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ANÁLISIS

La sombra del general se alarga sobre Libia

El militar que controla el este, Jalifa Haftar, tiene el viento a favor mientras el primer ministro, Faiez Serraj, es una figura casi decorativa

Macron (c); al-Sarraj (d), y el mariscal Jalifa Hafter, durante su reunión de este martes en París
Macron (c); al-Sarraj (d), y el mariscal Jalifa Hafter, durante su reunión de este martes en París EFE

Seguramente el primer ministro libio, Faiez Serraj, y el general Jalifa Haftar acudieron a París con talantes diferentes, si no opuestos. El primer ministro tiene poder nominal sobre una parte cada vez más pequeña del noroeste de Libia. Por otra parte, en los últimos dos meses, el general ha conquistado definitivamente la ciudad oriental de Bengasi, la esencial base aérea de Jufra, en el centro del país, y numerosas bases más en el sur de Libia. Y es posible que, en las próximas semanas, Haftar se disponga a conquistar Sirte, ciudad donde nació Gadafi y centro de la ahora destruida “provincia” libia de Isis. 

Aunque Serraj está teóricamente al mando, es más una figura decorativa que un verdadero partícipe, puesto que su Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) respaldado por Naciones Unidas tiene muy pocas fuerzas armadas propias y depende de la “protección” de una coalición de milicias de Trípoli, más parecida a un sindicato de mafiosos que comparte el mismo territorio que a un verdadero aparato de seguridad. Para complicar aún más las cosas, el Gobierno de Serrah nunca ha sido aprobado por la Cámara de Representantes internacionalmente reconocida, que tiene su sede en Tobruk y está dominada por partidarios de Haftar. [Esto hace que la legitimidad interna de Serraj sea, como poco, cuestionable, y limita su capacidad para obtener del Banco Central los fondos necesarios para pagar salarios y servicios públicos; por otra parte, muchos de sus nombramientos en instituciones clave han sido rechazados. Como consecuencia, los ciudadanos lo culpan del colapso de los servicios públicos, puesto que soportan cortes de electricidad cada vez más prolongados, los bancos no disponen de efectivo y las milicias que “protegen” al primer ministro se ven envueltas ocasionalmente en fuertes enfrentamientos con sus rivales dentro y alrededor de Trípoli].

Haftar, por el contrario, tiene el viento a favor. Nunca aceptó el Acuerdo Político Libio respaldado por Naciones Unidas que llevó a la creación del GAN, y por tanto, no comparte ninguna responsabilidad por la incapacidad de Serraj para gobernar el país. Su objetivo es liberar Libia de todos los islamistas, y en especial, de la Hermandad Islámica. Esto lo ha convertido en el aliado favorito de Egipto y de los Emiratos Árabes, que le han proporcionado armas, han efectuado bombardeos aéreos dentro de Libia, y en el caso de los Emiratos, incluso han creado su propia base en Al Khadim, al sur de Bengasi. La popularidad de Haftar se asocia con otra idea que él defiende: la creación de un Ejército fuerte, “independiente de las autoridades políticas” y que acabe con el dominio de las milicias que, en opinión de la inmensa mayoría de los libios, ha arruinado el país desde la muerte de Gadafi. Haftar es enormemente popular en algunas partes de Libia, pero también odiado y temido en otras, así como por las milicias de Trípoli y Misrata que ahora garantizan la seguridad de Serraj. Su idea de “independencia del Ejército” significa en la práctica que rechaza la supervisión civil, lo cual ha resultado ser hasta el momento el principal obstáculo en las negociaciones.

Una forma de salir del atolladero es el plan propuesto por Serraj hace dos semanas: una hoja de ruta que llevaría a unas elecciones presidenciales a principios de 2018. Es probable que Haftar se presente, siguiendo el ejemplo de su modelo, Sisi, y se convierta así en el jefe de un poder civil.

Mattia Toaldo es investigador senior del European Council on Foreign Affairs.

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