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ANÁLISIS

La cábala en la Casa Blanca

Un grupo de ideólogos se apodera del Ala Oeste en el inicio de la presidencia de Trump

El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, tras firmar la Resolución H.J. 38, este jueves.
El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, tras firmar la Resolución H.J. 38, este jueves. EFE

En poco menos de un mes, con la ayuda de su brujo de cabecera, enfrentado con los servicios de inteligencia, bordeando los límites constitucionales, Trump ha conseguido jibarizar la institución de la presidencia. La acumulación de una ignorancia abisal, torpezas e inepcia ha hecho saltar todas las alarmas en Estados Unidos y provocado estupor global. Ya advirtió en campaña que la suya no sería una presidencia convencional. Si el destino es el carácter, y Trump se deja llevar por su intuición, la presidencia furiosa del magnate inmobiliario puede acabar como el rosario de la aurora.

Trump, descarado, entiende que sus inicios están siendo un éxito y que sufre una ataque deshonesto de una prensa mentirosa apoyada por filtraciones de los servicios de inteligencia que jugarían en su contra. El impulso inicial de conmocionar poniendo patas arriba lo políticamente correcto, se ha producido. El trumpismo y sus ideólogos han desembarcado en la playa, como lo hicieron los aliados el Día D en Normandía, pero el mapa para continuar la guerra no está aun cartografiado. En política exterior ha mostrado torpemente su juego. Frente a China se ha achantado al perder el órdago inicial de jugar con Taiwan. Xi Jingping ha aguantado el tirón inicial y cree tener enfrente a un tigre de papel.

La cábala de ideólogos, en la acepción de intriga y manipulación, según el diccionario de la RAE, que opera en la Casa Blanca tiene un peso determinante. Al frente, el estratega en jefe de la presidencia, Stephen Bannon, con acceso constante y directo al despacho oval, para impulsar la ideología nacionalista, proteccionista, supremacista blanca, de la nueva extrema derecha que ha sustituido al Tea Party. Se declara a sí mismo leninista y actúa como el gran trastornador del establishment para crear un nuevo orden, sirviéndose de Trump como ariete. Ocupa además un puesto permanente en el Consejo de Seguridad Nacional, lo que le permite introducir ideología en el órgano que asesora al presidente en política exterior. Bannon cree que el mundo vive un momento similar al de 1914 en el que una gran guerra, preferentemente con China, o en Medio Oriente contra el ISIS, es probable.

La cábala se ha hecho con la proximidad de Trump, cortocircuitando al Departamento de Estado y al jefe del gabinete del presidente, Reince Priebus, un residuo del establishment en la Casa Blanca. El caótico diseño y ejecución de la orden presidencial vetando a inmigrantes de siete países musulmanes es una prueba de ello. Los ideólogos han sufrido su primera baja importante con el cese del general Flynn, como consejero de seguridad nacional por sus imprudentes conversaciones con el embajador ruso en Washington y su ocultamiento posterior.

Flynn, un cabeza caliente con ideas extremistas, ha resucitado la sombra de la conexión rusa de Trump, y las preguntas sobre el trasfondo y el alcance del fervor del presidente por el autócrata del Kremlin. ¿Cuándo se enhebró el enlace de Trump y su equipo con Putin y la inteligencia rusa, ya en la campaña presidencial, para recibir munición contra Hillary, o antes? ¿Hasta dónde llegó y a cambio de qué? Trump niega la mayor.

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