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La agencia de seguridad aérea quiere más controles médicos tras la tragedia de Germanwings

Reclama pruebas de alcohol y drogas, una evaluación exhaustiva de la salud mental y más seguimiento a los pilotos que han sufrido trastornos psiquiátricos

Personal de rescate sobrevuelan la zona del siniestro.
Personal de rescate sobrevuelan la zona del siniestro. Reuters

La tragedia de Germanwings puede suponer un endurecimiento de los requisitos médicos que deben superar los pilotos. La Agencia de Seguridad Aérea Europea (EASA) ha estudiado a fondo la catástrofe y ha puesto sobre la mesa una serie de propuestas para evitar que se repitan hechos similares al que costó la vida a 150 pasajeros del vuelo que unía Düsseldorf y Barcelona el 24 de marzo de 2015, cuando el copiloto Andreas Lubitz estrelló intencionadamente el aparato en los Alpes franceses. El organismo, con sede en Colonia (Alemania), ha hecho llegar sus recomendaciones a la Comisión Europea, a la que reclama que los pilotos pasen pruebas de alcohol y drogas, evaluar exhaustivamente su salud mental y mejorar el seguimiento de los que hayan sufrido trastornos psiquiátricos.

Bruselas presentará a finales de año una propuesta de ley para regular los controles que deben superar los pilotos, y la EASA quiere que su plan sirva de base para el nuevo texto. Las recomendaciones no solo se dirigen a los profesionales que se ponen a los mandos de un avión, también a los encargados de examinarlos. La agencia ve necesario mejorar la calidad de los controles, por lo que es partidaria de aumentar la capacitación, supervisión y evaluación de los examinadores médico-aeronáuticos.

La propuesta también recoge la obligación de que los centros médicos avisen a las autoridades de cualquier evaluación médica incompleta, y que los exámenes a los pilotos que quieren hacerse con una licencia incluyan el recuento del número de fallos, el análisis de la gravedad de los errores que han cometido y conclusiones individualizadas sobre cada piloto.

Las recomendaciones se suman a las que también hizo llegar a la Comisión el pasado marzo la oficina de seguridad aérea francesa (BEA). En ellas aconseja apoyar al piloto ante las consecuencias financieras de una pérdida de la licencia para evitar que oculte problemas psiquiátricos, determinar en qué casos puede un piloto tomar antidepresivos y romper la obligación de mantener el secreto médico en las situaciones en que la seguridad pública corra peligro.

Lubitz, que el día de la catástrofe tenía una baja médica que no había comunicado a sus superiores, tenía antecedentes médicos por trastornos psíquicos por los que había recurrido a diversos médicos y terapias, lo que abrió el debate sobre la laxitud de las pruebas a las que se someten hasta ahora los pilotos. Las primeras consecuencias de su acción llegaron pocos días  después, con la recomendación de la EASA adoptada por Bruselas de que las aerolíneas debían mantener al menos dos tripulantes en la cabina del avión en todo momento.

La inquietud tras el siniestro llevó también a otros organismos de seguridad aérea a reforzar los controles. La autoridad federal estadounidense para la aviación (FAA) creó un comité con la industria de aerolíneas y las comunidades médicas para realizar un estudio de la salud mental y emocional de los pilotos comerciales de EE UU.

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