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El Frente Nacional plantea cambiar de nombre y renunciar a salir del euro

El partido de Marine Le Pen abre un proceso para refundarse tras las derrotas electorales de 2017

Marine Le Pen celebra el 14 de julio en su feudo de Hénin-Beaumont, en el norte de Francia
Marine Le Pen celebra el 14 de julio en su feudo de Hénin-Beaumont, en el norte de Francia AFP

El Frente Nacional —el viejo partido de la ultraderecha francesa que en 2017 intentó sin éxito subirse a la ola del nacional-populismo occidental— quiere refundarse. Sobre la mesa está desde la posibilidad de cambiar unas siglas asociadas al racismo y la xenofobia a renunciar a fundamentos programáticos como la salida de Francia del euro. Las divisiones, tras un año en el que el FN se acercó más que nunca del poder y acabó en una posición marginal, son profundas. Sólo queda un tabú: el liderazgo de Marine Le Pen, hija del fundador, Jean-Marie Le Pen.

Los líderes del FN se encerraron este viernes en la sede de Nanterre, en las afueras de París, para un seminario de dos días que abrirá el debate sobre la orientación del partido. En septiembre la militancia debe pronunciarse sobre las nuevas propuestas.

El seminario es lo más parecido a una autopsia, o a una sesión de terapia de grupo. Se trata de averiguar por qué —en el año que los vientos del euroescepticismo, la antiglobalización y el rechazo a los inmigrantes soplaban más fuerte que nunca— el partido de los Le Pen fue incapaz de reproducir en Francia el éxito electoral de Donald Trump en Estados Unidos o de los partidarios de la salida de la Unión Europea, el Brexit, en Reino Unido. Y, en función del diagnóstico, diseñar el nuevo FN.

La candidata Le Pen quedó segunda en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 23 de abril, con 7,7 millones de votos, por detrás del centrista Emmanuel Macron, que obtuvo 8,5 millones de votos. Era la segunda vez en la historia que el FN, fundado en 1972, se clasificaba para la segunda vuelta. La primera fue en 2002 con Jean-Marie Le Pen como candidato.

El 7 de mayo Marine Le Pen y Macron se disputaron la presidencia de Francia en la segunda vuelta. Macron venció con 20,2 millones de votos, un 66,1% del total. Le Pen sacó 10,6 millones de votos, un 33,9%. Nunca el FN había obtenido tantos votos, pero quedó muy lejos de la victoria.

En las elecciones legislativas de junio, la decepción se agrandó. El FN se quedó con ocho diputados en la Asamblea Nacional, un número insuficiente para formar grupo parlamentario.

En menos de dos meses, el FN pasó de aspirar a ser la versión francesa del fenómeno Trump —y sacudir la UE con la salida de Francia del euro e incluso del club— a ser una fuerza política anecdótica, con dificultades para hacerse oír en el parlamento y cuotas de poder exiguas. Ocho diputados de 577 y 14 ayuntamientos de 36.000 son migajas para el FN, que se presentaba como "primer partido de Francia".

Hay dos versiones sobre el porqué del fracaso, y cada una se corresponde con dos corrientes enfrentadas.

La primera sostiene que una de las claves de la derrota fue la promesa de sacar a Francia de la moneda única y de la UE. Según esta versión, aunque muchos franceses coincidieran con las posiciones de Le Pen sobre la inmigración, sobre la identidad francesa o sobre la economía, la posibilidad de perder el euro y regresar al franco les producía auténtico terror. Es la teoría de politólogos independientes como Dominique Reynié. Lo que, según Reynié, articuló la vasta coalición anti-FN en la segunda vuelta de las presidenciales no fue, como en 2002, el llamado frente republicano, es decir, el rechazo democrático a las ideas extremistas del FN. Reynié cree que lo que impidió la victoria de Le Pen y dio una victoria cómoda a Macron fue el frente monetario: la defensa del euro y el rechazo del franco.

El corolario de este diagnóstico es que, si el FN corrige su oposición al euro, tendrá más opciones de romper el techo que le impide tocar poder en Francia. “En la cuestión monetaria podemos dar una inflexión a nuestra posición”, dijo el viernes, antes de entrar en el seminario, el secretario general, Nicolas Bay, en la cadena France Info. "Es una idea en la que no hemos convencido ni a los electores en general ni a una mayoría de nuestros propios electores".

El diagnóstico opuesto es que Le Pen perdió precisamente por mostrarse dubitativo sobre el euro. Si hubiese defendido la retirada del euro con convicción, habría tenido más opciones. Es la posición de Florian Philippot, vicepresidente del partido e ideólogo de un FN soberanista y social, capaz de atraer a votantes de izquierdas y de derechas que ven una amenaza en el euro y la UE. Philippot aparece, en los debates internos, como el enemigo del ala más tradicional, apegada a los orígenes ultraderechistas, y encarnada hasta hace poco por Marion Maréchal-Le Pen. Maréchal-Le Pen, nieta de Jean-Marie y sobrina de Marine, se ha retirado temporalmente de la política.

"No es tanto el tema de la soberanía monetaria lo que ha podido asustar", escribe Philippot en un documento interno difundido por Le Figaro, "sino el sentimiento que hemos podido dar de ser demasiado difusos, o incluso de habernos asustado, ante la perspectiva de la soberanía monetaria".

En el mismo documento, Philippot avisa de que el nombre del partido, asociado a la ultraderecha de raíces filonazis, "da miedo". Por tanto, conviene cambiarlo. Defiende, en cambio, la figura de Marine Le Pen, acusada en voz baja por algunos de ser la responsable de los resultados electorales. Le reprochan su actuación en el debate televisivo ante Macron, en el que apareció como una candidata errática y mal preparada. Pero pocos la señalan en voz alta. Todo puede cambiar en el FN en los próximos meses, pero el apellido Le Pen seguirá allí.

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