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La televisión iraní emite ‘House of Cards’ sin escenas de cama

La lucha de poder de la serie encaja en el estereotipo del régimen islámico sobre EE UU

Ángeles Espinosa

Con tres años de retraso y debidamente aligerada de sus escenas más tórridas, los iraníes están viendo la exitosa serie estadounidense House of Cards en la televisión estatal. Su emisión a partir de finales de septiembre ha causado una gran sorpresa, dado el rechazo del régimen islámico a cualquier influencia de Occidente. Pero en la recta final de las elecciones estadounidenses, las maquinaciones políticas del congresista Frank Underwood para llegar al despacho oval de la Casa Blanca sirven para reforzar la visión oficial de Estados Unidos como un país corrupto y sin escrúpulos.

Rara vez una producción occidental, y mucho menos norteamericana, llega con tanta celeridad a las pantallas iraníes. Lo hizo en su día en el cine la película de Michael Moore Fahrenheit 9/11, sin duda por su crítica a la presidencia de George W. Bush. Pero en general, la grisura de la programación televisiva ha contribuido al éxito de las cadenas por satélite (a pesar de la prohibición de las antenas parabólicas) y a la proliferación de DVD piratas.

De momento, son las dos primeras temporadas, casi en sesión continua. Cada noche a las 23.00 en Namayesh, el canal de la televisión pública (en Irán no hay cadenas privadas) dedicado al cine y las series, Underwood (Kevin Spacey) y su mujer, Claire, (Robin Wright) conspiran, doblados al persa, para ganar poder tras no lograr la secretaría de Estado. Pero Juné Pushalí, o Casa de Paja como se ha traducido el título, se salta sistemáticamente las escenas de cama. Para los censores resulta sin duda más peligrosa la relación del congresista con una joven reportera (Kate Mara) que su ambición política.

Es intentar poner puertas al campo. Como en el resto del mundo, los jóvenes iraníes hace tiempo que ven series y películas extranjeras directamente online. Aun así, la calidad de House of Cards puede atraer nuevo público hacia la cadena. “El doblaje es excelente; se nota que [los responsables de la televisión] buscan que la gente siga la novela”, asegura un televidente. Pero resulta dudoso que sus 33 candidaturas a los Emy sean el principal motivo para programarla.

La manipulación, las mentiras y el juego sucio que refleja la ficción encajan bien con la imagen que el régimen islámico tiene de Estados Unidos, el Gran Satán, con quien no mantiene relaciones diplomáticas desde poco después de la revolución de 1979. Sólo hay que leer las elogiosas críticas que le han dedicado los medios más conservadores.

House of Cards muestra con habilidad el engaño en la compleja esfera política de la civilización liberal americana, así como la traición, el ansia de poder, las promiscuidades y los delitos que esconden quienes mandan en el país”, comenta MashreghNews, una web próxima a los Pasdarán.

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No está claro si Namayesh, o la radiotelevisión iraní (IRIB) de la que es una filial, han adquirido los derechos de emisión a Netflix. Resulta improbable ya que Irán y EE UU carecen de acuerdos de protección del copyright y esa plataforma no está disponible en el país asiático.

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Sobre la firma

Ángeles Espinosa
Analista sobre asuntos del mundo árabe e islámico. Ex corresponsal en Dubái, Teherán, Bagdad, El Cairo y Beirut. Ha escrito 'El tiempo de las mujeres', 'El Reino del Desierto' y 'Días de Guerra'. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (Madrid) y Máster en Relaciones Internacionales por SAIS (Washington DC).

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