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Holanda propone a la UNESCO proteger las fraternidades famosas por las novatadas

Las 48 sociedades entre cuyos miembros ha habido dos muertes desde 1965 son ahora patrimonio

Las hermandades estudiantiles holandesas, algunas con dos siglos de antigüedad, forman parte desde ahora del patrimonio cultural inmaterial del país. Son 48 agrupaciones repartidas por las 13 universidades nacionales y suman unos 40.000 miembros. Según el centro que coordina la cultura popular y la herencia intangible del país, asesor del Gobierno, “facilitan y estimulan el encuentro y desarrollo de sus socios”. También transmiten a otras generaciones “sus reglas no escritas y aplicadas durante el periodo de introducción universitaria a los nuevos candidatos”. Popularmente, esto último se conoce como novatadas, una polémica, y a veces peligrosa costumbre, que suma dos muertes en el país y puede verse reforzada por la decisión de equiparar estas sociedades con tradiciones como la de Sinterklaas (San Nicolás) una de las más arraigadas.

Miembros de una fraternidad desfilan por Groningen (Holanda), en 2014.
Miembros de una fraternidad desfilan por Groningen (Holanda), en 2014.

Las fraternidades han sido incluidas en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, protegido a escala internacional desde 2003 por la UNESCO con una Convención específica. De momento, solo figuran en el registro holandés, pero el organismo de Naciones Unidas tiene potestad para incluirlas un día en sus listas oficiales. Es cierto que las novatadas no se organizan con intención de causar daños mayores, pero las vejaciones, humillaciones psíquicas y psíquicas y retos absurdos que conllevan costaron en 1965 la vida de un estudiante. El joven se asfixió durante un ataque de asma porque le pusieron una capucha embadurnada en hollín de aceite sacado de un motor de coche. En 1997, otro alumno de primero murió atropellado después de haber sido obligado a ingerir un litro de ginebra durante el rito de iniciación. Cayó de noche inconsciente al suelo en un prado, y pasó por encima un vehículo que no le vio.

 Más cerca en el tiempo, en 2007, en una corporación de Groningen (norte del país) la actividad consistió en beber vasos de agua con peces dentro. Los responsables lo negaron, pero cuatro miembros lo contaron al diario de la universidad. En 2005, un inscrito en el mismo campus estuvo en coma y en urgencias después de ser forzado a beber seis litros de agua. Le dio un ataque epiléptico por culpa del bajísimo nivel de sodio en la sangre. En 2002, varios afectados se quejaron en Utrecht de que les habían manchado el cabello con heces y luego les dieron pastillas efervescentes hasta sacar espuma por la boca.

 Ruben Hoekman, estudiante de Empresariales, y presidente de la Asamblea de Asociaciones, espera que el nuevo reconocimiento mejore su imagen, porque las novatadas son evidentes, pero “formamos parte de una cultura de 200 años que no podía faltar en la lista inmaterial”, ha dicho. También desea que se note el apoyo que se prestan los miembros a la hora de estudiar y de buscar información sobre futuros trabajos. Ante la ausencia de colegios mayores, aunque sus residencias solo se brindan a los afiliados, alivian en parte el problema de alojamiento universitario. Nadie aplaude las novatadas, pero tal vez las palabras de una alumna que prefiere mantener el anonimato resuman lo que se espera en el fondo: “Lo pasas fatal, pero conoces a gente que puede ayudarte en el futuro porque has formado parte del mismo club”.

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