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Donald Trump pide la dimisión de una juez del Tribunal Supremo

En unas declaraciones poco habituales, la magistrada Ruth Ginsburg acusó al candidato republicano de “fraude”

Donald Trump es el protagonista de un nuevo cruce de acusaciones, tan inusual como aparentemente insólito, entre un candidato a la presidencia y una juez del Tribunal Supremo. El aspirante republicano a la Casa Blanca ha pedido la dimisión de la juez Ruth Ginsburg, a la que calificó de “desgracia” para la Corte después de que ella le criticara abiertamente en tres entrevistas distintas.

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La juez Ruth Ginsburg en una conferencia el pasado mes de mayo. AP

Ginsburg, una de las magistradas más progresistas del Supremo, declaró en una conversación con CNN que Trump es un “fraude” y que “no tiene coherencia, dice lo primero que se le viene a la cabeza”. La juez, cuyo cargo es vitalicio, también aseguró que “los medios parecen ser muy amables” con él. “¿Cómo puede ser que se haya salido con la suya sin publicar sus declaraciones de impuestos?”, preguntó retóricamente en referencia a uno de los gestos casi obligados para cualquier candidato presidencial.

A pesar de que la juez no suele esconder sus opiniones en entrevistas y conferencias, es poco habitual que una persona en su cargo se pronuncie acerca de la carrera presidencial. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, acusó a Ginsburg de no ser "imparcial” en declaraciones a la cadena de televisión CNN y dijo que las palabras de la juez “están fuera de lugar”.

“¡Debe dimitir!”, dijo Trump en Twitter este martes por la noche, alegando que la mente de Ginsburg “no funciona bien”. En declaraciones a The New York Times, el candidato añadió que los comentarios de la juez eran “altamente inadecuados” y que es “una desgracia para la Corte”. Trump defiende que la juez “debe disculparse” y abandonar el Tribunal “cuanto antes”.

Días antes, Ginsburg había afirmado en una conversación con la agencia Associated Press que no quiere considerar la posibilidad de que Trump sea presidente y las consecuencias que su victoria puede tener para el Supremo. “Si ocurre, entonces todo quedará en el aire”, dijo. Lejos de retractarse en sus afirmaciones, la juez concedió una entrevista más, esta vez al Times, en la que fue aún más lejos.

“No me puedo imaginar lo que sería de este país si Donald Trump es nuestro presidente”, declaró Ginsburg. “Para el país serían cuatro años, pero para el Tribunal sería… no quiero ni considerarlo”. La juez, nombrada por el presidente Bill Clinton en 1993, hacía así referencia a un asunto que ha cobrado relevancia especial en estas elecciones: la suplencia de Antonin Scalia, fallecido el pasado mes de febrero.

Desde entonces, el Supremo cuenta solo con ocho jueces, lo que ha provocado varios empates en el último curso judicial y ha dejado sin resolver, por ejemplo, un asunto tan trascendental como la reforma migratoria de Obama. La vacante de Scalia aún no ha sido suplida porque la mayoría republicana en las dos Cámaras, con el respaldo de su candidato presidencial, ha bloqueado al juez nominado por el presidente Barack Obama.

El Partido Republicano aspira a poder elegir ese reemplazo y mantener la mayoría de magistrados conservadores en la Corte si gana su candidato en noviembre. En el caso de que venza la demócrata Hillary Clinton, sin embargo, ésta podría nombrar a jueces progresistas en sustitución de Scalia y de otros —como Ginsburg, de 83 años— que podrían retirarse en el plazo de su primer mandato.

Los jueces del Supremo no deben atenerse a un código de conducta específico que les impida hacer este tipo de declaraciones. Sin embargo, los abogados que defienden casos ante el Tribunal pueden solicitar que un magistrado sea recusado si consideran que hay un conflicto de intereses. Las palabras de Ginsburg cobrarían aún mayor relevancia en un futuro si cualquier caso relacionado con el empresario Trump llega a la máxima instancia judicial del país.

El pasado mes de mayo, Trump ya cuestionó la imparcialidad de un juez "por ser mexicano", alegando que esto le impediría ser imparcial en uno de los casos que tiene pendiente con la justicia y que está relacionado con un supuesto fraude en la universidad que lleva su nombre.

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