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ANÁLISIS

¿Estamos bien de la cabeza?

Desde el Parlamento Europeo se confirma el augurio: ningún divorcio es bueno

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, este miércoles en Estrasburgo
El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, este miércoles en Estrasburgo EFE

Drama Brexit, capítulo Parlamento Europeo. Lo obvio se reafirma: no hay divorcio bueno. La Eurocámara respaldó ayer por amplia mayoría —516 a favor, 133 en contra, 50 abstenciones— su apoyo a los 27 en el arranque de las negociaciones con Reino Unido. Con el mundo como está, buena parte de las energías de los europeos en los próximos meses se dedicarán a un proceso extraordinariamente complejo y enormemente perjudicial. El alemán Manfred Weber, jefe de filas del PPE, lo resumió así: “¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿De qué estamos hablando? ¿Estamos bien de la cabeza?” No está claro, pero sí es sencillo averiguar en lo que estamos: el Brexit es “un derroche de energía, una verdadera estupidez”, en palabras del liberal Guy Verhofstadt, negociador del Parlamento en el proceso de salida de Reino Unido.

¿Qué va a ocurrir? El presidente de la Cámara, Antonio Tajani, asegura a un grupo de periodistas que esta crisis “puede ser positiva; nos obliga a valorar, a elegir, a trabajar juntos”, y que la unidad es el arma de los Veintisiete. Su optimismo —“en los momentos difíciles los europeos saben encontrar soluciones”— encuentra eco en algunos eurodiputados españoles, como Pilar del Castillo (PP) —“a las dos partes les interesa la mejor solución posible”— y Ramón Jáuregui (PSOE), más cauto: “Podemos hacernos daño”. Igual que su compañera de partido, Elena Valenciano: “El momento es de tal zozobra e inquietud que no me atrevo a pronosticar nada”. “Se van a hacer daño ustedes y nos van a hacer daño a todos. Ojalá rectifiquen”, afirma en el pleno el popular Esteban González Pons.

A corto plazo no hay rectificación, claro. Hay guerra dialéctica, lamentos, reproches. Y hay repugnantes salidas de tono. Una gran ventaja del Brexit en el futuro: no tener que escuchar los insultos del populista demagogo británico Nigel Farage, que se permitió decir que la UE “es una mafia” —o una reunión de “gánsteres”, dio a elegir, tras la reprimenda de Tajani— entre los aplausos de sus correligionarios y de un puñado de europeos anticomunitarios.

La alusión de Farage se enmarcó en el debate sobre la factura que deberá pagar Londres y sobre Gibraltar, en la furia que ha causado el nítido respaldo de la UE a España y a su derecho de veto sobre cualquier acuerdo al que se llegue. Lo dejó claro Weber —“España no tendrá que defenderse sola frente a Londres”— y lo remachó el socialista italiano Gianni Pittella: “No consentiremos un megaparaíso fiscal a las puertas de la UE”. Ramón Jáuregui tuvo que recordar la realidad —“no podemos admitir que en el siglo XXI haya una colonia en Europa”—, pero no todo el mundo se enteró: con la irritación de los nacionalistas populistas se solidarizó —de rebote, explicó después— Josep María Terricabras, de Esquerra Republicana, que intervino en inglés.

Desde Estrasburgo, desde el Parlamento Europeo, se confirma el augurio: ningún divorcio es bueno. Y la pregunta de Weber parece pertinente: “¿Estamos bien de la cabeza?”