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El regreso de Marruecos a la Unión Africana abre una nueva era en el conflicto del Sáhara

La entrada de Rabat en un organismo que reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática provoca frágiles esperanzas

El rey de Marruecos, Mohamed VI, desembarca en el aeropuerto de Juba, en Sudán del Sur, el pasado 1 de febrero, tras asistir a la cumbre de la Unión Africana en Etiopía.rn
El rey de Marruecos, Mohamed VI, desembarca en el aeropuerto de Juba, en Sudán del Sur, el pasado 1 de febrero, tras asistir a la cumbre de la Unión Africana en Etiopía. REUTERS

La Unión Africana, el único organismo internacional que reconoce como Estado a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ya aceptó en su seno la semana pasada a Marruecos. Lo hizo por consenso, sin necesidad de que votaran los 54 jefes de Estado, aunque Rabat ya había conseguido la aprobación de 39 de ellos. Ahora queda por saber qué va a pasar con el conflicto del Sáhara Occidental, enquistado desde que en 1976 los españoles se marcharan de este territorio al que Marruecos se refiere como sus Provincias del Sur.

El monarca marroquí Hassan II abandonó en 1984 lo que entonces se llamaba la Organización para la Unidad Africana (OUA) porque el resto de países aceptaron en su seno a la RASD. Entretanto sobrevino la guerra entre el Frente Polisario y Rabat. Después se alcanzó la paz en 1991 y ambas partes se comprometieron ante la ONU a celebrar un referéndum sobre la independencia.

Un cuarto de siglo después la organización del referéndum sigue estancada y Mohamed VI ha vuelto a la Unión Africana. El monarca no solo no reconoce a la RASD, sino que el pasado julio ya advirtió en una carta dirigida a la UA, que “cuando un cuerpo está enfermo es mejor curarlo en el interior que en el exterior del organismo”. Sin embargo, al concluir la cumbre de Adís Abeba donde se aprobó la inclusión de Marruecos, Mohamed VI pronunció un discurso conciliador ante los 54 jefes de Estado africanos reunidos en Etiopía, incluidos el presidente de la RASD y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali. “Lejos de nosotros la idea de suscitar un debate estéril”, indicó. “No queremos en absoluto dividir, como algunos querrían insinuar”.

En Marruecos, hasta los pocos medios que se atreven a criticar al Palacio, han saludado la noticia como una gran victoria diplomática de Mohamed VI. La mayoría de los analistas han subrayado que ahora Marruecos podrá rebatir abiertamente los argumentos que durante 33 años esgrimió sin apenas confrontación tanto la RASD como Argelia, su gran aliado y rival de Marruecos. Destacan que Marruecos no ha tenido que reconocer las fronteras de la RASD, tal como pretendía Argelia, Nigeria, Sudáfrica y Mozambique, los principales aliados del Frente Polisario.

Marruecos intentará expulsar a la RASD de esta organización. Pero eso puede ser arduo, largo y muy complicado

Pierre Vermeren, historiador francés experto en Marruecos

Desde Argelia, Lounes Guemache, director del medio digital TSA, cree que a partir de ahora Marruecos puede afianzar su posición en África si se aprovecha de la “debilidad pasajera” de la diplomacia argelina, “a causa de la enfermedad del presidente, Abdelaziz Buteflika, quien lleva varios años recluido en la casa presidencial y solo sale al extranjero para someterse a cuidados médicos. “Si Buteflika hubiera tenido la capacidad de ir a la cumbre de Adís Abeba, el rey de Marruecos no habría conseguido jamás lo que consiguió la semana pasada. Pero esta situación no va a durar mucho tiempo”, augura Guemache.

El historiador marroquí Maati Monjib, uno de los intelectuales más críticos en Rabat, considera que a corto plazo Marruecos consigue mejorar su imagen en el continente, ya que algunos países subsaharianos consideran que “desprecia” a África. “Y también es posible que Rabat aumente su influencia en el mundo”, explica Monjib, “porque la UA puede servirle como trampolín para erigirse como portavoz de África en el plano internacional”.

El historiador francés, profesor de la universidad de la Sorbona y especialista en Marruecos, Pierre Vermeren, también señala que a corto plazo Marruecos ha conseguido un éxito de estima que afianza su estrategia en África frente a sus adversarios. “Pero a medio y largo plazo todo dependerá del expediente del Sáhara”, advierte Vermeren. “Marruecos intentará expulsar a la RASD de esta organización. Pero eso puede ser arduo, largo y muy complicado, según Vermeren.

En cuanto a la posibilidad de que la Unión Africana sirva de techo para acoger un acuerdo en el que la ONU permanece estancada, ahí hay visiones antagónicas. Maati Monjib estima que la Unión Africana puede plantear dentro de cinco o diez años una solución aceptable para las dos partes, algo semejante a una confederación. Vermeren, sin embargo, indica que el problema ha de tratarse en el Consejo de Seguridad y ante el secretario general de la ONU “y ahí no son los países africanos quienes priman”. “Por otra parte”, asume Vermeren, “Si la UA alcanzara un acuerdo eso podría satisfacer a la ONU. Todo depende de la resistencia de Argelia y su capacidad para consolidar una minoría de bloqueo en la UA”.

El argelino Lounes Guemache se muestra pesimista. “Mientras Marruecos siga estando apoyado por Francia, España y la Unión Europea, no veo cómo la Unión Africana podría imponer la única solución seria: un referéndum de autodeterminación”.

Por su parte, el coordinador del Frente Polisario ante la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), Uld Jadad, cree que Marruecos solo tiene dos caminos en África: “Adoptar el perfil conciliador que el rey adoptó en el discurso del 31 de enero o bien, empezar ya a dividir la Unión Africana intentando expulsar a la RASD”. Las dos vías tendrían costes ante la opinión pública marroquí, explica Jadad en conversación telefónica desde los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia.

“El discurso conciliador se debió a que la mayoría de los países le han pedido a Marruecos que se eviten las divisiones”, continúa Jadad. “Pero es muy probable que, una vez formalizado su regreso a la organización, Marruecos intente cambiar el acta constitutiva de la Unión Africana, que impide expulsar a un miembro”, afirma Jadad. “Y una vez cambiada el acta tendrá que conseguir que la aprueben dos tercios de los países miembros. Eso es un recorrido largo, de dos años como mínimo. Y mientras tanto, Marruecos tendrá que acostumbrarse a convivir con la RASD, con el desgaste que eso puede implicar ante la opinión pública marroquí, porque Marruecos siempre ha dicho que la RASD no existía”.

En medio de las desavenencias innegables entre Marruecos y Argelia, también hay quienes ven un nuevo espacio de colaboración entre ambos en la Unión Africana. Pierre Vermeren considera que en África se están atisbando problemas de tal envergadura que pueden llevar a Rabat y a Argel a trabajar juntos. Ese es el caso de la amenaza yihadista sobre el Magreb. “Por no hablar de Libia y de la fragilidad de algunos de los Estados más extensos del continente y de la marea demográfica que sube hacia el sur del Sáhara y amenaza el norte de África”, concluye Vermeren.

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