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El viaje preferido de Trump: de la Casa Blanca a su casa

El presidente ha dedicado el 75% de los kilómetros viajados a desplazarse entre sus residencias

Palm Beach, en Florida, tiene 8.503 habitantes. Sterling, en Virginia, no llega a los 28.000. A pesar de su pequeño tamaño, los dos lugares parecen fundamentales en la agenda del presidente de la primera potencia mundial. Cerca de la primera localidad está su residencia Mar-a-Lago; en la segunda, un club de golf que, como tantas otras propiedades, lleva su nombre. Los viajes a los dos destinos desde la Casa Blanca suponen tres de cada cuatro kilómetros de los 25.000 recorridos por Trump desde que en enero fue investido presidente, según un cálculo del diario Washington Post.

Aparte de estos destinos, Trump no parece sentirse muy cómodo más allá de los Estados de la Costa Este. Aún no ha puesto el pie en ninguno allende el río Misisipi. Como apunta Philip Bump, columnista del diario norteamericano, el presidente se ha ceñido a viajar solo a lugares próximos: “Estados del Este que le votaron y propiedades que llevan su nombre”. El Air Force One, el avión del presidente, tampoco ha sobrepasado el espacio aéreo norteamericano, aunque la agenda internacional sí se haya inaugurado con las visitas a EE UU de la primera ministra británica Theresa May o la canciller alemana Angela Merkel.

El poco afán viajero de Trump choca con el que mostró Barack Obama en los primeros meses de mandato: visitó diez países en varias giras. El flamante presidente se dejó ver de Canadá a Irak y de Turquía a Trinidad y Tobago.

Las ansias de salir al mundo de Obama, con todo, no dejan de ser una rareza en los primeros meses de mandato de un presidente de EE UU. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún presidente se desplazó al extranjero tanto como él tras ser elegido. Su predecesor, George W. Bush, solo había salido en el mismo periodo (enero-principios de mayo) dos veces del país, para visitar San Cristóbal de las Casas en México y Quebec en Canadá. Bill Clinton, aún antes, no dedicó más espacio en su agenda que a una visita rápida a Vancouver. George Bush, en cambio, visitó cuatro países en ese tiempo: Canadá, Japón, China y Corea, los tres últimos en una gira.

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