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¿Aprobarías unas oposiciones en China?

Casi un millón de personas realizaron la semana pasada el examen para cubrir unas 27.000 plazas de empleo público

La competencia para conseguir un empleo público es dura y en China lo saben bien. Un total de 984.000 personas se presentaron el pasado domingo a un examen que ejerce de principal criba para asignar 27.000 puestos de funcionario durante el próximo año, una prueba conocida como guokao —literalmente "examen estatal"—, que no es nada fácil de superar.

Varios aspirantes a las oposiciones entran en un centro de exámenes en Nanjing.
Varios aspirantes a las oposiciones entran en un centro de exámenes en Nanjing. Reuters

Solamente uno de cada 36 candidatos logrará una plaza, muy cotizadas no tanto por los sueldos que se ofrecen sino porque garantizan la estabilidad, el empleo para toda la vida o, como se dice en chino, contar con un bol de arroz de hierro. Ser funcionario, en algunos casos, puede significar convertirse en miembro del Partido Comunista de forma automática o puede garantizar el permiso de residencia en el lugar al que irás destinado, cosa que en ciudades como Pekín o Shanghái es algo tan o más importante que el salario para muchos migrantes, porque garantiza servicios básicos como la sanidad o la educación.

Examen a funcionarios en China

    A pesar de que la cifra de solicitantes de empleo público se mantiene estable y hasta crece en algunas convocatorias, el prestigio del que antes gozaban los que conseguían ser funcionarios se ha ido diluyendo entre los jóvenes en los últimos años. Por un lado, aunque aporte estabilidad, los sueldos generalmente son mucho más competitivos en el pujante sector privado. Por otro, se ha extendido el estigma de que se trata de un trabajo rutinario, para gente poco ambiciosa y en el que es difícil ascender porque, a pesar de tener talento, lo que importa son los contactos. "¿Por qué hay que pasar un examen tan difícil si después todo se basa en intereses y la Administración pública es ineficiente?", se quejaba un internauta en Weibo, el equivalente de Twitter en China.

    Para presentarse a la prueba hay que tener entre 18 y 35 años y formación universitaria. Cada uno de los candidatos, además, debe cumplir otros requisitos específicos dependiendo de la posición a la que aspira, principalmente relacionados con la experiencia laboral. Este año, la plaza más solicitada es la de secretario del Comité Central de la Liga Democrática de China (una de los ocho formaciones políticas autorizadas en el país además del Partido Comunista) con 9.837 personas compitiendo por el puesto. Por el contrario, más de 920 plazas quedarán vacantes, la mayoría trabajos en áreas rurales o remotas y con unas condiciones laborales menos atractivas, después de que nadie haya mostrado interés en ellas.

    El examen duró cinco horas. Los participantes tuvieron dos horas para responder 135 preguntas con cuatro posibles respuestas que cubren la historia, política y cultura china, pero también ámbitos como el lenguaje, las matemáticas, la lógica o la economía. De media, uno debe emplear menos de un minuto por pregunta si quiere responderlas todas. Después hay otra ronda de cuestiones, esta vez de respuesta redactada, que dura tres horas más.

    Aunque el examen supone una criba importante, aprobarlo o quedar entre los primeros no implica directamente la consecución de la plaza. Cuando en enero del año que viene se publiquen los resultados, los solicitantes de empleo que hayan pasado la prueba tendrán que someterse a una entrevista personal, un examen médico exhaustivo y hasta una inspección durante la cual los entrevistadores preguntarán al entorno del candidato (principalmente compañeros de trabajo y supervisores) por sus aptitudes. La lista definitiva de afortunados se hará pública a mediados de 2017.

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