Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Valls queda en segunda posición en las primarias, según datos provisionales

El ganador es el exministro de Educación Benoît Hamon, del ala crítica e izquierdista del partido

El exprimer ministro Manuel Valls ha sufrido un duro revés en las urnas que pone en entredicho su futuro político, si se confirman los resultados provisionales de las primarias de la izquierda celebradas este domingo. Valls ha sido superado por el exministro Benoît Hamon, del ala crítica del partido. Este ha logardo el 35% de los votos frente al 31% para Valls, según los datos con un tercio de votos escrutados.

Retrato de los candidatos a las primarias socialistas. El favorito es Manuel Valls, abajo a la derecha
Retrato de los candidatos a las primarias socialistas. El favorito es Manuel Valls, abajo a la derecha REUTERS

En la histórica sede parisina de los socialistas, en la calle Solférino, huele a fin de etapa. “Si la izquierda se rompe -y el riesgo está ahí-, pasará 30 años en la oposición”. Bajo una foto del mítico François Mitterrand, lo dice el primer secretario, Jean-Christophe Cambadélis. Dividida y debilitada, en efecto, la izquierda vota este domingo en la primera vuelta de las primarias para elegir su candidato al Elíseo. El exprimer ministro Manuel Valls es el favorito, pero seguido de cerca de dos exministros del ala izquierdista, Benoît Hamon y Arnaud Montebourg.

A las 17.00 horas, y según los datos oficiales de los socialistas, habían votado un millón de personas en el 70% de las 7.530 mesas en toda Francia. El dato es sensiblemente inferior al registrado en las anteriores primarias de 2011 (1,5 millones) y beneficia a Valls. Una participación alta, en cambio, jugaría a favor de sus dos rivales críticos. Por eso, Hamon ha declarado tras depositar su voto en Trappes, cerca de París, que, si la participación es baja, el elegido tendrá "una legitimidad débil".

En total, han votado entre 1,7 y 1,9  millones de personas. Un dato muy inferior a los 4,3 millones de votos en las primarias de la derecha hace dos meses, lo que indica la decepción y desmovilizaciòn en la resquebrajada izquierda francesa.

Una carrera de siete con un grupo de cabeza de tres

C. YÁRNOZ

Son siete los aspirantes en las primarias de la izquierda, pero la atención se centra en los cuatro del Partido Socialista, y concretamente en los tres primeros de la lista, los únicos con opciones de ganar.

Manuel Valls. 54 años. El exprimer ministro, el favorito, es el candidato natural una vez que el presidente François Hollande tiró la toalla. A su favor, la experiencia y la lealtad a Hollande, pero la crticada legislatura actual también supone una losa para él. Le apoya más de la mitad de los ministros actuales y los dirigentes parlamentarios. Tiene en contra a los críticos.

Benoït Hamon. 49 años. El exministro de Educación es el principal rival de Valls. Expulsado del Gobierno por crítico en 2014, como diputado se abstuvo al votar reformas legales del Gobierno. Propugna un salario social universal de 600 euros.

Arnaud Montebourg. 54 años. Ya superó a Valls en las primarias de 2011 (17% frente a 5%). Abogado, locuaz, emparejado con Aurélie Filipetti, otra exministra víctima de Hollande y Valls expulsada con él del Gobierno en 2014. Le apoyan una veintena de diputados rebeldes.

Vincent Peillon. 56 años. Ministro de Educación hasta que Valls pasó a ser jefe del Gobierno, este eurodiputado se alejó de la política, pero decidió ser candidato cuando Hollande rechazó serlo. Antivallsista, le apoya la alcadesa de París, Anne Hidalgo.

Sylvia Pinel. La benjamina, de 39 años, y la única mujer candidata. Exministra de Vivienda. Lidera el Partido Radical de Izquierdas, formación aliada de los socialistas.

Jean-Luc Bennahmias. 62 años. Exportavoz de los Verdes, exvicepresidente de los centristas, acude como candidato del Frente Demócrata, de centroizquierda, al margen del PS.

François de Rugy. 43 años. Tras varias escisiones y guerras internas, este diputado se presenta en nombre de una facción de los verdes como líder de un pequeño y nuevo partido llamado Ecologistes!

A punto de concluir el mandato de François Hollande, el presidente más impopular de la V República, la desarbolada izquierda arranca con las primarias una carrera electoral en la que será desalojada de su último reducto de poder, la jefatura del Estado. Los sondeos indican no solo eso, sino que, además, será eliminada en la primera vuelta de las presidenciales en abril. Serán la ultraderecha y la derecha las que compitan en la recta final. Es lo que ocurrió en 2002 y los socialistas aún tienen pesadillas al recordarlo.

Para evitarlo, el Partido Socialista intenta estos días la cuadratura del círculo: ha organizado las primarias “para conseguir la unión de la izquierda”, como dice cabizbajo Cambadélis, pero, sin embargo, la cita es también utilizada para saldar cuentas pendientes y poner de manifiesto la existencia de esas dos “izquierdas irreconciliables” de las que habla Valls.

Irreconciliables son las tesis de los tres aspirantes con opciones -hay otros cuatro sin posibilidades- que reclaman la compleja herencia de Hollande. La “deriva liberal” de este y de Valls, sostienen Hamon y Montebourg, es precisamente la que ha dividido a los socialistas. Los dos prometen derogar la reforma más contestada de esta legislatura, la laboral.

La otra cara del socialismo se vio el viernes por la noche en el último mitin de campaña de Valls en el teatro Trialon, en París. El medio millar de asistentes –“¡Manuel presidente!”, gritaban una y otra vez- dedicó la salva de aplausos más cerrada a la ministra sentada en primera fila, la de Trabajo, Myriam el Khomri, que ha dado su nombre a esa controvertida reforma laboral.

El exjefe del Gobierno, apoyado por el aparato del partido y casi el Ejecutivo en pleno, defendió ese acto “la responsabilidad ejercida en estos años difíciles”de Hollande, se declaró “socialreformista” y sostuvo que solo él tiene “estatura de hombre de Estado para gestionar Francia en este nuevo mundo” de Donald Trump, Vladímir Putin o el Brexit.

La corta y átona campaña de los aspirantes ha beneficiado, siempre según las encuestas, a Hamon, que ha recortado distancias con el exprimer ministro. Por eso, así como Valls fue el más atacado por sus rivales en el primero de los tres debates televisados, en el último fue Hamon la diana de los demás.

PRIMARIAS ABIERTAS

Primera vuelta: 22 de enero

Segunda vuelta: 29 de enero

Votantes: militantes -110.000, 50.000 menos que hace una década- y simpatizantes

Principio a firmar: “Asumo los valores de la izquierda y de la República, en el proyecto de una sociedad de libertad, fraternidad, laicidad, justicia y progreso solidario”

Centros de votación: 7.530 mesas

Coste: 1 euro por voto.

Participantes previstos: entre 1,5 y 2 millones (fueron 2,6 hace cinco; y 4,3 en las primarias de la derecha en noviembre).

Este exministro de Educación, expulsado del Ejecutivo con Montebourg en 2014 por criticar esa deriva liberal, ha concitado las embestidas de sus oponentes por defender una ayuda social universal de 600 euros para todos los franceses. “Costaría entre 300.000 y 400.000 millones”, le acusan. “Es inaplicable”, le espetó Valls.

Los últimos sondeos otorgan a Valls un 28% de los votos, seguido a menos de un punto por Hamon y a cuatro por Montebourg. Aunque Valls resulte ganador en esta primera vuelta, será muy difícil que alcance el triunfo final en la segunda vuelta. El motivo es la muy probable alianza de Hamon y Montebourg, apoyados por el medio centenar de diputados socialistas rebeldes que han amargado el mandato a Hollande y Valls. Y si ganan Hamon o Montebourg, será imposible que logren unir al fragmentado partido.

Sea quien sea el candidato socialista, las encuestas le otorgan el quinto puesto en la primera vuelta de las presidenciales. No solo estarán por delante la ultraderechista Marine Le Pen y el conservador François Fillon, sino también los candidatos de otras dos izquierdas existentes en Francia: la del socioliberal Emmanuel Macron -igualmente exministro de Hollande- y la del radical Jean-Luc Mélenchon, apoyado por los comunistas.

A Macron, extitular de Economía en agosto, le quieren las encuestas -va tercero-, llena en sus mítines como nadie y le apoyan tan insignes socialistas como la ministra de Medio Ambiente, Ségolène Royal, excompañera de Hollande. En el despacho de su flamante cuartel electoral, rodeado de cohetes y aviones a escala, sonríe sin parar. “No retiraré mi candidatura”

Solo una alianza con él -si ganara Valls- o con Mélenchon -si triunfa Hamon o Montebourg- salvaría a la izquierda del desastre. “Estamos condenados a entendernos”, repite Cambadélis. Hasta ahora, demuestran lo contrario en casa y fuera de casa. Para empezar, a Macron lo considera simple y llanamente “un traidor”. Y repite una y otra vez: “El candidato socialista no retirará su candidatura”.

En una cafetería del centro de París, Montebourg dice que estas elecciones de primavera son para Francia “la última gasolinera antes del desierto”, la última oportunidad de poner el país en orden y taponar a la extrema derecha. Para Francia, quizás. Para el Partido Socialista, es una cuestión de supervivencia.