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La sombra del racismo sigue acechando a Jeff Sessions

Un senador y dos congresistas negros rechazan su nominación como fiscal general

El senador Cory Booker (I) y el congresista John Lewis en el Senado
El senador Cory Booker (I) y el congresista John Lewis en el Senado AP

La Administración Trump plantea problemas insólitos en Washington. Este martes, por ejemplo, el senador Cory Booker, una de las figuras ascendentes del Partido Demócrata, explicó que tenía dos alternativas: o romper con la tradición no escrita del Senado por la que un senador no testifica contra un colega que aspira a un puesto en el gobierno, o hacer “lo que me dicta la conciencia”.

Al final, los principios prevalecieron sobre las tradiciones y el demócrata afroamericano de Nueva Jersey desafió el tabú legislativo para pedir, ante sus compañeros de la Cámara Alta, que no aprueben la nominación del senador republicano por Alabama Jeff Sessions como fiscal general de Estados Unidos. Su pasado, lejano y reciente, está plagado de acusaciones de racismo y xenofobia.

“El senador Sessions no ha demostrado su compromiso con un requisito central para este trabajo: cumplir de forma agresiva el mandato legislativo de los derechos civiles, de derechos y justicia equitativa para todos nuestros ciudadanos”, denunció Booker, cuyo nombre se baraja como presidenciable para 2020. “De hecho, en muchas ocasiones a lo largo de su carrera, ha demostrado hostilidad hacia esas convicciones”.

En momentos en que el país sufre una profunda división política tras la dura campaña electoral y ha visto cómo se reabrían los últimos años las heridas raciales, lo que EE UU necesita es alguien que una, no que divida más, subrayó el senador. Y Sessions no es esa persona, aclaró por si a alguien le quedaba alguna duda.

“El próximo fiscal general tiene que traer esperanza y sanación a este país, y eso requiere de una empatía más valiente que la que demuestra el historial del senador Sessions”, sostuvo el demócrata, el primer afroamericano en llegar al Senado desde que el ahora presidente saliente, Barack Obama, obtuviera su escaño, en 2004.

El segundo día de confirmación de Sessions en el Comité de Justicia del Senado fue casi tan agitado como el de la víspera. El martes, los protagonistas fueron los activistas, que interrumpieron constantemente las sesiones para denunciar al senador por Alabama por su supuesta afinidad con grupos racistas como el Ku Klux Klan—negadas rotundamente por un encrespado Sessions— y su hostilidad con los inmigrantes. El miércoles fueron algunos legisladores y los testigos convocados, como un veterano de origen mexicano que llegó al país de niño de forma ilegal, los que se encargaron de realizar las denuncias contra el senador de Alabama.

El problema de Sessions va más allá de las acusaciones de racismo que ya frustraron su carrera como juez federal en 1986, subrayó Booker. El senador demócrata rechazó las afirmaciones del candidato de la víspera, cuando aseguró que está dispuesto a defender las leyes del país aunque vayan en contra de sus convicciones.

“De ser confirmado, el senador Sessions deberá defender la justicia para las mujeres, pero su historial indica que no lo hará”, advirtió Booker. “Se esperará de él que defienda la igualdad de derechos de los estadounidenses gais, lesbianas y transgénero, pero su historial indica que no lo hará. Se esperará de él que defienda las leyes de voto, pero su historial indica que no. Se esperará que defienda los derechos de los inmigrantes y afirme su dignidad humana, pero su historial indica que no lo hará”, agregó en referencia a la visceral oposición de Sessions a cualquier regularización de indocumentados.

Booker, cuya acción fue criticada por algunos colegas republicanos como un intento de beneficiar su propia carrera política, no estuvo solo. A su lado se sentaron los también congresistas demócratas, y negros, Cedric Richmond y el icónico John Lewis, uno de los líderes del movimiento por los derechos civiles que, advirtió, aún no ha conseguido su objetivo. “Todavía no lo hemos logrado. hay fuerzas que nos quieren llevar atrás y nosotros no queremos ir atrás, queremos avanzar”, reclamó quien hace medio siglo marchó, junto con Martin Luther King, por Selma. Desde entonces esta ciudad es símbolo de esta lucha, además de ser la ciudad natal de Sessions.

 

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