping. “¡Mei You!” (“¡No hay!”), le respondieron, en cada ocasión, siete voces; las de los grandes del Partido. La última, el “No hay” final, el suyo.

Los participantes en el congreso del PCCh escuchan la 'Internacional'.
Los participantes en el congreso del PCCh escuchan la 'Internacional'. AFP

“Hoy se ha anunciado el comienzo de la era de Xi”, considera el historiador y analista político chino Zhang Lifan. “Es la única persona, además de Mao, que ha logrado introducir su filosofía en los estatutos del partido en vida…. Además, hay que tener en cuenta el nombre de la teoría, 16 ideogramas en mandarín. Jiang Zemin y Hu Jintao ya mencionaron ‘una nueva era’. ‘Socialismo con características chinas” es una idea de Deng Xiaoping. ‘Pensamiento’ nos retrotrae a Mao. Xi los agrupa a todos en una filosofía que lleva su nombre”.

Los analistas dan por seguro que, con todo su poder consolidado definitivamente, el jefe de Estado, de 64 años, continuará al frente del país más allá de 2022, cuando según las normas tácitas o explícitas del régimen debería retirarse por edad. Pero, una vez equiparado a Mao, es irrelevante el hecho de que conserve sus títulos o no: sea quien sea quien ocupe el puesto, siempre será él, con el estatus de gran emperador moderno, quien tendrá la última palabra. Ya ocurrió con Deng, el gran poder en la sombra hasta su muerte, aunque su único título oficial para entonces fuera el de presidente honorario de la Federación china de Bridge.

“Va a ser el nuevo Gran Timonel, el gran arquitecto que llevará a China a ser una ‘fuerte potencia socialista’ para 2050 o antes. Para entonces, China también será una superpotencia capaz de desafiar a EEUU”, apunta Willy Lam, de la Universidad China de Hong Kong. “Pero desde una perspectiva más amplia, esto marca un gran retroceso para la política china: un gran paso atrás a los días oscuros de gobierno de un solo hombre bajo la dictadura de Mao Zedong”.

La sesión también designó a los nuevos miembros del Comité Central del Partido, el tercer nivel de la jerarquía comunista. 376 personas -204 fijos y 176 suplentes- que mañana, miércoles, nombrarán de entre sus filas a los 25 miembros del Politburó -el segundo nivel- y a los del Comité Permanente, el máximo órgano de dirección, y compuesto por un número que suele oscilar entre los cinco y los nueve. Actualmente, son siete.

La gran incógnita es quiénes acompañarán a Xi en el Comité Permanente. Durante su primer mandato, el secretario general del partido estuvo rodeado de los asesores que le seleccionaron sus predecesores en el cargo. Ahora es su oportunidad de rodearse de sus fieles.

Únicamente se da por seguro que continuará el primer ministro, Li Keqiang. Y se ha despejado un interrogante que se planteaban algunos analistas: Wang Qishan, la antigua mano derecha de Xi Jinping y responsable de la Comisión Central para la Investigación de la Disciplina (CCID), no continuará en la política de primera línea. Aunque debía retirarse por edad, se había conjeturado con la posibilidad de que continuara, quizás a cargo de la economía china. Pero su nombre no aparece entre los miembros del nuevo Comité Central.

Sí aparece en todas las quinielas Zhao Leji, uno de los hombres de mayor confianza de Xi y hasta ahora director del Departamento de Organización del partido, un cargo clave encargado de los nombramientos en los diferentes organismos. Zhao ha quedado incluido este martes entre los nuevos miembros de la comisión para la investigación de la disciplina, algo que apunta a que será el nuevo responsable de esta organización en la “Nueva Era”.

Lo que no habrá en el Comité Permanente son mujeres. El Partido nunca ha contado con una fémina en su nivel más alto de poder, y no parece que en esta ocasión vaya a dar una señal a quienes “sostienen la mitad del cielo”, como decía Mao. Todo lo contrario. Solo han logrado entrar en el tercer círculo de poder, el Comité Central de 376 miembros, el mismo número que en 2012: diez.