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02. ARGELIA

Recién llegados, jóvenes y más vulnerables

En los últimos dos años muchos subsaharianos han salido de Argelia hacia Europa. Los nuevos carecen de una red comunitaria para hacer frente a las dificultades

Nicole y Stella peinan o cocinan para los otros inmigrantes que residen de la casa que ocupan a las afueras de Argel (Argelia).
Nicole y Stella peinan o cocinan para los otros inmigrantes que residen de la casa que ocupan a las afueras de Argel (Argelia).

En la foto, las tres posan cerca de una hermosa fuente en el centro de un jardín. Désirée, Hélène y Grace ya están en Italia y lo cuentan en sus redes sociales. Estas camerunesas sobrevivieron entre dos y seis años en Argelia, en el mismo barrio. “Casi todos a los que conocimos en el barrio ya se encuentran en Europa”, cuenta Josiane, una de sus amigas camerunesas, que pide permanecer en el anonimato. Desde hace dos años, la ruta de Libia “se pasa”. Los inmigrantes instalados en Argelia que deseaban ir a Europa, en su gran mayoría, lo han conseguido. A los que dudaban, las fotos publicadas por sus amigos han terminado por convencerlos.

Argel, periferia oeste. Luc, un camerunés, ha hecho hueco en su casa. Una prima de su pareja tiene que llegar a lo largo del día, con su hijo de 10 años. “Tiene familia en Francia que pasó el año anterior”, explica el joven. Un adolescente, sentado en el borde de un colchón, mira en su teléfono móvil vídeos de las manifestaciones en el Camerún anglófono. “Yo he venido para cruzar el mar”, dice. ”Allí será mejor para mí, el colegio es mejor”. Su padre, establecido en Europa desde hace un año, después de haber pasado varios en Argelia, pagó el viaje para que saliese de Duala. El chaval llegó solo, hace seis meses. Tenía que seguir la ruta de Libia, pero los combates en Sabratha suspendieron las salidas. Luc lo resume así: “Los veteranos se han ido. Y llegan jovencitos. Como ya no se pueden ir, esperan aquí”.

Las redes sociales e internet son la gran distracción para los inmigrantes varados y sin trabajo en Argelia.
Las redes sociales e internet son la gran distracción para los inmigrantes varados y sin trabajo en Argelia.

Argel, periferia sur. Unos colchones cubren el suelo de las aceras de una serie de inmuebles en construcción. Un grupo de jóvenes se tiñe el pelo. Vienen de Guinea Conakry. “Llegué hace tres meses”, explica el primero. Hoy ninguno de ellos ha encontrado trabajo, por eso esperan. “No sabía que sería difícil trabajar en Argelia”, comenta Mohamed, que afirma tener 17 años. Cada mañana, hay decenas de personas como él apostadas en la carretera, aguardando a que un particular venga a ofrecerles un trabajo por días. Pero sin una red comunitaria y sin saber ni una palabra de árabe, estos inmigrantes se encuentran en una situación más precaria que la de sus predecesores. Mohamed y sus amigos duermen en la calle. “¿Hay asociaciones que puedan ayudarnos?”, pregunta uno de ellos. “¿Sabe cómo puedo volver a mi casa? Estoy cansado”, añade otro. “Cada vez hay más guineanos en Argel”, explica Kader, un marfileño instalado en Argelia desde hace seis años. “No conocen el país y reaccionan muy mal en cuanto un argelino les habla mal o les insulta. Eso acaba en una pelea y hay heridos”.

Recién llegados, jóvenes y más vulnerables

Este artículo forma parte de una serie realizada por Politiken, Der Spiegel, Le Monde, La Stampa, The Guardian y EL PAÍS. Un viaje que pasa por España, Marruecos, Libia, Gambia, Argelia y Grecia. LEER TODOS LOS REPORTAJES >>

La precariedad también afecta a las mujeres. En la ciudad de Orán, a 400 kilómetros al oeste de Argel, Adamo, un camerunés, tiene cita en el hospital. Camina de un lado a otro frente al muro del recinto, tratando de explicar por teléfono dónde está. Una joven, delgada y con el vientre redondeado, se reúne finalmente con él. “Llegó de Tamanrasset hace unos días. Está embarazada de cinco meses, y no ha visto a ningún médico desde el inicio de su embarazo”, explica Adamo. La joven se alojaba en casa de otro inmigrante. Compartía unos metros cuadrados, bajo un techo de chapa, con otras tres personas, sin salir. “Las mujeres necesitan tiempo para conocer la ciudad, para aprender a desplazarse. Las que acaban de llegar son muy vulnerables frente a los que llevan más tiempo, que intentan asustarlas para controlarlas mejor”, suspira Adamo.

En la ciudad, las pocas asociaciones que trabajan con los inmigrantes saben que se arriesgan a perder impacto si no reavivan el trabajo de sensibilización que pensaban que ya tenían hecho. “Trabajábamos con unas quince mujeres y todas se han ido”, explica una militante que pide permanecer en el anonimato. Paralelamente, la presencia de inmigrantes nigerinos, organizados en una red de mendicidad en las grandes ciudades del país, ha sensibilizado a una parte de la opinión pública. Un colectivo estudiantil organizó una comida solidaria durante el Ramadán y el cantante Sadek Bouzinou ha realizado un videoclip para hacer un llamamiento a la tolerancia.

Un edificio en obras en Árgel. Los encargados suelen ser turcos o chinos; los obreros, malienses, cameruneses o de Costa de Marfil.
Un edificio en obras en Árgel. Los encargados suelen ser turcos o chinos; los obreros, malienses, cameruneses o de Costa de Marfil.

Pero estas iniciativas, que son limitadas, tienen poco impacto en la vida cotidiana de la población inmigrante. Y desde hace algunas semanas, la oleada de detenciones iniciada en la capital argelina ha crispado el ambiente. “Conozco a un inmigrante que fue detenido en el autobús, cuando iba al trabajo por la mañana. A mi vecina la detuvieron al salir del hospital con su recién nacido. Las detenciones me dan miedo, por lo que le he dicho a mi mujer que no salga”, cuenta Amara, un liberiano que vive en Argelia desde hace dos años. Las fuerzas de seguridad han arrestado a más de 1.200 inmigrantes desde el mes de septiembre. Después de detenerlos, los envían a Tamanrasset y luego los expulsan a Níger. Dos amigos de Amara fueron detenidos cuando estaban trabajando en una obra. Suspira: “Elegí Argelia para poder trabajar. Aquí me gano mejor la vida como jornalero en la construcción que como asalariado en mi país. Por eso aprieto los dientes y espero a que pase”.

* Traducción de News Clips.