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Francia se prepara para el desalojo de 7.000 migrantes de la Jungla de Calais

El Gobierno francés inicia este lunes el desmantelamiento del campo para distribuir por todo el país a los refugiados

El campamento improvisado de migrantes y refugiados más grande de Europa tiene las horas contadas. El Gobierno de François Hollande inicia este lunes el desmantelamiento de la jungla de Calais. Más de mil policías y decenas de autobuses van a hacer posible una operación que durará una semana. Los 6.484 habitantes censados de la jungla serán realojados en centros de acogida en todo el país. La Jungla enturbia las relaciones con Londres y despierta la ira de la derecha y la ultraderecha francesas, que ahora se oponen también al masivo realojo.

El campamento de Calais este domingo.

La operación es una iniciativa de alto riesgo. Los pobladores de la jungla están varados junto al puerto de Calais porque quieren viajar al Reino Unido, a solo 35 kilómetros pero separados por el canal de la Mancha. Muchos han pagado incluso su pasaje a las mafias que se encargan de facilitarles el asalto a los camiones que embarcan en los transbordadores o pasarlos a pie por el eurotúnel, donde han muerto varios refugiados. Algunas asociaciones humanitarias, como No Borders, ya se han organizado para dificultar el desmantelamiento.

Mientras se ultiman los preparativos, los migrantes parecen ausentes todavía este domingo del cambio que se avecina y observan bajo el frío húmedo de la duna el movimiento de funcionarios y periodistas. Cuatro etíopes que llevan meses en la Jungla han comentado este domingo a EL PAÍS que se niegan a ser trasladados porque su objetivo no es quedarse en Francia, sino pasar al Reino Unido. "Lo intentamos cada noche", dice el más joven, de 17 años, en medio del mar de chabolas y tiendas de campaña del campo. Un joven eritreo se encoge de hombros cuando se le advierte de que la Jungla va a ser destruida en breve. "Es igual. Nos han destruido en nuestro país. Nos quedaremos aquí todos juntos". Otro migrante recorre las callejuelas entre chabolas, contento. "¡La Jungla se acaba!", grita.

El Ejecutivo de François Hollande está decidido a que el desalojo sea definitivo esta vez. Después de años de inacción o iniciativas ineficaces, la jungla de Calais es el símbolo vergonzante en el que se hacinan miles de migrantes y refugiados sin las mínimas condiciones de habitabilidad e higiene.

Una historia explosiva

Calais (70.000 habitantes) a orillas del mar, es el punto más próximo a la costa británica, a tan solo 35 kilómetros. Los migrantes que desean llegar al Reino Unido deben transitar por la zona. En los años 90 se concentraron primero en Sangatte, muy cerca del eurotúnel, y después, en La Jungla, una zona que linda con el centro de día Jules-Ferry, construido en enero de 2015 y con capacidad para 400 personas. Poco a poco, las autoridades han ido instalando inodoros portátiles y fuentes de agua potable. En enero de este año se instalaron incluso caravanas para alojar a 1.500 personas. Ninguna de las medidas ha servido para evitar la explosión y la tensión que genera este inmundo poblado.

Francia debe hacerse cargo de la gestión de todos aquellos migrantes y refugiados varados en su suelo que quieren ir al Reino Unido. Es debido al acuerdo de Touquet firmado en 2003 por el entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy. Londres aporta unos cien millones al año, entre otras cosas para construir muros y alambradas que dificulten los asaltos. En ellos han muerto ya varios migrantes.

Le tensión ha ido en aumento desde el pasado año, a medida que aumentaba la población de la jungla y los conflictos. La violación de una intérprete que acompañaba a un periodista la semana pasada ha indignado a los calaisianos, que ven con la jungla amenazada su seguridad y su economía.

El desmantelamiento parcial de marzo pasado fue un parche. Tres meses después, el campamento duplicó su población durante el verano hasta alcanzar los 10.000 habitantes, según las asociaciones humanitarias. El Gobierno asegura que el último censo, del 10 de octubre pasado, arroja una cifra de 6.486 personas; entre ellas, 1.300 menores no acompañados.

La prefecta de Calais, Fabienne Buccio, ha informado este domingo a los periodistas llegados hasta Calais que en esta pasada semana han sido trasladados ya al Reino Unido 200 menores. "La colaboración con los británicos es buena", ha asegurado.

Junto a la Jungla, un gran hangar se ha convertido en una provisional terminal de autobuses. Es ahí donde se va a realizar la identificación de los migrantes y, mediante brazaletes, se les va a agrupar de acuerdo con el destino asignado. Está previsto que salga un autocar cada 15 minutos, han explicado los funcionarios que trabajan en los preparativos.

Las expulsiones parciales registradas hasta ahora no se han demostrado efectivas. Durante el último año, el Gobierno ha trasladado desde Calais hasta alguno de sus 164 centros de acogida y orientación (CAO) a 5.966 personas y otras 1.570 han sido expulsadas por tratarse de inmigrantes clandestinos. Pero el goteo de salidas es contrarrestado con otro goteo de entradas. “Hay que desmantelar el campo por completo”, explica Pascal Brice, director general de la oficina de refugiados (OFPRA), “que se extienda el mensaje de que Calais ya no es una estación a la que acudir”.

La jungla de Calais, un problema heredado, se ha convertido en una patata caliente para el Gobierno socialista francés. Calais se sitúa en una región (Norte Paso de Calais-Picardía) en la que está fuertemente implantado el Frente Nacional. Las tensiones internas en el campamento y los asaltos de migrantes a los transportistas han multiplicado las protestas xenófobas. Y ello a pesar de que, según Brice, no es verdad que la mayoría de los migrantes sean clandestinos. “Al contrario, el 70 % tiene derecho al estatuto de asilado porque vienen de países en conflicto”. El problema es convencerles de que inicien el procedimiento en suelo francés.

La derecha francesa, en plena precampaña electoral, exige poner fin al acuerdo de Touquet, firmado en 2003, mediante el cual Francia se hace cargo, junto con policías ingleses, de filtrar el paso de migrantes hacia Reino Unido. El conservador Alain Juppé, probable próximo presidente de Francia según las encuestas, ha dicho que son los ingleses los que deben hacer ese trabajo y en Inglaterra, sobre todo tras el Brexit.

El Gobierno de Hollande ha recibido el espaldarazo de la oficina de refugiados de la ONU, ACNUR. “Es esencial que estas personas sean trasladadas de manera organizada y planificada y se les ofrezca una alternativa de alojamiento adecuado”, ha dicho este organismo.

Uno de los asuntos más delicados es el tratamiento de los menores no acompañados. La mayoría dice tener familia ya en el Reino Unido, por lo que este país debería hacerse cargo de ellos. De momento, París ha optado por un realojo a medida, cerca de Calais, donde se les atenderá individualmente y se verificará edad, procedencia y destino, si bien la estrecha colaboración establecida con Londres en las últimas semanas ha permitido ya el traslado de 200.

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