Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

“No haber ayudado a Siria ha convertido el mundo en un lugar peor”

El disidente sirio Yassin al Haj Saleh sigue sin conocer el paradero de su mujer tras tres años de secuestro

Yassin al Haj Saleh (Raqa, 1961) es uno de los intelectuales opositores más influyentes de Siria. Su militancia en un partido comunista ilegal le llevó a la cárcel durante 16 años (1980-96) y a vivir en la clandestinidad desde el inicio de la revuelta contra el régimen de Bachar el Asad, hasta que huyó del país en 2013. Desde su exilio en Estambul el dolor que siente por Siria se convierte en sangrante herida a causa de la desaparición de su mujer, Samira Khalil, secuestrada en 2013 por un grupo salafista que se había hecho con el control de territorio rebelde en la zona de Ghuta Oriental y cuyas notas, compiladas en Diario del asedio a Duma (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), se publican ahora en España.

Yassin al Haj Saleh durante la entrevista con EL PAÍS el pasado 22 de enero en un café de Estambul
Yassin al Haj Saleh durante la entrevista con EL PAÍS el pasado 22 de enero en un café de Estambul

Pregunta. Usted dice que “el mundo se ha convertido en un trozo de Siria”. ¿Por qué?

Respuesta. El mundo no ayudó a Siria a cambiar a mejor, y por ello, Siria contribuyó a que el mundo se convirtiese en un lugar peor. En la crisis de los refugiados y del terrorismo islámico, las élites de Occidente encontraron una excusa para resucitar las políticas de frontera e incrementar el control sobre los ciudadanos. La esperanza que existía al inicio de la primavera árabe se ha evaporado. Y ello ha favorecido la ola de populismo derechista que representan Trump, el Brexit y la extrema derecha francesa.

P. ¿Qué ocurrió para que la revolución siria terminase cooptada por el islamismo radical?

R. No creo que esa sea una pregunta justa. Porque los 200.000 sirios que han sido arrestados y torturados, la mayoría de los cinco millones de refugiados y de los 400.000 muertos de la guerra los hemos puesto nosotros. La espina dorsal de la revolución está rota desde 2013 porque la represión llevó a la militarización del conflicto y a una mayor radicalización. Imagina que eres un joven normal que simplemente sueña con una vida mejor, pero eres detenido, te torturan, destrozan tu casa... entonces te conviertes en un hombre enfadado, buscas armas. Puede que fueras un nacionalista sirio, pero te torturan alauíes (la minoría religiosa a la que pertenece Asad) y tú adquieres una conciencia religiosa y sectaria suní. Esa es la dinámica que vivimos en Siria. Y pese a todo, durante los alto el fuego de 2016, en la localidad de Maarat al Numan, por ejemplo, había manifestaciones contra Jabhat al Nusra (filial siria de Al Qaeda) y contra el régimen, pese a lo difícil que es protestar contra dos enemigos a la vez.

P. ¿Ha habido cooperación entre el régimen y los salafistas?

R. Daesh (acrónimo en árabe para referirse al Estado Islámico) y Al Nusra son los enemigos deseados por el régimen. Por eso el régimen comenzó a liberar de las prisiones a los salafistas en 2011 y hubo una política decidida de comportarse de forma discriminatoria con los elementos suníes del levantamiento. La política del régimen se dirigió a crear al enemigo deseado, un enemigo que poder vender ante el mundo. Y tuvo éxito.

P. En 2013, EE UU amenazó con intervenir, pero finalmente se echó atrás.

Lo más horrible es que no solo nos han matado, sino que nos matan y nos insultan

R. EE UU no quería intervenir porque Bachar el Asad hubiera matado a 1.466 personas sino porque había cruzado la línea roja de utilizar armas químicas. Así que al acordar con los rusos el desarme químico del régimen, EE UU dio carta blanca para matar a la población por cualquier otro medio: barriles bomba, bombardeos aéreos... La amenaza de intervención era por la seguridad de Israel, EE UU o Rusia, no por defender a la oposición.

P. Pero al mismo tiempo, EE UU suministraba armas a la oposición

R. Es cierto, pero siempre de un modo en que la oposición pudiese continuar la lucha, pero jamás ganar la guerra. Por ejemplo, no se entregaron MANPAD (sistemas portátiles de misiles tierra-aire) contra los aviones que nos bombardeaban. Además, a finales de 2012, cuando la resistencia armada estaba a punto de entrar en Damasco se le ordenó, a través de Arabia Saudí, que no lo hiciese. EE UU quería un cambio de régimen controlado por ellos de principio a fin. No permitir que entonces cayera el régimen fue un regalo a los extremistas islámicos, porque su ideología está basada en que nosotros, los musulmanes, no le importamos a nadie y que nadie nos protege. Ahora, en lo que trabajan los estadounidenses y los rusos es en un cambio superficial del régimen. Un asadismo sin Asad.

P. ¿Sabe dónde está su mujer, la activista Samira Khalil, desaparecida desde hace tres años?

R. No. No sabemos nada de ella ni de los otros tres que fueron secuestrados con ella (Razan Zaitouneh, Wael Hamada y Nazem Hammadi). Pero ahora tengo una idea más formada sobre quién fue el responsable. Yeish al Islam (Ejército del Islam), un grupo al que apoyan los saudíes.

Los estadounidenses y los rusos quieren un cambio superficial del régimen de El Asad

P. ¿Cómo ha vivido el secuestro de Samira durante estos años?

R. [Se queda en silencio durante varios minutos] Yo sigo intentando hacer lo que debo... [Llora] Intento hacer algo para o bien liberar a Samira o bien al menos dignificar su ejemplo.

P. En Diario del asedio a Duma, Samira narra situaciones muy duras, pero siempre con cierta ternura y un estilo poético.

R. Así es Samira. Y así es Siria, así son nuestras vidas. A veces no puedo creer lo que nos ocurrió, no me parece real. Y lo más horrible es que no solo nos han matado, sino que nos matan y nos insultan. El resto del mundo no quiere vernos como somos, solo ven a los barbudos.

P. ¿Es posible la paz y la reconciliación en Siria?

R. Ese es nuestro sueño. Y creo que no es imposible. Pero para ello necesitamos un compromiso histórico para luchar contra Daesh y Al Qaeda y, al mismo tiempo, acabar con el régimen de Asad.

P. Pero no parece muy posible que alguien convenza a Asad de que se vaya ahora que cuenta con tanto apoyo ruso e iraní.

R. Cierto. Y eso significa que el resto del mundo apoya la continuidad de un régimen tiránico y fascista.

Más información