Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Simone Veil, la dignidad de Europa

Su momento estelar fue su elección como presidenta del Parlamento Europeo elegida por sufragio universal en 1979

Cuadro de Sofía Gandarias: “Dirección Mujeres“, 1993. Actualmente exhibido en la Facultad de Bellas Artes UCM (Madrid).
Cuadro de Sofía Gandarias: “Dirección Mujeres“, 1993. Actualmente exhibido en la Facultad de Bellas Artes UCM (Madrid).

Simone Veil encarna en su vida, en su sufrimiento y en su acción, lo mejor de una Europa capaz de superar lo peor de su historia. Tuve el privilegio de ser sucesor suyo en la Presidencia del Parlamento Europeo, de trabajar juntos en un proceso exaltante de construcción democrática y compartir su íntima amistad con mi añorada esposa, Sofía Gandarias.

Unía a su belleza felina y unos bellos ojos azules cielo un fuerte carácter con unos prontos que temían sus colaboradores. Tras una infancia feliz en una familia judía asimilada, vivió en su adolescencia el trágico viaje de Niza a Auschwitz y Bergen Belsen con su madre y una hermana (que no volvieron). Como escribió por primera vez en el catálogo de la exposición “Primo Levi, la memoria” de Sofía Gandarias: “el temor que perseguía y roía a Primo Levi desde su retorno, no ser creídos, era también el nuestro, porque los hechos eran tan monstruosos que percibíamos ya lo difícil que era ser comprendidos.”

Fue Antoine, el compañero de su vida, el que la ayudó a superar el trauma. Se casaron tras la Liberación, con 20 y 19 años, una pareja ejemplar hasta el final. Primero, formando una familia clásica, después, cuando ella tras el tercer hijo consiguió que su marido le dejara hacer oposiciones a juez, superando el machismo cultural de la época. Él lo reconocía con gracia ”soy un macho que se ha cuidado y curado, he cambiado por completo”. Por ella, dejó la política activa aunque animó el Club Vauban, donde debatíamos y soñábamos Europa.

En Francia, su momento de la verdad fue cuando como Ministra de Sanidad nombrada por el presidente Giscard d’Estaing presentó, defendió y logró aprobar la Ley de “Interrupción voluntaria del Embarazo”. Una batalla política que polarizó la sociedad francesa en la que tuvo que enfrentarse con los peores insultos de la derecha antisemita ultramontana.

Pero su momento estelar fue su elección como presidenta del primer Parlamento Europeo elegida por sufragio universal en 1979. Primera mujer en el cargo, símbolo de la reconciliación y la superación de enfrentamientos fratricidas y con un claro sentido de su misión. Como dijo su paisano y compañero de escaño Jacques Delors «vivimos los balbuceos de una Europa entusiasta, Simone durante su presidencia demostró una rara cualidad: el discernimiento”. Puedo dar fe de que su fuerte personalidad marcó la función y el estilo de la Presidencia.

Simone Veil en una imágen de 2007.
Simone Veil en una imágen de 2007. AFP

A mi llegada al Parlamento Europeo, Simone Veil presidía el Grupo Liberal. Congeniamos desde el primer momento y trabajamos juntos en el proceso que nos llevó a la transformación de la Comunidad a Unión Europea, asentada sobre unos valores unos derechos fundamentales compartidos. Como ella decía “una Europa basada en la libertad y la democracia, unida contra la violencia, el totalitarismo y el racismo”.

De vuelta en Francia, siguió su combate político. Como personalidad más popular del país, capaz de compatibilizar ser voluntaria de noche en un hospital para atender a las primeras víctimas del SIDA con ser Fundadora y presidenta de la Fundación por la Memoria de la Shoah, miembro del Consejo Constitucional y Académica. Y siempre en el combate por la dignidad de la mujer, como en el artículo que publicó en El País en 1993 en el suplemento “Dirección: mujeres” con el título “Humilladas e independientes” que Sofía Gandarias incluyó como un collage en su retrato.

De su vida y de su acción, decía "A pesar de un destino difícil, soy, sigo siendo una optimista. La vida me ha enseñado que con el tiempo, el progreso vence siempre. Es largo, es lento, pero en definitiva, en él confío”.

Enrique Barón Crespo, expresidente del Parlamento Europeo (1989-92).

Más información