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Mujeres, la asignatura pendiente

La brecha salarial y los casos de acoso y discriminación indican que el machismo está lejos de erradicarse en la meca tecnológica del mundo

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Algunos diseñadores trabajan en San Francisco, este abril. REUTERS

Silicon Valley presume de ser el lugar más avanzado del mundo. Donde en cuestión de segundos, solo con el móvil, se puede pedir comida a domicilio, solicitar una persona para limpiar la casa, o incluso encargar un poco de marihuana para aliviar las molestias de pasar el día frente al ordenador.

Pero en su carrera hacia el progreso ha dejado a la mitad de la humanidad en la cuneta. En la capital mundial de la tecnología se discrimina y acosa a las mujeres. El gran problema, que no se quiere ver y no se sabe cómo atajar, sale a la luz cada vez con más frecuencia.

La fuerza laboral de Silicon Valley está compuesta en su mayoría por hombres. En Google las mujeres no llegan al 30% de la plantilla. En Twitter y Yahoo! la cifra es similar. Según un estudio de Tracy Chou, en Pinterest, Mozilla y Airbnb solo el 12,42% de los puestos técnicos los ocupan mujeres. Una cifra que choca con la cantidad de ingenieras existentes: el 17% de los nuevos titulados son del género femenino.

Facebook no facilita sus datos. La semana pasada sufrió un duro golpe al ser acusada por sus propias empleadas de trato desigual. Las ingenieras de la compañía llegaron a la conclusión de que sus códigos de programación eran rechazados un 35% más que los aportados por los hombres de la plantilla. En programación se suele trabajar en procesos colaborativos, en los que las piezas se ensamblan en un repositorio común. El director del proyecto aprueba, rechaza o hace un refactor, como se llama a las correcciones. Sheryl Sandberg, segunda de a bordo, negó la situación.

Hace un mes, Google recibió la llamada del Departamento de Trabajo. El organismo considera que, en ese imperio en el que los datos son vectores de toma de decisiones, las mujeres reciben una remuneración inferior a la de los hombres por un trabajo similar. En febrero, un post de una ingeniera de Uber que acababa de dimitir daba testimonio de las sucesivas humillaciones y cómo nadie prestó atención al caso a pesar de denunciarlo. La startup ha puesto la investigación en manos de Arianna Huffington, y ha contratado al ex fiscal general Eric Holder para analizarlo y sacar conclusiones. Tres meses después, no hay respuesta.

Hermanas, viudas, novias...

La mayoría de las escasas mujeres que ostentan el ansiado cargo de CEO arrastran la sombra de un parentesco o vínculo con ejecutivos varones en Silicon Valley; eso parece reforzar su elección, casi un toque de nepotismo. Por ejemplo, Marissa Mayer, al frente de Yahoo, fue novia de Larry Page, cofundador de Google.

Anne Wojcicki fue la esposa de Page hasta 2014. Ella es la CEO de 23andMe, la firma que ha puesto de moda los análisis de ADN. Su hermana Susan es la CEO de Youtube, la división de vídeo de Google.

Sheryl Sandberg, es viuda de Dave Goldberg, fundador y CEO de SurveyMonkey. Ahora mismo es la mujer más poderosa de Silicon Valley. Es decir, hay lugar para las mujeres, pero siempre con una referencia, con una ligazón que las relacione con un hombre de éxito en el valle.

En la tierra de las oportunidades, donde emprender es una religión, el sexo también marca la relación con los inversores de capital riesgo, los verdaderos impulsores de ideas. Agustina Sartori es una ingeniera uruguaya de 30 años que llegó a la zona con un sueño: crear una aplicación que recomendase a las mujeres el mejor maquillaje según su estilo, edad y facciones. Recorrió Sand Hill Road, la calle donde tienen sus despachos los inversores de capital riesgo. Una y otra vez se repetían las mismas preguntas: “¿Vas a tener hijos? ¿Qué plan de vida tienes?”. Después se dio cuenta de que daban por hecho que estaba casada solo por llevar un anillo en el anular.

Según los estudios de Diana Project, una iniciativa sobre las mujeres en el mundo de los negocios del Babson College (Massachusetts), solo el 2,7% del dinero de capital riesgo termina en propuestas lideradas por mujeres. Glamst, la startup de Sartori, se fundó finalmente en 2014. Desde entonces, ha conseguido captar más de dos millones de dólares y tiene como clientes a Dior, Maybelline o Lancome. “Cada obstáculo superado es un triunfo para todas. No basta con estudiar y destacar en un entorno competitivo, se nos exige más”, afirma.

Según una encuesta a 200 mujeres de alto rango en el sector, el 60% había recibido proposiciones sexuales no deseadas. Literalmente, dicen haber desarrollado una habilidad inesperada: “Saber rechazarlos cuidadosamente”. El informe refleja que el 66% se sienten excluidas de oportunidades por su género. Bo Ren, directora de producto de Tumblr, cree que se mantiene una cierta cultura de vestuario: “Esas conversaciones solo de hombres, en actividades en las que no cuentan con nosotras, sirven para tomar decisiones o compartir ideas. Es una cultura cerrada”.