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Estados Unidos decidirá en septiembre su respuesta a la expulsión de diplomáticos en Rusia

Tillerson defiende cooperar con Moscú pese a la desconfianza por la injerencia electoral

Tillerson y Lavrov, en su encuentro en Manila
Tillerson y Lavrov, en su encuentro en Manila EFE

El pragmatismo como antídoto a la tensión. Con la relación de nuevo en horas bajas, Estados Unidos y Rusia trataron el domingo de aparcar sus divergencias y buscar áreas de cooperación. “Intentemos trabajar juntos. En los lugares en que tenemos diferencias, deberemos seguir buscando una manera de abordarlas”, dijo este lunes el secretario de Estado, Rex Tillerson, sobre la reunión que mantuvo con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, durante una cumbre regional en Manila. En términos similares, se expresó Lavrov.

Pero sobre la relación no dejan de aparecer nubarrones. La presunta injerencia del Kremlin para ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones llevó al anterior Gobierno de Barack Obama a expulsar a diplomáticos rusos en EE UU. Los lazos del entorno de Trump con Moscú acechan la presidencia del republicano y son objeto de investigación. Como candidato a la Casa Blanca, Trump elogió repetidamente al presidente ruso, Vladímir Putin, lo que encendió las alarmas en círculos políticos y diplomáticos.

La brecha entre los viejos rivales de la Guerra Fría se ha agudizado en los últimos 10 días. Trump firmó a regañadientes una ley, aprobada por el Congreso, que impone nuevas sanciones a Rusia por su supuesta interferencia electoral y limita la capacidad del presidente de retirarlas. Y Putin reaccionó a la norma, que abre la puerta a una guerra comercial, ordenando a EE UU que rebaje a 755 personas su personal diplomático en Rusia. Tras las sanciones impuestas por Obama el pasado diciembre, Putin decidió no responder con represalias equivalentes, lo que se interpretó como un gesto hacia Trump un mes antes de que fuera investido presidente.

En la reunión con Lavrov, la primera desde la aprobación de la ley del Congreso, Tillerson le comunicó que Washington todavía no ha decidido cómo responderá a la salida de diplomáticos en Moscú. La respuesta llegará el 1 de septiembre, según explicó el jefe de la diplomacia estadounidense, que hizo a su homólogo ruso “preguntas clarificadoras” sobre el castigo impuesto por Rusia.

En declaraciones a la prensa, Tillerson habló con claridad de la “intromisión rusa” en las elecciones. No cuestionó, como Trump y Putin, la acusación sobre la autoría de Moscú que hacen las agencias de inteligencia estadounidenses. El secretario de Estado, que como jefe de la petrolera ExxonMobil mantuvo una relación cercana con Putin, subrayó ante Lavrov la gravedad de la acusación. “Ha creado una seria desconfianza entre nuestros dos países y simplemente tenemos que buscar una manera de abordarlo”, dijo.

Pero, al mismo tiempo, Tillerson abogó por mirar más allá. “No creo que sea útil cortarlo todo por un único asunto”, señaló. Y defendió trabajar con Rusia en las principales crisis internacionales, como Siria, Ucrania o Corea del Norte. Lavrov también tendió la mano en esos asuntos. Fue lo mismo que dijeron Trump y Putin tras su primera reunión a principios de julio, pero las nuevas sanciones han puesto en jaque la voluntad de acercamiento.

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