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La UE y Trump airean sus diferencias en agendas clave

Europa y EE UU están de acuerdo en reforzar la lucha antiterrorista pero persisten diferencias sobre comercio y cambio climático y Rusia

Frialdad: no hay ni pizca de pasión después de varios desaires en Washington. Y serias divergencias en los asuntos clave: los líderes de las instituciones europeas dejaron claro este jueves, en la primera visita de Donald Trump a Bruselas, que la relación transatlántica ha vivido mejores épocas. La UE no comparte los planteamientos de Trump en asuntos comerciales, cambio climático y en la aproximación a Rusia. Solo en la lucha antiterrorista hay un acuerdo, emborronado por las filtraciones de EE UU acerca de varios detalles del atentado en Mánchester.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto al presidente de EEUU, Donald Trump.

El papa Francisco es "genial". Los saudíes, "espectaculares"; el triunfo de Emmanuel Macron en Francia, “tremendo”. Donald Trump ha tirado en su primer viaje como presidente de Estados Unidos del gaseoso parloteo que ha caracterizado toda su carrera, con términos como fantástico, asombroso, estupendo, increíble y varios sinónimos de enorme. Pero Europa, fuera de esa retórica cargada de palabras de charol, no sabe qué esperar de Trump. Ni siquiera después de varias reuniones en Bruselas.

El presidente estadounidense se ha visto este jueves con los jefes de las principales instituciones europeas. Almorzó después con Macron, justo antes de la cumbre de la OTAN. Y se encontró con una acogida gélida puertas adentro, no exenta de dureza puertas afuera: el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, subrayó que la UE y los Estados Unidos de Trump no comparten “una posición común sobre comercio, cambio climático y sobre Rusia, salvo en lo relativo a Ucrania”. No es de extrañar: Trump se ha cepillado el TTIP (el acuerdo de libre comercio entre Europa y EE UU), amenaza con retirarse del Acuerdo de París contra el cambio climático, y tiene que defenderse incluso en casa de sus amistades peligrosas con Moscú.

Lo más parecido al consenso que ha guiado las relaciones transatlánticas en las últimas décadas se limita a la agenda antiterrorista, según remarcaron las fuentes consultadas en las instituciones y el propio Macron.

El presidente francés dio algún detalle más, e introdujo incluso alguna nota positiva, pero no consiguió atenuar la sensación de que no hay química, de que no suena la música entre ambas orillas del Atlántico. “Me he encontrado un interlocutor eficaz y pragmático, franco y amistoso”, dijo. Cuando se vio obligado a pasar de los adjetivos a los sustantivos, se le vio menos cómodo. En especial sobre el clima: Macron reclamó a Trump que evite tomar “decisiones precipitadas” respecto al acuerdo de París sobre cambio climático; una mala decisión tendría impacto “sobre la economía y el empleo”, más allá de los asuntos medioambientales.

Aviso a Turquía por los derechos humanos

Después de meses de tensos intercambios dialécticos desde la lejanía, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y las autoridades europeas enfrentaron sus diferencias cara a cara. “He llevado la cuestión de los derechos humanos al centro de la discusión”, señaló el presidente del Consejo, Donald Tusk, a la salida del encuentro con Erdogan. En Bruselas inquietan las detenciones arbitrarias de soldados, profesores o funcionarios, la reforma constitucional con la que Erdogan obtiene poderes plenipotenciarios y la continuidad del acuerdo migratorio. Pero las demandas fueron bidireccionales: Erdogan reclamó que la UE no esquive el compromiso de eximir de visado a los turcos, bloqueado por la falta de cumplimiento de Turquía de las condiciones fijadas por Bruselas.

Los cambios en Washington ponen a la UE ante una tesitura difícil: “La nueva Administración de EE UU cuestiona la validez de los últimos 70 años de la política exterior norteamericana”, dijo Tusk en una carta envenenada el pasado enero, en la que situaba al nuevo inquilino de la Casa Blanca como uno de los grandes riesgos que acechan en todo el mundo. Tusk no lució ayer ese gancho de izquierdas apabullante, pero aseguró que Occidente “debe situar los valores por delante de los intereses”; sugirió así que lo que ocurre es exactamente lo contrario.

Aviso sobre el Brexit

Poco se sabe del tono que usó Trump en el reguero de encuentros de alto nivel que encadenó a lo largo del día. Tanto la Comisión como el Consejo hablaron de una “atmósfera constructiva”, y destacaron más las desavenencias que los puntos de encuentro. Trump dejó incluso un aviso sobre el Brexit: expresó su preocupación por la posibilidad de que ese divorcio provoque pérdidas de empleo en EE UU. Atrás queda aquello de que el Brexit “será una maravilla”, que decía el líder estadounidense hace solo tres meses. Y la sensación de que el presidente Trump ha suavizado las formas del candidato Trump: lejos del lanzallamas salvaje que parecía hace medio año, Macron llamó ayer “pragmático” al mismo individuo que hace seis meses decía que la UE es un proyecto “fallido”.

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