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La OTAN se prepara en Varsovia para “un mundo más peligroso”

Los gobernantes de los 28 países aliados inician una cumbre marcada por el 'Brexit'

Jens Stoltenberg comparece junto al presidente polaco, Andrzej Duda, la víspera de la cumbre.

Hasta hace apenas unos días, la OTAN creía tener diagnosticados todos los retos a los que se enfrenta. En el sur, la inestabilidad en África y Oriente Próximo contagia el fenómeno terrorista a muchos países aliados. En el este, la tensión con Rusia inquieta a los vecinos más próximos a Moscú. Pero la enorme resonancia que ha provocado un inesperado Brexit en pleno corazón de Europa está llamada a marcar, directa e indirectamente, la cumbre bienal que los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Alianza inician este viernes en Varsovia.

Al margen de las discusiones informales que puedan surgir entre los aliados, hay dos encuentros donde la ruptura de Reino Unido con sus socios europeos tendrá un papel protagonista. El primero es el que mantendrán esta mañana el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con los dos máximos exponentes de la UE, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el del Consejo Europeo, Donald Tusk. El líder estadounidense teme que la salida británica debilite los lazos entre Bruselas y Washington y quiere empezar a trabajar los diferentes escenarios. Aun así, la Administración Obama no da por amortizada la trayectoria de Reino Unido en el seno de la UE.

Los dos presidentes europeos se entrevistarán también con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Aunque la Alianza Atlántica ya había previsto estrechar la cooperación con la UE a partir de esta cumbre, el futuro abandono británico convierte ese objetivo en perentorio. Reino Unido es, junto con Francia, la gran potencia militar de la UE. Sin Londres en la familia europea, las dos organizaciones con sede en Bruselas deberán comunicarse mejor para no perder capacidad estratégica. “Ahora más que nunca, la UE debe ser un actor global de seguridad”, defienden fuentes diplomáticas comunitarias.

Contra el tráfico de migrantes

Para sellar ese compromiso, habrá un comunicado conjunto de la OTAN y la UE en el que por primera vez declararán su voluntad de trabajar de manera complementaria, con una lista de tareas para que cada organización asuma su parte. La mayor novedad consistirán en cooperar en una actividad de la que en principio recelaba la OTAN: la lucha contra las redes de tráfico de migrantes.

Tras el despliegue en febrero pasado de una misión de vigilancia en el mar Egeo, la Alianza está dispuesta ahora a extender ese modelo al Mediterráneo central e involucrarse en la operación Sofía que la UE comanda en las aguas cercanas a Libia para intentar frenar los flujos. Una vez sellada –prácticamente- la vía entre Turquía y Grecia, la ruta desde Libia constituye el principal canal de tráfico de migrantes hacia la UE. Más allá de esa misión, tanto la OTAN como la UE tienen en la cajonera grandes planes para ayudar a estabilizar ese país, desestructurado y ahora cuna del yihadismo. Pero el nuevo Gobierno de acuerdo nacional es aún demasiado débil para poder pactar proyectos concretos.

Junto a esos retos internos, los externos no dejan de crecer. “El mundo es hoy un lugar más peligroso que hace unos años”, resumió el jueves Stoltenberg en una comparecencia previa a la cumbre, que concluirá el sábado. La organización aún continúa pertrechándose para hacer frente a la amenaza rusa, que ha guiado la acción de la Alianza Atlántica durante los últimos dos años. En el flanco este, los gobernantes consagrarán una “presencia estable” de tropas, el eufemismo utilizado para evitar hablar de bases permanentes en el este de Europa, que la OTAN prometió a Rusia no instalar. Habrá cuatro batallones (aproximadamente 1.000 soldados cada uno) distribuidos en los tres países bálticos y en Polonia, país anfitrión de la cumbre y que ha presionado duramente para que la reunión pasara a la historia como la del refuerzo defensivo de la región del Este.

Los mayores retos, pese a todo, están al sur del Mediterráneo. Pese a la inestabilidad que reina en todo el vecindario de Siria y en el Sahel, la OTAN deja todo el campo de acción a la coalición internacional contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) que lidera Estados Unidos. El secretario general ha insistido en los últimos meses en que, concluida la gran misión de combate en Afganistán, la nueva estrategia aliada debe basarse en ayudar al desarrollo militar en esos países (por ejemplo, entrenando tropas). Pese al esfuerzo dialéctico que se hará estos días por convencer de que la atención prestada al sur es equivalente a la del este, el nivel de ambición es muy superior en las proximidades de la frontera con Rusia.