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Trump ridiculiza las manifestaciones masivas contra él y luego dice respetarlas

“¿Por qué esta gente no votó?”, escribe en Twitter, su plataforma favorita para lanzar ataques

Donald Trump demostró este domingo que, como presidente estadounidense, no se sosegará. El republicano utilizó la táctica del palo y la zanahoria en su primera valoración pública de la marchas masivas contra él en Washington y otras ciudades. El mandatario ridiculizó a los manifestantes del sábado. Luego dijo respetar el derecho a la protesta. Lo hizo en su cuenta personal en Twitter, que se mantiene, tras su toma de posesión, como su plataforma favorita para lanzar ataques y electrizar a sus fieles.

FOTO: Trump, el sábado, en la sede de la CIA. / VÍDEO: La manifestación de La Marcha de las Mujeres en Washington.

Si alguien confiaba en que, una vez asumiera la presidencia de la primera potencia mundial, Trump dejaría atrás su retórica chulesca y descalificadora, las 7:47 de la mañana de este domingo en la Costa Este estadounidense le sirvieron para comprobar que ese deseo de moderación se esfumaba. También cómo el republicano no renunciará a utilizar su cuenta personal de Twitter para intimidar a sus detractores.

A esa hora publicó un mensaje en la red social en que minimizaba las manifestaciones en su contra: “¡Miré las protestas ayer pero tuve la impresión de que acabamos de tener una elección! ¿Por qué esta gente no votó? Las celebridades dañaron mucho la causa”.

Trump no entró en detalles, pero soslayó que probablemente la mayoría de esos manifestantes votaron a la demócrata Hillary Clinton, su rival en las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre. Uno de los carteles que más se veía en la Marcha de Mujeres, en Washington, era "Estoy con ella", uno de los lemas electorales de Clinton. El republicano logró la presidencia al imponerse en el recuento del colegio electoral -la traslación del voto de cada Estado según su población- pero la demócrata sacó unos tres millones más de votos que él en el recuento del voto popular.

Algunas celebridades cercanas al Partido Demócrata, como Scarlett Johanson o Madonna, participaron en la manifestación de Washington, que llenó la explanada del National Mall con un nivel de asistencia similar o superior al de la investidura de Trump. Es frecuente que el republicano arremeta contra esas personalidades, como hizo con la actriz Meryl Streep tras repudiar al magnate en la gala de los Globos de Oro. El republicano apenas logró que alguna estrella participara en su ceremonia de investidura del viernes ni en el concierto de celebración de la víspera.

Una hora y media después de ese mensaje en Twitter, el nuevo mandatario publicó otro más conciliador: “Las protestas pacíficas son un sello distintivo de nuestra democracia. Incluso si no siempre estoy de acuerdo, reconozco los derechos de la gente a expresar sus visiones”.

Ese tono conciliador se acercó más a la ortodoxia política, al manual clásico de comunicación para un presidente que afronta, en sus primeros días en el cargo, una sociedad polarizada por su elección. Recordó al Trump de los días posteriores a los comicios de noviembre cuando tendió la mano a los manifestantes que protestaban contra su victoria: “No tengáis miedo. Vamos a recuperar nuestro país”, les dijo entonces. Pero esa aproximación fue efímera. El multimillonario neoyorquino, cuya anticorrección política encandila a sus seguidores, mantuvo el tono confrontador durante buena parte de la transición presidencial.

Trump evitó entrar este domingo en el debate sobre si la manifestación de Washington fue más multitudinaria que su toma de posesión. El sábado acusó falsamente y sin ofrecer pruebas a los medios de comunicación de querer minimizar la asistencia a su investidura. Pero este domingo destacó, en otro mensaje en Twitter, que más gente siguió por televisión su toma de posesión que la de Barack Obama en 2013. “Wow, 31 millones de personas miraron la investidura, 11 millones más que los muy buenos datos de hace cuatro años”, escribió.

Trump, un exshowman televisivo obsesionado con la imagen pública, declinó revelar que su audiencia fue inferior a la investidura de Obama en 2009. También a la de Jimmy Carter (1977), la segunda de Richard Nixon (1973) y la primera de Ronald Reagan (1981), que tiene el récord histórico con 41,8 millones de telespectadores.

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