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Nigel Farage dimite como líder del partido eurófobo UKIP

El también eurodiputado asegura que ya ha hecho su parte tras el referéndum del 'Brexit'

Nigel Farage, líder del UKIP, este lunes en Londres.

Cumplida su misión, Nigel Farage pasa página. El eurodiputado británico acaba de anunciar que dimite de líder del eurófobo UKIP (Partido de la Independencia de Reino Unido), después de haber concluido su contribución a la causa de que Reino Unido abandone la Unión Europea. "Nunca he sido un político, ni he querido hacer de la política mi profesión. He estado en política con el objetivo de sacar a Reino Unido de la Unión Europea", ha asegurado en una conferencia de prensa en Londres. "Así que creo que lo correcto es que me haga a un lado como líder del UKIP".

Farage, que se ha destacado por sus duras posturas contra la inmigración y por el control de las fronteras, ha considerado que el partido se encuentra en un momento bastante bueno. “El UKIP está en una buena posición y continuará, con todo mi apoyo para atraer el voto”, ha dicho. “Vamos a abandonar la UE y los términos de la retirada no están claros. Si hay demasiada reincidencia por parte del Gobierno, y con el Partido Laborista alejado de muchos de sus votantes, entonces los mejores días del UKIP están aún por llegar”, ha explicado.

Conviene recordar que se trata de la tercera vez que Farage, de 53 años, dimite como líder del UKIP. Estuvo al frente del partido entre 2006 y 2009, y luego volvió tras las generales de 2010. Bajo su liderazgo el partido se convirtió en el más votado en las elecciones al Parlamento Europeo en 2014. En las generales de 2015, el UKIP se convertía en el tercer partido más respaldado, con el 12,6% de los votos. Pero la dispersión geográfica de su apoyo hizo que se tradujera solo en un escaño, el que obtuvo el tránsfuga tory Douglas Carswell. Farage se quedaba de nuevo, en el séptimo intento de su carrera, a las puertas del Parlamento. Tal como prometió durante la campaña, anuncio su dimisión al quedarse sin escaño. Pero a los pocos días, ante las peticiones de sus compañeros de partido, decidió rectificar y volver a liderar el partido. Su “desdimisión” fue objeto de mofa en la prensa británica.

Farage asegura que esta vez es la definitiva. “Durante el referéndum dije que quería nuestro país de vuelta… ahora quiero mi vida de vuelta”, ha dicho. Ha insistido en que convertirse en diputado ya no es su prioridad, pero ha querido dejar una puerta abierta a una eventual participación en la negociación de la separación de la UE, proceso en el que, ha dicho, puede tener “algo que aportar”. Entretanto, él y el resto de eurodiputados del UKIP seguirán en el Parlamento Europeo hasta que Reino Unido deje de pertenecer al club y sus puestos dejen de existir.

Si de algo no se puede acusar a Nigel Farage, de 53 años, es de falta de coherencia política. Su postura carece de matices. Ya cuando se graduó en la prestigiosa escuela privada de Dulwich College y se lanzó a buscar fortuna en la City, tenía su enemigo bien identificado: el proyecto europeo.

Él ha sido uno de los principales responsables de la victoria del Brexit. Aunque no estuvo en la campaña oficial por el Leave, apartado precisamente por sus radicales posturas contra la inmigración, sus argumentos por el control de las fronteras y contra lo que representa Bruselas han sido algunos de los argumentos que más han calado en un electorado cansado del establishment, de la burocracia y con miedo al de fuera. De hecho, fue su amenaza al Partido Conservador lo que llevó al primer ministro David Cameron a convocar un referéndum con la ilusión de zanjar para siempre el debate europeo.

De Farage también es el mérito de haber colocado en la primera línea del debate político británico el miedo a la inmigración que subyace en la Inglaterra media. Casado en segundas nupcias con una alemana y padre de cuatro hijos, encarna la caricatura del liberal anglosajón. Cuanto menos Estado, mejor. Y un supra Estado, ni en pintura. Para Farage la libertad individual es soberana, lo que le ha llevado a sostener posturas relajadas respecto a la legalización de las drogas o el matrimonio homosexual.

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