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El hijo “derrochador” y “desagradecido” que quiso vivir toda la vida de papá

Un hijo denuncia a sus padres, ganadores de 117 millones, para que le paguen de por vida su ritmo de vida

Los Dawes, en octubre de 2011, cuando celebraban el haber ganado el Euromillón. La imagen procede de un vídeo.
Los Dawes, en octubre de 2011, cuando celebraban el haber ganado el Euromillón. La imagen procede de un vídeo.

Unos padres millonarios no tienen ninguna obligación de apoyar económicamente a sus hijos de por vida si estos son manirrotos, despilfarradores y desagradecidos. Un juez de Londres acaba de dictaminar que Dave y Angela Dawes –un modesto matrimonio de Cambridgeshire (Reino Unido) al que el Euromillón hizo inmensamente rico– no tienen por qué seguir dándole dinero a su hijo Michael cada vez que lo pida, porque este y su novio se fundieron en menos de dos años 1,86 millones que habían recibido de regalo, en la confianza de que papá nunca lo dejaría tirado. 

La historia de esta familia es de esas que hace pensar que el dinero no da la felicidad e incluso que siempre trae problemas. Y que recuerda a la parábola del hijo pródigo, aunque de lejos.

Dave, supervisor en una fábrica, y Angela, voluntaria en la fundación British Heart, descorcharon sonrientes botellas de champán el día que supieron que habían ganado casi 118 millones de euros al Euromillón (exactamente 117.846.317,32 libras). "Es una locura", declaró ella, aquel mes de octubre de 2011, cuando tenía 43 años (su marido tenía 47). Una de las primeras cosas que hicieron fue llamar a su hijo Michael, que entonces, con 27 años, servía como infante de marina en Afganistán. Angela es su madrastra. Se acabaron nuestros problemas, se dijeron.

Michael Dawes.
Michael Dawes.

Lo primero que hizo la pareja ganadora, residente en Wisbech, fue repartir dinero entre sus allegados. A su hijo le regalaron un millón de libras (1,16 millones de euros al cambio de hoy). Un dinero que le hubiera permitido "vivir cómodamente toda su vida", según el juez. Michael Dawes, ahora profesor universitario, y su pareja de hecho, James Beedle, se compraron entonces una casa en Portsmouth por casi 600.000 euros y gastaron otros 300.000 euros en celebrar su suerte con amigos y familiares (sobre todo de Beedle).

Además, dispararon su tren de vida: despilfarraban entre 23.000 y 34.000 euros mensuales, unas cantidades que Nigel Gerald, juez del Tribunal Central del Condado de Londres, ha calificado en su sentencia de "asombrosas" y "totalmente fuera de sus posibilidades".

Dave y Angela siguieron inyectando dinero a su hijo con normalidad, aunque les desconcertó que Michael les volviera a pedir fondos en abril de 2012, seis meses después de recibir el millón de libras. Se lo dieron. "Michael pensó entonces que esto era la demostración de que su padre le financiaría cada vez que él se lo pidiera, lo que reforzó su extraña conclusión de que su papá lo apoyaría financieramente durante el resto de su vida", según el juez. Y le pidió otros cinco millones.

Pero, tras una discusión con su hijo durante una fiesta, en la que ambos estaban totalmente borrachos, Dave dijo 'hasta aquí hemos llegado'. Así que, en marzo de 2013, a la vista de que el ritmo de gastos no frenaba, le dio un ultimátum a Michael: "Te pago las deudas que tienes ahora mismo, pero ya no habrá más dinero". Y el hijo lo llevó a juicio para conseguir una sentencia que le asegurara vivir de por vida con los millones que le quedaban a sus padres. 

La sentencia está clara: los padres fueron "generosos", pero Michael y James "no han pagado con gratitud la generosidad" de la que se beneficiaron."El padre no tiene porque continuar financiando a su hijo derrochador. No hay una base racional o de sentido común que pueda concluir que él puede venir a pedir dinero cada vez que se le acaba", ha dicho el juez.

Por lo tanto, no tienen obligación alguna de seguir dándole dinero, de "rescatarlo", como escribe Nigel GeraldEl juez ha destacado que los afortunados ganadores de la lotería repartieron 34 millones de euros entre familiares y amigos necesitados. La relación paterno-filial ha quedado rota.

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