Rusia juzga por corrupción a un ministro por primera vez desde que cayó la URSS

Alexéi Uliukáev está acusado de exigir dos millones de dólares a cambio de dar el beneplácito a una transacción de la petrolera estatal Rosneft

Rusia presencia el primer juicio por corrupción contra un ministro desde la caída de la URSS. Alexéi Uliukáev, extitular de Desarrollo Económico hasta su detención y fulminante cese el pasado noviembre, es acusado de “soborno de gran cuantía” por haber supuestamente exigido dos millones de dólares a cambio de dar el beneplácito a los planes de la petrolera estatal Rosneft (la primera del país y una de las más importantes del mundo) para adquirir el 50% de la petrolera privada Bashneft en 2016. 

El exministro ruso de Desarrollo Económico, Alexei Ulyukayev, en un tribunal de Moscú este miércoles.
El exministro ruso de Desarrollo Económico, Alexei Ulyukayev, en un tribunal de Moscú este miércoles. Pavel Golovkin (AP)

Uliukáev ha acusado este miércoles al director ejecutivo de Rosneft y hombre de confianza de Vladímir Putin, Igor Sechin, de haber urdido una “repugnante provocación” contra él con la ayuda del Servicio Federal de Seguridad (FSB, en sus siglas en ruso). El exministro, que se ha convertido en el funcionario estatal de más alto rango juzgado por un delito común desde 1991, ha asegurado en la primera vista ante el tribunal en Moscú que se había opuesto a aquella transacción “inapropiada” y ha rechazado los cargos que se le imputan. Según su relato, en la noche del 14 al 15 de noviembre de 2016, Sechin le llamó y le invitó a visitar las oficinas de Rosneft para hablar de las actividades de la compañía. Al salir del despacho del alto ejecutivo y encaminarse a su coche, Uliukáev fue detenido, portando supuestamente una maleta llena de dinero. La operación de arresto fue dirigida por un exfuncionario del FSB y jefe de los servicios de seguridad de Rosneft. Putin destituyó de inmediato a Uliukáev “por falta de confianza”, sin esperar a que su culpabilidad fuera probada y ha estado arrestado en su domicilio desde entonces.

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Este miércoles, Uluikáev ha calificado de “falso” y “absurdo” el testimonio de Sechin, que constituye, según dijo, todo el fundamento de la acusación contra su persona, víctima de una trampa planeada “durante semanas” con ayuda del FSB.  Los analistas rusos suelen atribuir el proceso contra Uliukáev a las luchas intestinas entre las “familias”, que configuran de hecho la trama de poder e influencias en torno a Vladímir Putin, ya sea por su procedencia gremial (los llamados siloviki, originarios de los servicios de seguridad y antiguos colegas del líder y otras instituciones armadas y los tecnócratas de formación económica académica), por su proximidad personal al presidente (relaciones de confianza desde la infancia, vivencias juveniles como la práctica conjunta del deporte) e intereses actuales (actividades económicas concretas que benefician a los distintos actores).

A Putin se le atribuye mayoritariamente el papel de árbitro en las disputas que surgen entre estas “familias”. Sechin es considerado un personaje de máxima influencia, por el hecho de haberse salido con la suya en diversas discrepancias contra otros personajes influyentes, tales como el primer ministro Dmitri Medvédev (sobre privatizaciones de las empresas estatales), y otros miembros del ala tecnócrata del Gobierno, que erróneamente suelen ser calificados de “liberales”.

Doctor en Economía, Uliukáev fue un destacado miembro del equipo de Yegor Gaidar, el artífice de las reformas económicas del presidente Boris Yeltsin a principios de los noventa. De 2004 a 2013, Uliukáev fue vicepresidente del Banco Central de Rusia. Sechin, por su parte, se licenció en portugués en Leningrado en 1984 y trabajó después en Mozambique y en las antiguas colonias de Portugal en África. A principios de los noventa, el lingüista se incorporó a la alcaldía de San Petersburgo, donde dirigió el gabinete de Putin, cuando éste era el jefe del departamento de relaciones internacionales de la ciudad. En 1996, cuando Putin se trasladó a Moscú, Sechin le siguió y, desde entonces, le ha acompañado en distintos cargos de responsabilidad, llegando a ser vicejefe de la administración presidencial. Sechin, que en 1998 defendió una tesis doctoral sobre las redes de transporte de hidrocarburos, se incorporó a la junta directiva de Rosneft en 2004 y en 2014 pasó a desempeñar el puesto de director ejecutivo.

Mijaíl Jodorkovski, el magnate del petróleo exiliado tras pasar 10 años en la cárcel en Rusia, acusa a Sechin de haber urdido la campaña contra su empresa, Yukos, que era la primera petrolera de Rusia y que acabó desmembrada y absorbida en Rosneft.

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Sechin también practica una activa política en Venezuela. En 2012 Rosneft firmó un contracto con una estructura de la Corporación Venezolana del Petróleo para crear un consorcio productor de crudo en la cuenca del Orinoco. En concepto de avance por los contratos firmados, Rosneft adelantó hasta 6.000 millones de dólares a la compañía venezolana PDVSA, según ha afirmado este mes de agosto el vicepresidente de la compañía, Alexandr Krastilevski. Este apoyo se realiza pese al riesgo de quiebra de Venezuela y pese a que Rosneft es una de las empresas afectadas por las sanciones financieras internacionales contra Rusia. Sechin mantuvo también unas buenas relaciones con el actual secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson, cuando éste dirigía Exxon Mobile y esta compañía comenzó a colaborar con Rosneft para la explotación del Ártico.

Sechin es considerado un personaje de máxima influencia

Muy sensible a las críticas, Sechin ha entablado (y ganado) pleitos contra los medios de comunicación rusos que publicaron informaciones sobre su sueldo, su casa y una exhibición de fotos de su segunda esposa en la cubierta de su supuesto yate. La revista Forbes estimaba que, en 2014, Sechin, un trabajador incansable, tenía unos ingresos anuales de 17,5 millones de dólares. En 2015, sus ingresos casi alcanzaban los 12 millones de dólares. 

La primera sesión de la causa contra Uliukáev duró apenas dos horas, y el proceso continuará el primero de septiembre. El exministro llegó al juzgado acompañado de cuatro abogados y con un libro electrónico en la mano. A preguntas de los periodistas, dijo que estaba leyendo un relato de Antón Chéjov titulado El Asesinato.

Sobre la firma

Pilar Bonet

Es periodista y analista. Durante 34 años fue corresponsal de EL PAÍS en la URSS, Rusia y espacio postsoviético.

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