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ENTREVISTA | NAWAL BEN AISA

La mujer que abandera las protestas de Alhucemas confía en que el rey facilite una salida

El nuevo símbolo de las manifestaciones en el Rif no tiene ninguna experiencia política

Nawal Ben Aisa, en una manifestación en Alhucemas el 31 de mayo.
Nawal Ben Aisa, en una manifestación en Alhucemas el 31 de mayo. AFP

Viernes por la mañana en Alhucemas. Hoy se cumple una semana desde que la Fiscalía ordenó la detención del líder del llamado Movimiento Popular, Nasser Zafzafi. Las protestas no paran de crecer. Ahora, la cara más visible de los activistas es Nawal Ben Aisa, un ama de casa de 36 años, casada con un taxista y con cuatro hijos de entre cuatro y 13 años. Hija de una familia con seis hermanos, Ben Aisa nunca perteneció a ningún partido, sindicato ni asociación. Sus padres no se destacaron nunca por su actividad política y su marido no acude a las concentraciones. “Él me admira y me apoya, pero suele quedarse con los niños”, afirma.

Nawal Ben Aisa habla y entiende algo de francés, pero se expresa sobre todo en rifeño y en árabe cuando quiere que el resto de Marruecos comprenda bien el mensaje que emite en las manifestaciones. “Pedimos cosas muy básicas”, suele decir. “Pedimos, sobre todo, la liberación de los detenidos. No vamos a dejar de manifestarnos de forma pacífica ni un solo día hasta que los liberen. Pedimos también un hospital para tratar a los enfermos del cáncer. Alhucemas, por culpa de los bombardeos de armas químicas que hemos sufrido, es la ciudad con más casos de cáncer de Marruecos. Pedimos una universidad y el fin de la corrupción. Esta es una tierra donde se tritura a la gente”. Los rifeños alegan haber sufridos bombardeos químicos en los años veinte por parte de las fuerzas españolas y en 1958 por parte de las del rey Hasán II.

Ben Aisa suele acudir a las protestas y a las entrevistas de prensa con su hija Mayssam, de siete años. “A mis hijos les digo que todo esto lo hago también por ellos, por su futuro”. Cuando le preguntan si es la nueva líder del movimiento responde lo mismo que decía Nasser Zafzafi, su predecesor, que fue detenido el lunes: “Aquí no hay líderes, el Movimiento somos todos”. Puede que ella no sea ninguna líder. Y es muy difícil que genere a su alrededor el consenso con que contaba Zafzafi. Pero estos días se convirtió en el rostro más visible del Movimiento. De eso no hay duda.

El jueves por la mañana amanecieron casi todos los comercios cerrados en esta ciudad de 56.000 habitantes. El Movimiento convocó una huelga general de tres días, en pleno Ramadán, cuando más necesidad hay de hacer acopio de alimentos. Esa mañana, Nawal Ben Aisa se presentó voluntariamente en comisaría. La policía estaba preguntando por ella a sus familiares y decidió facilitarles el trabajo. “Si me detienen por protestar de forma pacífica, para mí será un honor”, declaró. La interrogaron y salió sin cargos.

Ben Aisa se ha convertido en un hueso duro de roer para un Estado que lleva siete meses intentando sofocar las protestas. No será fácil encarcelar a una madre de cuatro hijos que llama constantemente a la protesta pacífica. Podría parecer que su elección como cara visible del Movimiento fue premeditada. Pero su paso al frente vino dado porque el compañero que habló antes que ella en la concentración del domingo por la noche dio un paso atrás el lunes, dejó de asistir a las concentraciones y de responder al teléfono. No fue el único. Pero en ese momento, en el que acababan de llevarse a la cárcel a 40 compañeros y a otros los estaban buscando, ella siguió con su mensaje. “Las mujeres tenemos que salir a la calle, porque han detenido a nuestros hermanos y a nuestros hijos”. Al día siguiente acudieron más mujeres que nunca.

Dice que no tiene miedo. “Tengo más miedo por mis padres y por marido que por mí. Mi madre es diabética y mi padre tiene problemas cardiovasculares. Pero yo les he explicado mis razones para seguir en esta lucha y ellos me comprenden”. Reconoce que en una zona donde la mujer suele estar relegada a la casa, no fue fácil integrarse en el Movimiento. “Pero siempre conté con el apoyo de Nasser Zafzafi”.

Dejó los estudios en el bachillerato porque su padre no tenía dinero para costearle la universidad. Cree que de haber seguido, habría optado por una carrera relacionada con la medicina. Asegura que empezó a tener conciencia del sufrimiento de la gente cuando fue a hacer trabajos humanitarios a los centros de salud. “Muchas mujeres tienen cáncer en Alhucemas. Y ni siquiera pueden pagarse análisis que valen 100 dírhams (10 euros). En su día publiqué vídeos en Facebook para recaudar dinero de los rifeños que viven en Europa”.

Ahora, su esperanza de que se solucionen los problemas en el Rif la deposita en Mohamed VI. “El rey conoce bien el Rif y ama el Rif. Y los rifeños lo aman a él también y se hacen fotos con él cuando viene aquí. Creemos en el rey, no en el Gobierno ni en el Majzén (el poder del Palacio Real). Y creo que él va a reaccionar”.

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