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El alcalde electo de Karachi aspira a dirigir la ciudad desde la cárcel

Waseem Akhtar, del controvertido MQM, está acusado de incitación al odio y de ayudar a delincuentes

Un trabajador saluda al alcalde electo de Karachi, Waseem Akhtar.
Un trabajador saluda al alcalde electo de Karachi, Waseem Akhtar. REUTERS

Recién elegido alcalde de Karachi, Waseem Akhtar, del Movimiento Muttahida Qaumi (MQM, en sus siglas inglesas), ha prometido este miércoles trabajar con otros partidos para resolver los problemas de la mayor ciudad de Pakistán. “No soy un alcalde del MQM. Voy a trabajar por Karachi. Soy el alcalde de Karachi”, declaraba citado por el diario Dawn. Sus palabras suenan razonables en un político. Solo que Akhtar fue detenido el pasado 19 de julio por un tribunal antiterrorista y pretende ejercer su tarea desde prisión.

“Abrirá una oficina en la cárcel y dirigirá las reuniones de la corporación por videoconferencia”, explicó su abogado mientras el candidato votaba en la sede municipal. Akhtar había llegado en un vehículo policial blindado y en medio de grandes medidas de seguridad. Era la última ronda electoral y, a pesar de los escándalos que plagan a su partido, tenía el éxito asegurado. El MQM dispone de 214 de los 308 concejales en el ayuntamiento, después de que barriera en las elecciones locales del pasado diciembre.

Akhtar, que afirma que las acusaciones contra él son políticas, afronta varios casos por incitación al odio y prestar asistencia médica a delincuentes y terroristas. El juez le negó la libertad bajo fianza y no parece que vaya a cambiar de opinión antes del próximo martes día 30, cuando debería jurar su cargo. Tampoco está claro que las autoridades carcelarias vayan a facilitarle un despacho y a escoltarle para asistir a las reuniones importantes, tal como han sugerido los portavoces de su partido.

La elección de un político encarcelado es simbólica de la actual lucha por el poder en Karachi, coinciden varios observadores. Con 17 millones de habitantes, la gran ciudad portuaria de Pakistán es además del centro económico y financiero del país, un imán para las mafias y los delincuentes de todo pelaje. El MQM, el partido al que pertenece Akhtar y que ha controlado la ciudad durante décadas, está acusado de apoyarse en esas redes criminales.

“La policía está tras los lazos entre delincuentes y políticos, y la elección de hoy en Karachi no va a afectar a las operaciones contra las bandas mafiosas de los partidos”, asegura a EL PAÍS el periodista paquistaní Shabbir Hussain.

Desde que hace tres años las fuerzas de seguridad iniciaran la lucha contra el crimen organizado en la ciudad, la séptima urbe más populosa del mundo, han detenido a decenas de miembros del MQM bajo acusaciones de secuestro, extorsión, tortura y asesinato. El partido, que como resultado ha visto mermada su base, niega cualquier relación con el hampa y acusa a los Rangers (el cuerpo encargado de la operación) de llevar a cabo asesinatos extrajudiciales de sus miembros.

En el último episodio de este enfrentamiento, digno de un guión de cine, la policía presentó el martes una denuncia por “alta traición” contra el líder del MQM, Altaf Hussain, que vive autoexilidado en Londres desde 1992 cuando una redada policial estuvo a punto de alcanzarle. La víspera, una de sus soflamas, criticando a los medios de comunicación por no hacerse eco de sus discursos, llevó a sus seguidores a atacar la sede de Ary TV; los enfrentamientos dejaron un muerto. Aunque la dirección del MQM se ha distanciado de Hussain, el nuevo alcalde está considerado uno de sus hombres de confianza.